Ardoaraba abre hoy sus carpas hasta el próximo sábado

Vitoria se convierte esta semana en la capital del vino. /Rafa Gutiérrez
Vitoria se convierte esta semana en la capital del vino. / Rafa Gutiérrez

Tres bodegueros reflexionan sobre el papel de la gran feria del vino alavés en un año «para olvidar» en el sector

JORGE BARBÓ

Con el sacacorchos en ristre, Ardoaraba empieza a llenar hoy la copa con la que busca embriagar a Vitoria a tragos de buen Rioja Alavesa durante todo el puente de la Constitución. La gran fiesta del vino del terruño arranca este mediodía, a las 12.30 horas, para hacer correr buen vino, pero también txakoli y sidra, que empaparán con pintxos, cazuelitas y menús de postín en los bares de la ciudad y, sobre todo, en las tres carpas ya dispuestas para la ocasión. Los entoldados de las plazas de la Provincia, Matxete y Fueros servirán a destajo tintos, blancos y lo que se tercie hasta el próximo sábado noche.

Entre las novedades que descorcha la duodécima edición del evento con más taninos del año se encuentra la transformación de la habitual carpa de la calle Bastiturri en un punto de información, donde se pueden comprar los habituales talonarios. Con 28 tickets, éstos mantienen su precio de 13 euros (por supuesto, con su copa de cristal incluida) y, como es habitual, también se pueden utilizar en la ruta de bares, con 82 locales de la ciudad adheridos a la iniciativa.

Las mesas y barras de Vitoria ya han preparado un menú con 238 propuestas gastronómicas entre las que, además de los pintxos y menús especiales (de 19, 29 y 49 euros), este año se suma una amplia oferta de cazuelitas. Y en la plaza de los Fueros se podrá degustar lo mejor de la buena mesa alavesa en el ‘txoko gastronómico’ que, junto al frontón, albergará presentaciones de vinos, cocina en vivo y actividades infantiles.

Catas en palacios

En esta ocasión, además de las carpas y los bares, también se podrá disfrutar de los mejores vinos de Rioja Alavesa en otros escenarios, en absoluto habituales. Los palacios de Montehermoso, Villasuso y Bendaña (que alberga el Bibat), así como el Artium, acogerán catas -la primera hoy, a las 18.00 horas, en el museo- a cargo de bodegas como Mitarte, Eguren Ugarte, Pascual Berganzo o Arabako Txakolina.

Son parte de los 52 productores que recalarán en la capital alavesa, entre ellos 17 bodegas de Rioja Alavesa para las que Ardoaraba supone un gran escaparate. Precisamente para pulsar sus expectativas de cara a al gran evento del vino en Vitoria, este periódico compartió una mañana con tres bodegueros mientras preparaban las botellas que descorcharán estos días en una fiesta en la que, en el fondo, hay más bien poco que celebrar. La cosecha de este año «ha sido excelente de calidad», coinciden todos ellos, «pero muy escasa». «Este ha sido un año para olvidar», descubre uno. Y para olvidar, nada mejor que alzar la copa, brindar y beber.

La reflexión de los tres bodegueros

«Tendrían que participar muchas más bodegas» Pablo Martínez Urigüen, de Eguren Ugarte

El enólogo, retratado en las laberínticas entrañas de Eguren Ugarte. :: reportaje fotográfico.
El enólogo, retratado en las laberínticas entrañas de Eguren Ugarte. :: reportaje fotográfico. / Rafa Gutiérrez

Allí abajo, en las laberínticas entrañas de la bodega recibe el enólogo Pablo Martínez Urigüen, quizás la nariz y el paladar más valioso de Eguren Ugarte, una de las casas referenciales que acostumbran a acudir a la llamada de Ardoaraba. Él es un firme defensor de la democratización del mundo del vino. Por eso se muestra convencido de que su bodega tiene que estar en un evento tan masivo, tan popular «que nos permite mantener la cercanía con el consumidor».

«Creo que el error que durante mucho tiempo se ha cometido desde el sector ha sido alejarse del público, parecer inaccesible: el vino es para beber y disfrutar, ni es para guardar ni para presumir», razona, apasionado, el experto.

Para Martínez Urigüen, Ardoaraba debería aspirar «a ser más grande». «Quizás el escaparate se ha quedado pequeño: desde fuera se percibe como algo muy local, de poca importancia, así que habría que darle más repercusión y yo creo que sería bueno que más bodegas se sumaran. Habría que convencer a los que no quieren venir de que es necesario acercarse al consumidor y desmitificar el vino, acercarlo porque, al final, -reflexiona- todo lo que sea dar a conocer nuestro mundo es bueno». «Tendríamos que entender que nuestra competencia no está en las otras bodegas, sino en la cerveza», remacha.

En este sentido, el director técnico de Eguren Ugarte llama a atraer a los nuevos públicos con vinos «más fáciles de beber» como los tres jóvenes que llevarán a la feria, que, a su juicio, suponen «la entrada a otro tipo de productos, más complejos». «En los últimos años se está percibiendo un aumento, diría que exponencial, en el consumo de vino blanco y eso es muy positivo para nosotros», evidencia.

Sobre la cosecha, el enólogo reconoce que «éste ha sido un año para olvidar». «Ha venido una cosecha muy buena, pero corta. Creo que nadie ha conocido un año tan caótico y tan complicado». Pero como en el gremio siempre encuentran razones para brindar, hasta en la adversidad, se consuela al vaticinar que «los de este año van a ser vinos muy potentes, muy afrutados y muy sanos».

«Nos permite estar en contacto con los clientes» Txema Hernández, de Arabarte

Hernández, entre las cepas desnudas del viñedo, en Villabuena.
Hernández, entre las cepas desnudas del viñedo, en Villabuena. / R. Gutiérrez

«Ardoaraba fue un éxito total ya en la primera edición y cada año va a mejor. Se ha consolidado como la feria de referencia de Rioja Alavesa», asegura Txema Hernández. Y sabe bien lo que dice. La suya es una de las bodegas ‘fijas’ en el sarao con más taninos del año. Los de Arabarte, que hunden sus raíces en Villabuena, no han dejado de servir copas en una fiesta que el director comercial de la bodega considera como «un buen escaparate». «Es una oportunidad estupenda por fechas, porque siempre viene gente de fuera, pero también porque te permite estar en contacto con los hosteleros, con tus clientes», asegura.

Entre las cepas desnudas, con la bodega de fondo, Hernández es muy consciente de que no todas las bodegas del entorno tienen la misma percepción del evento. «Puede ser que algunas lo vean como algo demasiado popular, pero para los más humildes, como nosotros, éstos son días de fiesta, de pasarlo bien y de estrechar relaciones», asegura. Parece que esa cercanía con los consumidores se acaba acodando a la barra hasta tal punto que el directivo ejerce de «camarero, sirviendo vinos y eso es lo bonito: tener la oportunidad de ser tú mismo quien pueda explicar tu producto a la gente».

El pasado año, casi 100.000 personas se acercaron hasta Ardoaraba y, en este sentido, Hernández se muestra escéptico sobre las posibilidades del evento de llegar a todavía más gente. «Es que Vitoria da para lo que da, no estoy seguro de que si vinieran más bodegas habría más público», duda.

«Subirá el precio»

A partir de hoy descorcharán los tintos jóvenes, el crianza y el vino de autor de la casa. «Aquí se ha vendido muchísimo vino de año para la gente de cierta edad, pero ahora los jóvenes beben muchísimo menos vino, pero beben mucho mejor», observa Hernández, que apunta a una «caída en el consumo de vino joven año tras año», al tiempo que se felicita porque «por fin hayamos espabilado y en Vitoria ya se consume mayoritariamente Rioja Alavesa».

Sobre la cosecha, el representante de Arabarte señala que «ha venido excelente, la calidad es una pasada, pero -reconoce- de cantidad ha venido muy mermada, lo que va a repercutir en una subida del precio del vino». Pura ley de oferta y demanda.

«Es un escaparate magnífico para las bodegas pequeñas» Iñaki y Aitor Mata Pérez, de Bodega El Otero

Los hermanos Mata Pérez, en su pequeña bodega de Labastida.
Los hermanos Mata Pérez, en su pequeña bodega de Labastida. / R. Gutiérrez

Reciben con la hospitalidad propia de la tierra: con la chimenea crepitando y a mesa puesta, lista para almorzar. Los hermanos Mata Pérez, patrones, trabajadores, comerciales «y lo que se tercie» de la bodega El Otero, comenzaron a embotellar su vino en 2014 -«el 13 del 12 del 14», puntualiza Aitor-, tras dar un salto lateral en sus carreras profesionales y descorchar una idea que llevaban macerando durante mucho tiempo: retomar el negocio familiar que lleva echando brotes durante generaciones en Labastida y pasar de vender vino a granel para las bodegas a comercializar el suyo propio, ese Aimarez que han hecho llegar, con empeño, hasta Holanda.

«Dos caras»

«No ha sido nada fácil, de hecho es muy duro, pero si haces las cosas con cariño y empeño, acaban saliendo», resuelve de un trago Iñaki, que saca pecho de sus vinos de año, un cien por cien viura y un tinto de maceración carbónica «igual al que se ha bebido aquí, en Labastida, toda la vida». «En nuestra bodega, los protagonistas no somos nosotros ni lo que hacemos, sólo la calidad de nuestras uvas», sostienen.

Lo suyo con Ardoaraba tiene algo de pequeño sueño de bajos vuelos hecho realidad. «Antes de empezar con la bodega, cuando íbamos a las carpas como público, siempre nos veíamos ahí, vendiendo nuestros vinos», aseguran. «Es que es un magnífico escaparate para las bodegas pequeñas como nosotros, nos permite tener visibilidad en el mercado», abundan los bodegueros, que han detectado en la gran fiesta del vino alavés «dos caras». «Por la mañana viene un público más interesado en el vino, tienes tiempo para explicar cómo funciones y por la noche el ambiente es más de batalla», reconocen.

«Pero aún así, es importante estar ahí porque así, con una fiesta tan popular, se consigue hacer cultura del vino», razonan los hermanos, que creen que la fiesta debería poner su punto de mira en el público guipuzcoano. «En Bilbao no termina de cuajar el Rioja Alavesa», sostienen.

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