Las acartonadas cajas de la fraternidad

La colecta anual alivia a 1.500 familias alavesas miradas por la vida con los ojos del tuerto

Recogida de alimentos realizada ayer y el viernes./B. Castillo
Recogida de alimentos realizada ayer y el viernes. / B. Castillo
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

No me sorprende en absoluto que predominen las mujeres dentro del ejército civil formado por la gente voluntariosa que forma filas en el Banco de Alimentos. El bueno, para entendernos, el que renuncia al cobro de comisiones y transferencias o por el mantenimiento de la libreta. El que encarna una tropa armada, en todo caso, de las cajas acartonadas de la fraternidad. Me refiero a esos contenedores donde el solidario -y acreditado- carácter alavés deposita productos básicos que nutren a 1.500 familias miradas por la vida con los ojos del tuerto. Reconforta ver cómo esos embalajes van adquiriendo peso gracias a los ofrecimientos de personas que los entregan nada más abonarlos a las encargadas de pasar los códigos de barras en el supermercado. Da gusto contemplar el orden impecable con el que las mujeres vinculadas a la causa alinean aceite, leche, botes de legumbres y verduras o montan pisos con los paquetes de arroz y pasta y los voluminosos pañales.

«Sí, solemos ser más mujeres que hombres. Ojo, que también los hay, desde luego. El año pasado estuvo mi chico, pero hoy le tocaba trabajar», me comenta una de ellas el viernes al mediodía. Están contentas de cómo va respondiendo una clientela integrada por consumidoras que les acercan paquetes después de haber metido la compra propia en las bolsas. Las voluntarias visten un peto azul para distinguirse y también a modo de reclamo, como despertador de sensibilidades. Parece que fueran a calentar por la banda antes de incorporarse al terreno de un juego muy serio, pero cubren turnos junto a las cajas registradoras en una labor de captación para rascar pieles de manera imaginaria en busca de las vísceras y las entrañas humanas. Reconcilia el hecho de aportar algo, que también puede hacerse mediante aportaciones económicas específicas para el Banco de Alimentos en el momento de pagar la compra. Aunque los detractores reprochen la virtud teologal de la caridad y algunos tratemos de blanquearnos la conciencia como en un ejercicio dental, todos queremos pensar que cualquier ayuda suma y multiplica, que ninguna resta y divide. Vayan a montar un debate ético a quienes les braman las tripas o maldicen la vulnerabilidad infantil en el rostro de sus hijos.

En los hogares de la necesidad, la 'Nochebuena' significa una fecha ajena y extraña

Los contrastes reposan en estanterías cercanas. La vida en sí misma se alimenta de contradicciones, sólo que algunas entran por el sentido de la vista y se alojan dentro del alma. A escasa distancia de las cajas acartonadas donde se atiende la gran recogida anual del Banco de Alimentos lucen los señuelos de turrones y otros típicos dulces navideños. Esos postres que comemos a finales de diciembre tras atiborrarnos de entrantes y platos principales raros de masticar el resto del año avivan tentaciones mientras las mujeres del peto azul velan por los de primera necesidad. Aquellos destinados a familias para las que Nochebuena significa una fecha ajena y extraña, víspera de fiesta mayor pintada de rojo en el calendario para otros hogares.

Confío en que las previsiones de esta admirable colecta alimentaria se hayan cumplido y hasta rebasado por el efecto elevador de la artillería pacífica. Lo escribo porque quizá el temporal ha descubierto su lengua burlona a unos promotores que este año postergaron una semana la cita para no coincidir con el 'black friday' de importación estadounidense y precios a la baja. Que la nieve otorgará un tono bucólico, esquiador y pastoril, pero retrae a la gente por las incomodidades que acarrea y el riesgo de acabar como consecuencia de una caída en la consulta del traumatólogo. Y tal vez causara una afluencia menor de la deseable a los 88 supermercados repartidos distribuidos por Vitoria, Llodio, Amurrio, Salvatierra, Araia y Santa Cruz de Campezo. Que la nieve se ve muy bonita metido en casa, con una mano sobre el radiador y la otra descorriendo la cortina para admirar la belleza de una postal prenavideña. Y no les cuento si añaden a esa imagen algo de la merienda que algunas personas, beneficiarias a su pesar del Banco de Alimentos, no tienen que llevarse a la boca.

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