ALAVÉS DE JULIO

El apóstol del swing

Iñaki Añúa se siente «ante todo y sobre todo» un aficionado al jazz. / Igor Aizpuru

EL CORREO reconoce la labor de Iñaki Añúa en favor de la cultura alavesa, por sus 39 años al frente del Festival de Jazz de Vitoria

Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

Cuando el gran saxofonista James Moody se casó con Linda Petersen McGowan, allá por finales de los 80, selló su compromiso con el disco 'Sweet and Lovely'. A diferencia de sus dos bodas previas, nunca hubo divorcio. Cuando Iñaki Añúa se embarcó en la incierta aventura de organizar el Festival de Jazz de Vitoria, era el final de los 70 y esa larga relación sigue viva. Y el sentido del deber de este apóstol del swing y precursor del bebop y el blues se plasmó en música, cuando el trompetista Wynton Marsalis compuso 'Iñaki's Decision' ('La decisión de Iñaki') dentro de su 'Vitoria Suite'.

Esa resolución le llevó a empuñar un timón que sujeta desde hace 39 de sus 74 años -que, por cierto, cumplió el 21 de junio, el Día Internacional de la Música-, para mantener el rumbo del festival. Recién terminada la XLI edición, EL CORREO ha querido distinguir como Alavés del Mes de julio a Iñaki Añúa, por su labor al frente de la cita jazzística que se encuentra entre las más prestigiosas de Europa y del mundo. Y que es responsable en buena medida de que el nombre de Vitoria haya llegado a numerosos rincones del globo.

Hagamos memoria. La Diputación, con Perico Sancristóval, y la Caja de Ahorros Provincial de Álava apadrinaron las dos primeras incursiones del jazz en la ciudad. Las cuentas no convencían a la institución de ahorros y desde allí propusieron a Añúa -que había organizado una exitosa y rentable actuación en dúo en el Principal- que se hiciera cargo. Él se dedicaba a «mi negocio: vender televisores, equipos de alta fidelidad y discos. Entonces, dijeron una frase que fue la que realmente me decidió: 'Si no lo haces tú, el festival desaparece'».

Ha conseguido subir al escenario de su ciudad a prácticamente todos los grandes del género

Una oferta que no podía rechazar. «Tuve que decir que sí. Fue mi corazoncito de aficionado al jazz, que es lo que soy ante todo y sobre todo», ha subrayado quien considera que «el jazz, ante todo, es una cuestión de sensibilidades». Desde aquellos heroicos tiempos de 1979, Añúa ha tenido relación con otros ámbitos culturales, como la Semana de Música Antigua, el Teatro Principal o el proyecto de auditorio en Lakua. Pero ha sido el Festival de Jazz lo que ha centrado los esfuerzos de quien ha construido veladas y encuentros memorables con cabeza de promotor y corazón de fan de la música nacida en Nueva Orleans.

Escaparate de estrellas

El festival ha unido sobre el escenario a Chick Corea y Tete Montoliu, a Paco de Lucía y Marcus Roberts, a Pat Metheny y Perico Sambeat, a Béla Fleck y Kepa Junkera, a Chucho Valdés y su padre Bebo... O, a través de 'Konexioa', ha enlazado a artistas vascos y foráneos en sesiones irrepetibles: a Agustín Guereñu y Lou Marini, a Iñaki Salvador y Helio Alves, a Gorka Benítez y Ben Monder o a Gonzalo Tejada e Ingrid Jensen, entre otros.

Ahí está también un listado con prácticamente todos los grandes de esta música, que han sonado en Vitoria. Desde Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan a Oscar Peterson o Dizzy Gillespie, desde Miles Davis o Jaco Pastorius a Ornette Coleman o Ray Brown, desde Charlie Haden o Bill Frisell a Legends o los Brecker Brothers, desde Wayne Shorter o McCoy Tyner a Wynton Marsalis o Sonny Rollins. Un sinfín de nombres que son historia de la música universal y que -aunque no sean estrictamente jazzeros como Solomon Burke, Enrique Morente, Chuck Berry o Compay Segundo- han estado en la ciudad gracias a este ciclo dirigido por Añúa.

Pero también, como recuerda el bajista Richard Bona, Vitoria ha exportado lo suyo. «Una de las mejores comidas del mundo. Iñaki (Añúa) me llevaba a ese restaurante que en cierta época eran caballerizas. Recuerdo la cultura gastronómica del País Vasco, que me encantó».

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