Alerta por nuevos robos de campanas en pueblos de Álava

Espadaña sin campanas de San Pedro de Zuazo de Kuartango. /L. O. Z.
Espadaña sin campanas de San Pedro de Zuazo de Kuartango. / L. O. Z.

Tras la sustracción en Quejana, los ladrones han dejado vacíos los campanarios de Morillas y de Zuazo de Kuartango, situados en zonas aisladas de las aldeas

Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

En mayo fueron las enormes campanas de bronce de la espadaña gótica de Quejana y esta semana han sido las de Morillas y Zuazo de Kuartango. En total 7 grandes esquilas han desaparecido de tres torres alavesas en los últimos tres meses. Estos robos han creado una honda preocupación en muchos pueblos. «Es sangrante y nos duele mucho a los vecinos. Las campanas son muy importantes en los pueblos y simbolizan que todavía siguen vivos. Nos avisan de las cosas importantes», señala Maite Zulueta, residente en Kuartango.

El pasado lunes los vecinos de Zuazo de Kuartango detectaron que su típica espadaña exenta, situada a poca altura del suelo, se encontraba sin sus campanas. El sábado anterior habían sonado por última vez. Su especial ubicación, un poco alejada de las casas, en un alto, fue el principal reclamo de los ladrones. Dejaron la madera y los badajos, de lo que se deduce que van destinadas a la fundición. La aleación metal que se usa mezcla de bronce y estaño es muy apreciada. Durante siglos se han utilizado para hacer cañones.

Una semana antes, la iglesia de San Pedro de Morillas (localidad de Ribera Alta) también fue visitada por los amigos de lo ajeno. La especial ubicación en este caso favoreció el delito. El templo se halla en una ladera del monte alejado de los caseríos y completamente solitario. Durante las Guerras Carlistas fue utilizado como observatorio y fuerte ya que ofrece unas perfectas vistas sobre el Portillo de Techa que da paso a Kuartango y sobre Subijana, el pueblo que está al otro lado del río Bayas.

Cerrada al culto

La torre, en este caso, sobresale muy poco de la iglesia que se encuentra cerrada al culto desde hace mucho tiempo por el derrumbe del pórtico. Se pensaba rehabilitar la iglesia en septiembre.

Al parecer, los ladrones actuaron el martes de la semana pasada. Pudieron moverse con absoluta tranquilidad porque se subieron a la torre y desde allí desmontaron tres esquilas y las lanzaron al suelo. El pasado mes de mayo dos mujeres y un hombre fueron sorprendidos a las diez de la noche en la zona vallada de la iglesia pese a estar prohibido. La Ertzaintza les tomó la matrícula.

«Como no pongan alarmas o una vigilancia especial, las campanas de los pueblos van a caer una tras otra. Hay poca gente viviendo en la zona rural y es mayor. Y los ladrones van a ir siempre a lo más facil», señala Maite Zulueta.

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