Aguas mayores

Aguas mayores
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Al margen de cuantos se mueven en los extremos de la cuerda, y con ello me refiero a arriesgados y 'segurolas', supongo que a todos nos apetecen miajas de sorpresa en distintos grados. Pero cuando la excepción meteorológica, léase fresco ambiental y agua a mansalva entre los meses 'primaverales' de mayo y junio, se convierte en una norma monótona y gris invaden las ganas de mandar el firmamento a que caiga definitivamente sobre las cabezas de los pobladores de la aldea gala de Astérix. Y de Obélix, claro, hombre de extenso tórax. Hay gente a la que el refranero le parece una ciénaga estancada, pero esas sentencias pedestres suelen encerrar verdades irrebatibles por el peso específico de la lógica. Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, cuenta el dicho popular. Así que aún nos quedan ocho días para quitarnos la gabardina y pisarla con mala leche.

En los cinco primeros meses del año ha caído el 60% del agua prevista para todo 2018. Suena a números macroeconómicos que, traducidos al lenguaje de la calle o las charlas de barra de bar, vienen a conformar que está cayendo la de Dios. Y aquí dan igual las ideologías o tendencias políticas. Mira uno la página meteorológica de Euskadi o la de España y se le quedan los (puntos suspensivos) pasados por agua. La sucesión de los días de la semana encapotados por txapelas de las que caen lágrimas se asemeja a la cuenta del mambo. Por una vez y sin que sirva de precipitante, o sí, las previsiones no conocen de mugas ni entienden de disyuntivas. O llueve o vuelve a llover.

Que me perdonen los guardianes de las esencias relativas a la perspectiva de género, pero mirar el cielo y ver cómo nos humedece las testas es ya un verdadero coñazo. O toca los cojones desde una vertiente paritaria. Ahora recuerdo la apertura de las piscinas el pasado fin de semana y me entra esa risa floja que suele desembocar en orina. Aguas menores, al fin y al cabo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos