6 años de cárcel por venta de drogas para el presunto asesino de la dueña del Bugatti

Víctima y presunto asesino regentaron el Bugatti./Kristian Ezcurra
Víctima y presunto asesino regentaron el Bugatti. / Kristian Ezcurra

El juicio por el asesinato de Rosa se celebrará el próximo invierno

DAVID GONZÁLEZ

Se espera el juicio para el próximo invierno. Tres años después de que Leo A, un dominicano de 48 años y con otras dos identidades distintas, presuntamente asesinara a sangre fría a Rosa, la que fuera su pareja intermitente y su «socia» en el controvertido bar Bugatti, ubicado en Vitoria. Este local figuraba en el radar de la Ertzaintza y de la Policía Local como «punto de venta de cocaína y hachís». Ahora, otro proceso previo contra este sujeto, celebrado en la Audiencia Provincial de Álava, ha probado esa versión. Al tiempo que ha aportado nuevas y sorprendentes revelaciones sobre este crimen aún sin resolver judicialmente.

Esa causa previa, celebrada recientemente y a cuya sentencia ha tenido acceso EL CORREO, se ha saldado con una pena de seis años y un día de cárcel para Leo, que permanece en prisión preventiva desde el asesinato de su expareja. Asimismo, la máxima autoridad judicial de la provincia ordena en este fallo el decomiso de los «258.521,89 euros» hallados en las cuentas corrientes de Rosa. Los tres magistrados consideran probado que ese dinero llegó de la venta a pie de barra de cocaína y de hachís.

El Bugatti, emplazado en la calle Beato Tomás de Zumárraga, sólo subía la persiana los fines de semana y permanece cerrado desde aquella fatídica madrugada del 1 de noviembre de 2014. Por cierto, este fallo judicial ha sido recurrido por la defensa del supuesto asesino y traficante, quien siempre ha negado su autoría en los hechos.

En 2011, como manifestó ante la sala, Leo traspasó el Bugatti a Rosa porque «el negocio no iba bien». Oficialmente permaneció en nómina como «portero» y «encargado de mantener el orden». Antes de iniciar esta aventura empresarial, la asesinada tenía un saldo medio de «50 euros en sus cuentas», según la investigación judicial. A los pocos meses de ponerse detrás de la barra, sus depósitos se expandieron a un ritmo milagroso. En 2012 superaban «los 286.000 euros de media». Los ingresos, remarca la sentencia, se hacían «vía cajero automático».

Tan boyante situación chocaba con sus rendimientos fiscales -tuvo algún problema con la Hacienda foral- y a que no se le conociera «una fuente legal que los justifique». En este sentido, la Audiencia concluye que queda «acreditado» que Rosa y Leo vendían «droga a sus clientes». Hasta ocho testigos diferentes lo corroboraron. Despachaban ‘coca’ a treinta euros el medio gramo.

«Un desacuerdo»

«Los beneficios del negocio ilícito eran manejados por Rosa, pero procedían de la actividad de los dos, en la que el acusado se mostraba incluso más diligente», asegura el texto legal. Y es que el ahora preso solía encargarse de la venta. Aunque él negó ese cometido y habló de una sustancia «inocua que le proporcionaba una chica musulmana que no identificó». Para los jueces se trata de una excusa peregrina. «Los compradores podían estar muy afectados, estar drogados para entonces, pero además debían ser memos para no distinguir si lo que esnifaban era o no cocaína, para adquirir con regularidad, a 30 euros el medio gramo, una sustancia inofensiva».

También conocido como Rafa entre su clientela, Leo se enfrentará en invierno a una petición fiscal de veinte años a la sombra. La vista se celebrará con jurado popular dada su idilio de ida y vuelta. El asesinato se cometió la madrugada del 1 de noviembre en el piso de ella, en la calle Guayaquil. Hasta el día 3 no fue encontrado el cuerpo. Efectivos de la SICTA (acrónimo de la Sección de Investigación Criminal Territorial de Álava, una unidad especializada de la Ertzaintza) le situaron en la escena del crimen gracias al ADN y a la geolocalización de su móvil.

Para fabricarse una falsa coartada, cogió su coche y se saltó el semáforo con radar de la calle México, a más de medio kilómetro del lugar donde ocurrió el asesinato. También Hizo desaparecer su ropa usada aquel día. Pero quedaba un cabo por atar. ¿Por qué la mató? Fuentes conocedoras del caso miran al Bugatti. «Aparte de sus malos rollos sentimentales, pudo haber un desacuerdo por su negocio ilegal».

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