Artziniega, alma y corazón medieval

Un momento de la fiesta medieval en Artziniega./Sandra Espinosa
Un momento de la fiesta medieval en Artziniega. / Sandra Espinosa

Esta villa alavesa celebró la vigésima edición de la feria con una gran participación vecinal

MARTA PECIÑA

Artziniega recibió ayer a cambistas, juglares, realeza, peregrinos y pícaros que llegaron de los cuatro puntos cardinales. Todos quedaron satisfechos con el despliegue de viandas y entretenimientos de la villa medieval que llenó sus calles empedradas de gentes atraídas por el tañido de los cuernos de José Antonio Alaña, que se encargó de anunciar la feria. En las lides musicales le acompañaron tambores y gaitas cuyos ecos se repartieron por los valles circundantes.

La asociación etnográfica Artea se situó a la puerta de la fragua de Benjamín Respaldiza, que atizaba con ganas el fuego para moldear el hierro que aparecía reconvertido en llantas para una rueda de carro mientras Paqui Oficialdegi se dedicaba a tejer bolillos.

Un ejército tomó la Erdiko Plaza. Allí pasaron una jornada de lo más entretenida buscando renovar sus huestes con la juventud que se acercó a husmear por los alrededores atraída por las pruebas de destreza. Y claro, con un arco y una flecha en las manos, encontraron muchos adeptos para su causa. Para apaciguar los ánimos, la misma soldadesca protagonizó un baile cortesano porque no todo va a ser guerrear y asaltar ciudades. Al mediodía, se recogieron en sus tiendas para degustar una sabrosa marmita de alubias.

En Goikoplaza se concentraron los artesanos con la tradicional degustación de mermeladas, incluidas las de pepino y pimiento verde que complementaron a la perfección los dulces de las monjas agustinas. Las mujeres de Hiriska ofrecieron choripanes, txakoli y patxaran de la tierra mientras otros visitantes observaban la exposición de tocados medievales estuvo a cargo, una vez más, de Estíbaliz Cañibe.

Los artistas

Los pintores de la villa siguieron con la recreación de la 'Rendición de Breda', sólo que esperan que sea Gordexola quien sucumba y acabe por fin con los resaltos. El espectáculo de danza vertical de La Glo Circo dejó maravillado al público, que vio volar a cuatro mujeres en la torre del casco medieval en una coreografía de danza vertical. Entre tanto, Oscar Valenciaga, ataviado de afilador, se cuidó mucho de hacer sonar su flauta para no convocar a la lluvia pero sí afiló algún cuchillo como los que usó Antonio González en el despiece del cerdo.

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