Abetxuko: salida digna a un fracaso colectivo

Oskar González, en primer plano, en una marcha vecinal.
Oskar González, en primer plano, en una marcha vecinal. / I. O.
TRIBUNA

Oskar González, presidente de la asociación vecinal Uribe Nogales: «Nos sentimos orgullosos de haber sido un barrio-pueblo que se ha movilizado en la creencia de que lo que estaba en juego era nuestra propia convivencia, aunque este mismo orgullo probablemente nos ha impedido ser del todo objetivos»

OSKAR GONZÁLEZPresidente de la asociación vecinal Uribe Nogales

El barrio-pueblo de Abetxuko, en los últimos seis meses, se ha visto inmerso en un grave conflicto de convivencia, al que afortunadamente se le ha encontrado solución.

Sin embargo, como Asociación Vecinal Uribe Nogales no queremos que la alegría, producto de la resolución del conflicto, omita una realidad de la que debemos aprender todas las partes implicadas: el coste que el conflicto ha tenido para la convivencia en Abetxuko y para el conjunto del movimiento social de Gasteiz.

Los problemas de convivencia reales generados con la llegada de la familia Manzanares debieron haber sido resueltos mediante el diálogo y la buena voluntad por ambas partes, y no hemos sabido o no hemos podido hacerlo. Pero es que para intentar ese camino nos hemos encontrado con dos grandes obstáculos.

Por un lado, la ‘verdad paralela’ generada y alimentada por algunos medios de comunicación alarmistas que ha alimentado uno de los peores enemigos para la sana convivencia: el miedo colectivo.

Por otro, la falta de actuación institucional. Pensamos que las instituciones deberían haber intervenido antes de que el conflicto se cronificara. Sólo desde un muy criticable cálculo político se puede entender que a pesar de las continuas llamadas a su intervención, hayan permanecido en actitud básicamente observadora ante el agravamiento de un problema, cuya solución estaba en gran medida en sus manos. Su actuación y mediación en este conflicto han demostrado un importante desajuste entre teoría y práctica. Solo, finalmente, tras ser instados públicamente por diversos agentes sociales, se han decidido a intervenir planteando soluciones reales y viables.

Ante esta falta de actuación, desde la Asociación de Vecinos se optó por la resolución judicial y la presión movilizadora como intento de salida al conflicto. Podemos reconocer que nuestra forma de presencia en la calle no haya sido la más acertada, aunque afortunadamente se haya conseguido que no derivara en sucesos más graves que terminaran por impedir encontrar una solución conjunta como la que ahora se alcanza.

Nos sentimos orgullosos de haber sido un barrio-pueblo que se ha movilizado en la creencia de que lo que estaba en juego era nuestra propia convivencia, aunque este mismo orgullo probablemente nos ha impedido ser del todo objetivos. Pese a nuestra reticencia a la intervención de agentes externos a Abetxuko, los posicionamientos públicos y análisis realizados desde un punto de vista menos polarizado que el nuestro, creemos que nos habrían sido de gran utilidad para percatarnos de otros planteamientos. Nos hemos sentido muy solos, el silencio desde Gasteiz ha sido generalizado. Nos hubiera venido muy bien que esos agentes sociales, que sólo tras medio año de conflicto se han decidido a intervenir, hubieran aparecido antes.

Por todo lo expuesto, estamos muy lejos de contemplar la resolución del conflicto como una victoria del pueblo-barrio de Abetxuko contra la familia Manzanares Cortés, sino como una salida digna para todas las partes que nos permita reconstruir la convivencia en el barrio.

Por ello, desde Abetxuko, y desde su asociación vecinal Uribe Nogales, no queremos terminar estas líneas sin hacer un llamamiento público.

Aprovechemos la experiencia de Abetxuko para realizar un análisis serio y profundo sobre lo ocurrido, sobre los motivos y causas que lo han generado, sobre qué diversas actitudes lo han alimentado y agravado; sobre cuáles han sido los errores cometidos o cuáles las dejaciones y faltas de compromiso percibidas.

Porque sólo si realmente acometemos esas tareas estaremos poniendo las bases necesarias para que un conflicto similar no se vuelva a producir.

Ojalá la experiencia de Abetxuko sirva para ello, porque es mucho lo que está en juego: la sana convivencia en nuestras calles y plazas vitorianas, el tesoro principal de cualquier ciudad.

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