Atribuyen al asesino confeso de Turiso tres ataques en Miranda para «crear una coartada»

La retirada del cadáver de la víctima, el pasado 3 de octubre en Miranda./Avelino Gómez
La retirada del cadáver de la víctima, el pasado 3 de octubre en Miranda. / Avelino Gómez

La Policía Nacional cree que el procesado por la muerte de Ana Belén, última victima mortal alavesa de la violencia machista, urdía un plan para desviar la atención

DAVID GONZÁLEZ

El viernes se cumplió el primer mes desde el crimen de la vitoriana Ana Belén Jiménez, vecina de 44 años de la pequeña localidad alavesa de Turiso, en el municipio de Lantarón. Su cuerpo apareció sin vida a doce kilómetros, en un Renault Scenic aparcado en la calle Río Ebro, en el barrio de Anduva en Miranda de Ebro. A las pocas horas, hacia las 16.15, su marido fue detenido por agentes de la Policía Nacional en la línea de montaje de la factoría vitoriana de Mercedes, donde hacía años que prestaba sus servicios. Al día siguiente, Agustín H. B., de 49 años, confesó su macabro crimen, autoría que deberá refrendarse en los tribunales.

Ahora, cuatro semanas después de los hechos, EL CORREO destapa datos inéditos de un caso que, según fuentes policiales, esconde más sombras que el presunto calentón de un machista con el peor desenlace posible. Los investigadores están convencidos de que Agustín hacía días que planeaba acabar con la vida de su compañera y madre de sus dos hijos. Y que incluso urdía un plan para desviar la atención de su autoría cuando llegara a cometerlo.

¿En qué se basan? Entre el 26 de septiembre y el día de autos, el 3 de octubre, tres personas fueron víctimas en Miranda de ataques calcados al sufrido por Ana Belén. Pero de consecuencias mucho más leves, eso sí. Aquellas denuncias coincidieron en el relato de lo ocurrido. Un desconocido les abordaba por la espalda, les daba un golpe en la cabeza con algún objeto contundente y se iba. Sin llevarse nada ni tocarles. Una víctima acabó ingresada en el hospital Txagorritxu, en Vitoria, con una fractura craneal. Semejantes episodios apuntaban a la existencia de algún perturbado, al que algunos ya apodaban ‘el loco del martillo’. Los tres casos se produjeron en el barrio de Anduva.

Fuentes policiales señalan que se evalúa la hipótesis de que el autor de estos asaltos fuera el propio Agustín. Según esta teoría, podía pretender valerse de esa supuesta oleada para enmascarar el asesinato de la que era su compañera sentimental desde casi dos décadas atrás. Es decir, hacer creer a su entorno y a las autoridades competentes que ‘el loco del martillo’ habría sido el responsable del crimen, lo que permitiría desviar el foco de su persona.

Un imprevisto cambia todo

Quienes investigan esta trama creen que algún imprevisto le obligó a saltarse el guión. Aunque vivían bajo el mismo techo, en un coqueto chalé de Turiso, la relación estaba totalmente rota y sin opciones de reconciliación. El fatídico martes 3 de octubre, apuntan los medios consultados, Agustín y Ana Belén mantuvieron una fuerte discusión. Ésta habría subido de tono hasta desembocar en la fatal agresión. Supuestamente, el ahora preso preventivo le asestó un golpe mortal en la cabeza con una pequeña maza en la cocina de la vivienda.

En vez de avisar a una ambulancia, habría limpiado la estancia lo mejor que pudo, aunque los investigadores hallaron restos de sangre durante el posterior registro. Se considera altamente probable que cogiera el Renault Scenic, con el cuerpo en los asientos traseros, y lo abandonara en la calle Río Ebro, en la zona de acción del supuesto desequilibrado en fechas anteriores.

Sin embargo, aquí surgen un par de detalles que desconciertan a la Policía Nacional y a la instancia judicial encargada del caso, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vitoria. Cerca del utilitario descubrieron unos guantes idénticos a los usados por cientos de trabajadores de la factoría vitoriana de Mercedes-Benz. ¿Un despiste o una evidencia dejada a posta para su incriminación?

Otra particularidad desconocida hasta la fecha. El cadáver de Ana Belén tenía un brazo que sobresalía por una ventanilla abierta. De nuevo, más preguntas. ¿Otro descuido producto de los nervios de su precipitada puesta en escena o una maniobra para que el cuerpo se descubriera lo antes posible?

Se supone que desde allí se dirigió a pie hasta un lavadero de coches de su propiedad, ubicado en la otra punta de Miranda. Cogió otro vehículo y puso rumbo a Vitoria donde, a las 14.00 horas, le tocaba entrar en el turno de tarde de Mercedes. Antes, como acostumbraba, almorzó un bocata de lomo con un compañero en un bar ubicado enfrente de la fábrica.

Sorpresa, pero ni una lágrima

Mostró sorpresa cuando los agentes aparecieron por la nave de montaje. No obstante, apostillan fuentes de la plantilla de la factoría, «faltaron las lágrimas, las muestras de pesar, sólo acertó a quedarse como extrañado». A partir de que le invitaran a dejar su puesto se cerró en banda. Ya no dijo nada. Ni siquiera cuando se produjo el primer registro de su chalé en Turiso. «Frialdad total», revelaron fuentes policiales. Las heridas en la cabeza de la asesinada llevaron a los agentes a buscar un hacha. Sin éxito. Durante esa primera inspección sí hallaron restos de lo que parecía sangre en la cocina, donde presuntamente ocurrieron los hechos.

Al día siguiente, el miércoles 4 de octubre, Agustín se derrumbó tras pasar su primera noche en la comisaría de la Policía Nacional en Miranda. Entre las revelaciones que se le atribuyen, sobresale la descripción de la presunta arma homicida. Una pequeña maza en vez del hacha. En el segundo registro, esta herramienta mortal apareció en una habitación donde se apilaban más instrumentos de bricolaje. El lavadero a su nombre también fue inspeccionado. Al igual que un todoterreno de su propiedad.

Con semejantes certezas y tras tomarle declaración, la titular de Violencia sobre la Mujer le envió de manera preventiva a la prisión de Álava el viernes 6 de octubre. El único sospechoso de este caso seguirá encerrado a la espera de que acabe la instrucción, de que la Fiscalía presente cargos en su contra y de que, a continuación, se le enjuicie -con jurado popular- en la Audiencia Provincial. Para ese escenario definitivo queda más de un año.

Por cierto, desde que Agustín fue detenido, recuerdan fuentes policiales, no se han vuelto a producir más ataques indiscriminados en el barrio mirandés de Anduva.

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