Compartir mesa para compartir ciudad

Dos de las jóvenes organizadoras del ‘iftar’ de este año se fotografían con la comida, al inicio del evento./
Dos de las jóvenes organizadoras del ‘iftar’ de este año se fotografían con la comida, al inicio del evento.

EL CORREO asiste al ‘iftar’ o ruptura del ayuno de Ramadán junto a la comunidad musulmana en una celebración en el frontón del Casco Viejo

LAURA ALZOLA

Más de un centenar de personas se reunía el jueves en el frontón del Casco Viejo para celebrar un iftar o ruptura de ayuno de Ramadán comunitario. Es decir, para cenar juntos. Por segundo año consecutivo, personas musulmanas y no musulmanas de Vitoria compartían mesa a la puesta de sol y degustaban harira, la sopa tradicional de Magreb elaborada a base de carne, tomates y legumbres, dátiles, dulces y otros platos típicos.

El encuentro, que ya se había organizado el año pasado por la comunidad musulmana, fue coordinado esta vez por un grupo de jóvenes de la ciudad que quiso tomar las riendas del acto. Las chicas, de entre 14 y 26 años, ultimaban el jueves los detalles de la comida a servir, mientras los asistentes entraban al frontón con las cartas de invitación en la mano.

El Ramadán, una de las principales celebraciones del islam, es seguido por unos 1.800 millones de musulmanes en todo el mundo. El mes, en el que las mujeres y los hombres que estén en buen estado físico ayunan desde el alba hasta la puesta del sol, es el noveno del calendario lunar árabe y en él los musulmanes conmemoran la primera revelación del Corán al profeta Mahoma. Pero como recordaban muchos de los asistentes a la cena en el frontón gestionado por vecinos del Casco Viejo, el Ramadán es más que abstenerse de comer o beber durante el día, es un momento de «contemplación, devoción y de la lectura y recitación del Corán».

Las razones para asistir de los comensales eran diversas. Prácticamente la mitad no había cumplido con el ayuno durante el día e interrogaba a los que sí por sus razones para hacerlo. Para algunos, era la primera vez que participaban en un iftar en Vitoria, y para otros, la primera vez que escuchaban la palabra. Asimismo, habían sido invitados miembros de la plataforma Gasteiz Irekia, de Ongi Etorri Errefuxiatuak y de CEAR.

En compañía de otras mujeres de Vitoria, Chafeka recordaba en una de las mesas la cena del año pasado «como una experiencia muy enriquecedora para todos». Como muchos de los musulmanes que asistieron al frontón, le resulta importante que quienes desconocen lo que hay detrás del ayuno, tengan la posibilidad de profundizar en ello.

«Está bien que se hagan estas cosas. Así se sabrá más sobre el sentido de fondo del Ramadán y se romperá el mito de que solo consiste en no comer y comer de noche». Houda Zannouti, de 13 años, participaba por segunda vez junto a toda su familia. Sentada a la cabeza de otra de las mesas junto a sus padres y sus dos hermanos, se alegraba de que el evento estuviera siendo, de nuevo, un éxito. «Es muy bonito compartir nuestra cultura con los demás, tanto con los musulmanes como con los que no lo son. Me encanta que haya tanta gente reunida», afirmó.

A su lado, Carlos y Blanca Riaño asistían por primera vez en su vida a una ruptura de Ramadán. Ambos, profesores voluntarios de clases de castellano en la parroquia de Santa Clara, habían sido invitados a la cena por una de las alumnas de Carlos. «Creo que se sabe poco de las otras culturas. Además, de los musulmanes lo que se nos dice en los medios no coincide con lo que vamos conociendo poco a poco de ellos. Nosotros queremos convivir, entender cada vez más y compartir cosas como esta cena», apuntó él.

En otra de las mesas, Virginia cenaba invitada por uno de sus compañeros de la estrategia antirumores de CEAR, que quiere desmontar los bulos que existen sobre los inmigrantes en la ciudad. «He venido a participar como amiga y como agente antirumores, está muy bien poder compartir estos momentos».

Una fiesta labrada en las redes sociales

A través de Instagram. Así es como tomó fuerza la idea de organizar la ruptura de Ramadán comunitaria celebrada el jueves tras la puesta de sol. Tras una conversación entre Fátima Sabri y sus amigas, se hizo un llamamiento a través de esta red social. En dos días se habían apuntado treinta chicas, de las cuales muchas no se conocían entre sí. Fue «una gran sorpresa y algo muy bonito» para Fátima. Las organizadoras, de entre 14 y 26 años, algunas nacidas aquí y otras en Marruecos, musulmanas, están pensando en constituirse como asociación. Quieren llamarse AJMUV, Asociación de Jóvenes Musulmanas de Euskadi, extendiendo la iniciativa a todo el País Vasco.

Convivencia

Frente a ella, Mhamed disfrutaba de la cena acompañado de su cuñado y de un amigo. «Es la primera vez que hemos venido y nos gusta la idea porque es una oportunidad muy buena para compartir un momento así con gente que quizá nunca lo haya vivido».

Con la experiencia de haber organizado el iftar comunitario del año pasado, Abdelhafid echó una mano en el reparto de la comida a las jóvenes. Pero dijo que quería mantenerse al margen. «La idea y la organización ha sido de ellas. Está muy bien que tomen la iniciativa porque ellas serán las que decidirán si seguir o no manteniendo estas cosas. Y también es muy positivo que lo hagan porque, como se puede ver, tienen muy claro que quieren apostar por la convivencia».

Convivencia fue una de las palabras más mencionadas tanto por Fátima como por Bilal, un amigo de las organizadoras que tomó el micrófono al comienzo para explicar el desarrollo de la cena y al final para compartir los motivos por los que se había puesto en pie el evento. «Queremos apoyar la interculturalidad. Si hoy hemos sido capaces de compartir mesa, ¿por qué no vamos a ser capaces de compartir ciudad?», se preguntó en alto el joven, que animó a los presentes a trasladar el encuentro a la calle: «Hoy habéis tenido sobre la mesa cosas diferentes a las que habitualmente coméis. Las habéis probado y muchas de ellas os habrán gustado. Si trasladamos el ejemplo al resto de ámbitos y nos aventuramos a las personas a las que aún no hemos conocido, puede que nos ocurra lo mismo, que nos gusten. Démonos una oportunidad».

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