BAILES DE SALÓN

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Debe de ser Ramiro González un maestro en los bailes de salón. Hasta la raya que delimita el ecuador sacó a la pista a EH Bildu, grupo con el que los jeltzales y sus minoritarios aliados socialistas acordaron los dos primeros presupuestos alaveses. Como servidor integra el bando de quienes sujetan la barra del bar mientras el resto de los convidados mueve sus caderas ignoro el ritmo que danzaron dos formaciones unidas por un concepto más o menos común de país. Al PNV le gusta enseñorear su vertiente humanista que, en políticas sociales, podría emparentarle aparentemente con la izquierda. Y le encanta subrayar las distancias que le separan del ‘derechoso’ PP, menos de las que ambas formaciones airean en asuntos de economía.

Pero el duelo de los pactos por elevación se juega sobre campos simultáneos. En Madrid con el necesario apoyo peneuvista a las cuentas de Mariano Rajoy y en el Parlamento vasco por el efecto simétrico que ha de representar el respaldo de Alfonso Alonso a las de Euskadi. Así de ajustadas andan las aritméticas legislativas. Cuentan que Winston Churchill dejó dicho, toda frase ingeniosa se le atribuye a este ácido conservador, que la política reúne en el mismo lecho a amantes extraños. No tan raros cabría añadir en el caso de este viraje para que los números forales de 2018 lleven el sello ‘popular’ en vez de la tinta de EH Bildu.

Al margen de compañeros mutantes en función de circunstancias y conveniencias quiero fijarme una vez más en las distintas atmósferas que aíslan a la Diputación del Ayuntamiento vitoriano. Desconozco si es por el efecto calmante del parlamentarismo, pero insisto en un juego de palabras que he escrito con anterioridad. El balneario de aguas forales que representa el Palacio de la Provincia contrasta sustancialmente con el ring donde cruzan guantes y golpes bajos nuestros administradores municipales, al margen de las siglas gobernantes en cada mandato. Parece mentira que existan dos microclimas casi opuestos en apenas cuatrocientos metros de distancia. Quizá en el Consistorio deberían hacérselo mirar.

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