El asesino de la dueña del bar Bugatti limpió la escena del crimen pero dejó «una huella»

El acusado, durante una de las sesiones del juicio./D. G.
El acusado, durante una de las sesiones del juicio. / D. G.

Una amiga de Rosa declara que tras «vivir juntos», ella rompió con el único acusado al serle «infiel» y para «empezar de cero»

David González
DAVID GONZÁLEZ

Poco a poco, el cerco se estrecha sobre el único acusado del asesinato de Rosa, la que fuera dueña del bar Bugatti, ubicado en la calle Beato Tomás de Zumárraga y conocido por el tráfico de drogas. Ayer, en la tercera sesión del juicio por este asesinato cometido el 1 de noviembre de 2014, una buena amiga de la finada dibujó un panorama muy diferente al descrito dos días antes por el único encausado, Leo, dominicano de 48 años que el primer día habló de una relación «de contacto» y esporádica con la víctima. Esta testigo le contradijo en todo.

Según le confesó Rosa, dijo la testigo, la víctima y el procesado «vivieron juntos, primero en Judimendi y luego pasaron al piso de El Pilar», en referencia a la vivienda de la calle Guayaquil, donde apareció el cuerpo de Rosa. «Hubo otras, pero una infidelidad de Leo que acabó en embarazo» fue la gota que colmó el vaso de su relación de pareja sólida, compartió con la sala.

Temerosa del acusado, esta mujer reclamó sin éxito declarar protegida por un biombo. A tenor de sus palabras, ese miedo resulta entendible. «Rosa puso fin a la relación con Leo, él se fue con la chica embarazada». Hasta entonces, como ya dijeron antes vecinos del bloque, «tenía hasta la llave de la casa», extremo negado por el procesado.

Rosa, continuó su amiga, «le tenía miedo, le aconsejé que le denunciara pero no hizo caso». Cuando ambas quedaban, «él la llamaba continuamente hasta saber dónde estaba y aparecía». Con Leo ya fuera de la calle Guayaquil, la víctima empezó otra relación. La testigo citó, al menos, «dos discusiones» por los celos del encausado ante el nuevo camino adoptado por la víctima. «Le aconsejé cambiar la cerradura, lo hizo porque Leo tenía copia de las llaves». Fue diez días antes de perder la vida.

«Miró a cámara»

«Quería empezar de cero y no acabar en la cárcel, o eso me dijo», abundó la declarante. Y poner distancia con Leo. «Se sacó el carné y se compró un coche para no depender de él, y dio la entrada para abrir un bar de barrio, con horarios normales, en El Pilar», puntualizó. El Bugatti funcionaba las matinales de fin de semana.

Hubo también el primer turno para ertzainas participantes en la investigación. Uno de ellos dio dos claves. Según la grabación de las cámaras, Leo estuvo entre las «6.24 horas» y las «8.46 horas» en las cercanías del Bugatti la noche de autos. Dio a entender que para que le grabaran las cámaras de seguridad lejos del escenario del crimen. «Hasta miró a una cuando cogió un vaso de la acera y lo dejó junto al bar». La ropa que vestía ese mañana «jamás» ha aparecido.

También agregó que la escena del crimen «había sido limpiada» por el autor. A conciencia. Cuando peinaron la casa de la calle Guayaquil en busca de indicios, hallaron una evidencia. Bajo el fregadero, en un bote de jabón líquido había «una huella de agarre marcada con sangre». El rastro del asesino. La próxima semana, efectivos de la Policía Científica revelarán a quién pertenece.

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