Miguel Gutiérrez: «Las aventuras nunca están exentas de peligro, pero merecen la pena»

Miguel Gutiérrez, ayer, con su libro en las manos. / RAFA GUTIÉRREZ
Miguel Gutiérrez, ayer, con su libro en las manos. / RAFA GUTIÉRREZ

Tras cinco viajes a los Andes, el aventurero, periodista y escritor vitoriano narra en su último libro la historia del reino perdido de Vilcabamba y los misterios que lo rodean

LAURA ALZOLA VITORIA.

Presidente de la sociedad geográfica La Exploradora y miembro de la asociación Africanista Manuel Iradier, Miguel Gutiérrez Garitano (Vitoria, 1977) lideró entre 2011 y 2016 cinco expediciones a la selva peruana en busca de las ciudades incas del reino perdido de Vilcabamba. Ahora, ha publicado el resultado. 'Vilcabamba: el reino escondido. La historia del mayor secreto de los Andes' (La Esfera de los Libros, 2017) es un relato a caballo entre la leyenda y la literatura de viajes. Un libro solidario, cuyos beneficios serán donados íntegramente a proyectos de cooperación, que narra en 576 páginas la historia del lugar, los descubrimientos de otros exploradores y las propias experiencias de Gutiérrez y su equipo.

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-¿Por qué merece Vilcabamba un libro?

-Porque fue el último reino amerindio fundado por los incas para resistir a los españoles, situado en una zona muy remota, donde éstos consiguieron aguantar cuatro décadas. Porque fue el último estertor de toda una civilización. Además, Vilcabamba desapareció de la historia completamente. Cuando Hiram Bingham descubrió Machu Picchu en 1911, él dijo que había encontrado la capital de Vilcabamba, del reino perdido. Ahora se sabe que no lo es, que lo que visitan los turistas hoy era un palacio a las afueras, una fortificación. Pero aún queda muchísimo por desentrañar.

-¿Qué le puso en la pista de esta historia?

-En los años 90 leí una noticia en un periódico sobre el viaje del explorador gallego Santiago Valle, que había descubierto unas ruinas en la zona. Esto despertó mi interés. Comencé a investigar sobre Vilcabamba y vi que tenía unas posibilidades literarias enormes. Desde entonces no he dejado de querer saber más.

-Lideró cinco expediciones a la selva peruana en busca de un reino perdido, ¿por qué volvió una y otra vez?

-Este libro es el resultado de muchos años casi obsesionado con el tema. He tenido que regresar tantas veces para saciar mi sed de conocimiento y porque no fue un territorio fácil de explorar. En 2011 nos pilló la temporada de lluvias y en los siguientes años nos las hemos tenido que ver con que es una zona conflictiva, en la que se esconde lo que queda del grupo paramilitar Sendero Luminoso, que ahora vive del narcotráfico.

-¿Dónde queda el miedo cuando uno viaja a lugares inexplorados, salvajes o de conflicto?

-Yo en Perú no pasé miedo, pero sí hubo momentos de bastante tensión. La naturaleza en sí misma es impredecible. Y, además, el ambiente era muy tenso en aquel valle. Quienes se dedican allí a sus negocios nos amenazaron veladamente. Bueno, y sin disimulo también. Un campesino nos siguió con su machete, de otro hombre que nos dio cobijo sospecho que era narcotraficante y que nos quería sacar de allí como fuera. En fin, la exploración, el viaje, la aventura, nunca está exenta de peligros. Pero, al final, merece la pena. En 2015, descubrimos unas ruinas que notificamos al Ministerio de Cultura peruano. Y unos restos que podrían demostrar un rito inca de sacrificio de niños a los dioses. Aún hay que completar las investigaciones, pero todo apunta a que es así.

De fantasía a realidad

-¿Es viajar acercarse a los demás o saciar la sed de aventura de uno mismo?

-Es verdad que cuando viajas sales de tu burbuja y conoces otras culturas. Pero yo soy más quijotesco. Lo mío nace leyendo, en la biblioteca, con mis temas y mis fantasías que después contrasto en el lugar real de los hechos.

-Vilcabamba queda a unos 80 kilómetros de Machu Picchu. ¿Qué opina del turismo masivo?

-Creo que se puede ser consumidor de turismo masivo de diferentes formas. Con un libro, documentado y con ganas de enterarte bien de lo que estás visitando. O puedes ir con la mente hueca a hacerte 'selfies' y que no pase de ahí. La democratización del viaje es positiva, siempre que no pierda el sentido.

-¿Qué es lo que más satisfacción le produce de contar historias?

-Es que no se hacer otra cosa. Me encanta contar estas historias y escribo los libros que me interesaría y divertiría leer.

-¿Qué lugares le quedan por explorar?

-Viajes no sé aún. Pero libros por escribir tengo cuatro. Uno sobre el Sahara Occidental, otro sobre Irak con el que estoy ahora, otro sobre un tema en Ecuador y el último, sobre la reciente exploración al Ártico. Con poder terminar con todo esto me doy por satisfecho.

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