El Correo

La Vitoria okupada

  • El Gaztetxe abrió el camino hace 29 años. Hoy los 'okupas' están en Errekaleor, Olárizu, el Casco Antiguo, entre otras zonas

La conocida como 'casa del jardinero' era propiedad del Obispado y estaba en la calle Fray Zacarías, pero perdió su vínculo católico de un plumazo. Doscientos chavales rompieron la puerta del edificio deshabitado con un madero, pusieron una bandera pirata en la ventana y se subieron al tejado. «Este local estará abierto a todo, salvo al 'caballo', la policía y los curas», soltó uno de ellos. Así nació el Gaztetxe de Vitoria el 28 de abril de 1988, cuando aquel grupo se prometió «resistir hasta el final» para reivindicar una alternativa cultural al margen de la que impulsaba el Ayuntamiento. 29 años después, el edificio se ha convertido en un referente del movimiento okupa local, siempre latente y dispuesto a desentonar en la tranquila y modélica Vitoria.

La Vitoria okupada

Entre el «chispazo» del Gaztetxe y la última patada en la puerta, la que ha ocupado los pisos del Casco Viejo que el Ayuntamiento pretende vender y alquilar por sorteo en las próximas semanas, hay una larga lista de asaltos cometidos a lo largo de casi tres décadas. Cada uno es diferente, pero ambos son el ejemplo de los dos tipos de ocupaciones realizadas: las contestatarias y las vinculadas a la exclusión y la marginalidad. Como es lógico, en varios casos ha habido una mezcla de ambos espíritus, sobre todo como consecuencia de la crisis. Pero el proceso se repite: entrada por la fuerza, denuncia del propietario y, si así lo ordena el juez, intervención policial. La ola de la okupación ha ganado altura en los tres últimos años en Vitoria y hoy tiene siete puntos activos: el Gaztetxe, Errekaleor, la Avenida de Olárizu –frente al polígono de Esmaltaciones–, Salburua, Arkaute, Los Arquillos y el Casco Antiguo.

La Vitoria okupada

A diferencia de otras ciudades, el Ayuntamiento ha evitado la confrontación directa con buena parte de estos movimientos, sobre todo en los casos en los que los autores agitaban la bandera reivindicativa y cultural. No hay más que recordar lo que pasó con el Gaztetxe. En 2001, cuando la Gazte Asanblada –el colectivo que gestiona el local– recababa simpatizantes para hacer frente a las intenciones del Gobierno PP-UA de derribar el edificio, el antecesor de Alfonso Alonso, José Ángel Cuerda, se unió a la campaña y se plantó en el edificio de El Campillo para participar en una charla.

Allí recordó que tras el asalto al inmueble pidió explicaciones a los jóvenes –obvió que el Ayuntamiento incluso llegó a cortarles el agua– y se llevó una «buena impresión» del «proyecto cultural» que defendían, por lo que ambas partes alcanzaron un compromiso «para que se quedaran cumpliendo unos requisitos mínimos de uso». Cuerda no se arrepintió con el paso de los años, consciente de que los chavales ya eran parte del barrio y contaban con el respaldo vecinal. «Nunca ha habido ningún problema. ¿Ruidos? Como en cualquier bar. No hay que dramatizar».

Muchos sectores que sí apoyaban a Alonso, incómodos con las consignas políticas que lucían en la fachada de las antiguas cocheras del Obispado, no opinaban lo mismo. Al final, el PP se quedó solo en su intención de derribar el inmueble y levantar la 'quinta torre' del Casco Viejo, un proyecto diseñado para atraer más turismo a la 'almendra'.

Palacios, chalés y escuelas

Así pues, el Gaztetxe fue la punta de lanza de un movimiento con ramificaciones en diversos rincones del callejero. Los casos más sonados fueron los de la vieja sede de la Cruz Roja de la calle Portal de Castilla –ocupada a finales de los 90 y derribada poco después para hacer pisos–, o el de la casa de los Alfaro, en Manuel Iradier –asaltada en 2000 y que tras su desalojo sigue vacía y sujetada con puntales en pleno centro–. En 2000 y 2001, varios jóvenes irrumpieron en la casa Etxezarra, donde durmió Napoleón. Protestaron por el precio de los pisos y aseguraron que convertirían el inmueble «en un espacio alternativo con actividades sociales y culturales», pero la Policía les echó a la primera de cambio. Los okupas también visitaron en 2002 el chalé de los Buesa, en la calle Álava, en plena Ciudad Jardín. El goteo de acciones también afectó a centros educativos, como el colegio Cándido Ruiz de Garibay en 2006, o a la Escuela de Artes y Oficios, en el mismo barrio de Zaramaga, en 2011.

La Vitoria okupada

Dos años más tarde, en el verano de 2013, el movimiento asambleario elevó el listón para alumbrar el que, según diversos portavoces del colectivo, se ha convertido en uno de los barrios alternativos más importantes del país. Los colectivos irrumpieron en las antiguas viviendas compradas por el Ayuntamiento en Errekaleor para facilitar los realojos de sus propietarios a pisos nuevos de VPO. Las reformaron, reabrieron el cine, organizaron actividades culturales y publicitaron la resurrección del distrito en las redes sociales. Ya hay cerca de un centenar de okupas, pero saben que la sociedad municipal Ensanche 21, dueña de las 192 casas, pelea en los tribunales por recuperar la propiedad de las mismas.

El alcalde, Gorka Urtaran, ha recalcaldo en varias ocasiones que vivir en esos bloques supone «un riesgo grave que no podemos asumir», en referencia a los informes técnicos que alertan de su deterioro. Por eso, planteó que los jóvenes se fueran a otros bloques vacíos de Aretxabaleta, también fruto de un proceso de realojo. Recibió un «no» por respuesta.

«A ver qué piso nos gusta»

Al año siguiente hubo nuevos casos, como el asentamiento ilegal detectado en una vieja granja de Arkaute –«siguen ahí», dicen los vecinos, pero «no meten ruido»– y, sobre todo, los okupas detectados en tres portales de la Avenida de Olárizu, otra zona con pisos vacíos fruto de un plan 'renove' municipal. Esa zona atrajo a la franja más oscura del movimiento, la vinculada a la marginalidad. Este mismo verano, el clan de los 'bartolos' merodeó por la zona y la Policía Local les hizo frente. Cuando les exigió una explicación, una de las mujeres puntualizó a los uniformados que miraba «a ver qué piso nos gusta más para ocuparlo».

Las intervenciones policiales más recientes también han tenido que ver con la parte más marginal del movimiento. Una para desalojar un bloque abandonado de Salburua, en la Avenida de Roma y, ya en agosto, el polémico asalto a una casa de Abetxuko, esta vez en la calle El Cristo, por parte del clan de los 'pichis', que acabaron dejando la vivienda y ya están inmersos en los recursos municipales de ayuda a los desfavorecidos. El último capítulo okupa se ha escrito en el Casco Viejo, donde jóvenes vinculados a la izquierda abertzale han tomado la decena de viviendas que el Ayuntamiento compró a sus propietarios y ha reformado para sacarlas a la venta o al alquiler social. Siguen okupadas, pero el Consistorio, que ha tomado la vía penal para desalojarlas, confía en sortearlas este verano.

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