Más de dos mil alaveses acuden al servicio de mediación familiar para resolver sus conflictos

Los problemas de pareja también llegan al servicio/Iosu Onandia
Los problemas de pareja también llegan al servicio / Iosu Onandia

Cuatro trabajadores sociales, psicólogos y juristas arbitran estos acuerdos entre familias y parejas

JUDITH ROMERO

Pactar un régimen de custodia, distribuir las vacaciones de verano de los niños o hacer frente a una separación de bienes son decisiones dolorosas que conviene tomar desde la calma, la reflexión y el acuerdo entre todas las partes implicadas. Pero cuando este objetivo parece inalcanzable o la conversación se ve contaminada por otros asuntos domésticos, el Servicio de Mediación Familiar puede ayudar a sentar las bases de pactos que cambian vidas. Este espacio neutral gestionado por el Gobierno vasco abrió sus puertas en 2012 en Álava, pero anteriormente Vitoria contó con un servicio municipal en la calle Mateo Moraza.

El 77,6% de las intervenciones llevadas a cabo por los alaveses en 2016 terminaron en acuerdo. Sus buenos resultados unidos al deseo de dejar atrás viejas rencillas atrajeron a 2.016 personas al servicio solo durante el año pasado. «Hay quien viene para hacer terapia de pareja, pero esa no es nuestra función», señala Asier Bilbao, uno de los mediadores que desempeña su labor en el local de Santa Olaja de Acero. Algunos usuarios llegan tras recibir recomendaciones desde centros cívicos, trabajadores sociales o Juzgados de Paz, pero la fase de premediación determina si son aptos para el proceso. «Un alto porcentaje ya ha iniciado los trámites de separación antes de llegar aquí», explica su compañera Nagore Cadierno.

Los datos

Más de tres de cada cuatro de las 453 intervenciones llevadas a cabo entre los alaveses el año pasado terminaron en acuerdo. Se abrieron un total de 152 expedientes de premediación.

Estos profesionales del trabajo social, la psicología o el derecho destacan que, aunque algunos usuarios tienen claros los compromisos que quieren alcanzar en las sesiones desde el principio, en otras ocasiones cada miembro de la familia tiene necesidades muy diferentes. Los recién llegados establecen una agenda con los temas a tratar desde la primera sesión, algo que puede resultar incómodo. «Hay quien se entera de que su cónyuge quiere el divorcio aquí mismo, todas las cartas quedan sobre la mesa», señala Bilbao. Pero lejos de proponer soluciones o plantear juicios de valor, su labor es fomentar una negociación saludable que tenga en consideración las necesidades de todas las partes. «Ofrecemos una reflexión incluso cuando ambos están de acuerdo: debemos confirmar que lo acordado significa lo mismo para los dos», subraya Ane Collado.

Recuperar el contacto

Las cajas de kleenex, los folios, los bolígrafos y las calculadoras con los que planificar nuevas etapas de la vida no faltan en las mesas de las discretas habitaciones blancas, y es que parte de quienes se acercan a estas oficinas lo hacen para evitar elevar su disputa al plano de los procedimientos contenciosos. «Suponen un gran desgaste físico y emocional y, a veces, tampoco resuelven todos los temas a tratar», apunta Bilbao, quien afirma que hay familias que sólo se acercan a la mediación años después de haber pasado por el juzgado. Las familias enfrentadas por herencias y los padres y madres que no consiguen lidiar con sus hijos adolescentes también son potenciales usuarios. En otras ocasiones, los conflictos que parecen puntuales esconden historias de toda una vida. «Nos visitan hermanos que llevan años sin hablarse y sólo quieren decidir cómo van a hacerse cargo de sus padres, pero otros se esfuerzan en recuperar un vínculo perdido hace décadas». Y aunque las dos partes no siempre comparten los objetivos, las sesiones continúan siempre y cuando el mediador aprecia que hay algún avance. «Aunque sea mínimo», afirma Cadierno.

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