El asesino confeso de Ana Belén prestará hoy declaración en el Juzgado de la Mujer en Vitoria

Dolor en la plaza de la Virgen Blanca en recuerdo de Ana Belén Jiménez. / Blanca Castillo

Al confirmarse que el crimen se produjo en Turiso, el proceso judicial pasa a la capital alavesa, donde hoy se podría decretar su ingreso en la cárcel de Álava

DAVID GONZÁLEZ VITORIA.

La Policía Nacional trasladará a lo largo de esta mañana hasta Vitoria a Agustín H. B., el asesino confeso de su mujer, Ana Belén Jiménez, tras pasar dos noches en la comisaría de Miranda de Ebro. La razón del movimiento es doble. Esta tarde expiran las 72 horas reglamentarias desde su detención, en la factoría vitoriana de Mercedes, a donde acudió tras acabar presuntamente con la vida de su pareja para no levantar sospechas. Antes de ese límite temporal, deben presentarse cargos contra el detenido o dejarle en libertad. La segunda causa, como ya adelantó ayer este periódico, es que el expediente pasa a un juzgado alavés tras revelar el propio sospechoso a los agentes que mató a su mujer en la cocina de su chalé en Turiso, en el municipio alavés de Lantarón, y que luego trasladó su cadáver a Miranda, donde fue hallado dentro de un coche en la mañana del martes.

Debido a sus claros lazos sentimentales -eran pareja aunque en trámites de separación-, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vitoria se hará cargo hoy del expediente. Su magistrada le interrogará a lo largo de la jornada. Al margen de lo que diga, su confesión previa en sede policial y la contundencia de las pruebas obtenidas hasta la fecha desembocarán casi con total seguridad en su ingreso inmediato en la prisión provincial de Álava. Permanecerá entre rejas hasta la celebración del juicio con jurado popular, que llegaría, como mínimo, dentro de un año.

Dos registros en 24 horas

Su autoinculpamiento en la mañana del miércoles, tras pasar su primera noche en el calabozo, cambió completamente la hoja de ruta de los investigadores. Hasta ese momento, el detenido había permanecido en un silencio absoluto. Fuentes policiales consultadas por EL CORREO recuerdan su «frialdad» cuando los agentes se presentaron en la línea de montaje bruto de Mercedes. Sólo cuatro horas después de que el cadáver de su mujer apareciera en el interior de un Renault Scenic de su propiedad en la calle Río Ebro de Miranda.

El presunto asesino estuvo presente en el registro del chalé en el que vivían juntos y en compañía de sus dos hijos. En esa primera inspección, los policías y la comisión judicial buscaron la que entonces se pensaba el arma homicida, un hacha. Pero descubrieron otro detalle fundamental; unas pequeñas manchas de lo que parecía sangre seca en la cocina. Tomaron muestras. De allí le trasladaron a los calabozos de la comisaría en Miranda.

A la mañana siguiente, deslizan medios policiales, Agustín se derrumbó. Quizá carcomido por la culpa. Nuevo registro al chalé de la tranquila localidad de Turiso, «conmocionada» por el macabro hecho. Este individuo reconoció que el crimen se produjo en la cocina, y que no se valió de un hacha sino de una maza. La posible arma homicida estaba colocada entre un sinfín de herramientas y utensilios de bricolaje en una caseta anexa. Fue requisada para tratar de hallar algún resto de sangre o de ADN de la víctima.

También confiscaron uno de sus coches, al que se le aplicará idéntico protocolo. La prioridad ahora de los servicios científicos de la Policía Nacional pasa por reconstruir las últimas horas de víctima y de verdugo. Sobre todo del segundo, quien -de probarse su autoría- demostró una espeluznante sangre fría el día de autos. Tras matarla, llevó el cuerpo a Miranda, donde lo abandonó en el Renault Scenic. Queda por definir si limpió el escenario del crimen antes o después de este paso.

Sin prisión permanente

Lo que está claro es que a las dos de la tarde, sólo una hora y media después de que se descubriera el cadáver de su compañera, accedió puntual a su puesto de trabajo. Entre sus compañeros llamó la atención un rasguño en su cara. Lo justificó por «un golpe con un árbol».

Tras su paso hoy por el Palacio de Justicia, la maquinaria judicial pondrá la directa si se aprecian indicios de su culpabilidad. Con el caso aún en secreto de sumario, varias partes aguardan su apertura para presentarse en la causa. Por ejemplo, la asociación Clara Campoamor, que intentará reclamar la prisión permanente revisable, una especie de condena perpetua. Fuentes judiciales, sin embargo, ya avisan de que «este caso no cumple con esos requisitos».

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