El Correo

San Pedro de Beraza: una tregua en la guerra

Milicianos del batallón anarquista Bakunin disparan una ametralladora Colt en San Pedro.
Milicianos del batallón anarquista Bakunin disparan una ametralladora Colt en San Pedro. / Fundación Anselmo Lorenzo
  • En febrero de 1937, en el frente de guerra de Álava, soldados republicanos y rebeldes dejaron por unas horas de disparar y se intercambiaron periódicos y noticias

El monte San Pedro de Beraza o Beratza es una atalaya sobre el valle de Arrastaria, Orduña y Amurrio y un vértice desde el que se controla también parte del valle y el bosque de Altube. Su valor estratégico es muy importante junto a las alturas hermanas como Txibiarte y Sobrehayas. Era la línea del frente en 1936. Además es un paisaje de campiña, de praderas verdes y pequeñas colinas, un lugar idílico en el que también la Guerra Civil fijó sus garras y dejó su sembrado de horror, muertos y heridos. 80 años después las vacas pastan tranquilamente donde los hombres murieron a docenas.

Era cuestión de tiempo que la arqueología se fijara en este rincón y ya lo ha hecho. En breve comenzará promovida por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y asociaciones culturales e históricas una segunda campaña que promete muchos resultados como ha dado la primera. Se han recuperado hasta 830 objetos y aunque no ha aparecido ningún resto humano, es posible que se pueda encontrar alguno también.

A principios de la Guerra Civil toda la meseta de Unzá, Uzkiano y Oiardo, con sus correspondientes cimas, fue ocupada por las tropas rebeldes procedentes de Vitoria. Hubo en la zona varias compañías del Requeté, distribuidas en distintas posiciones. Pero durante la ofensiva de diciembre de 1936 (lo que se conoció como Batalla de Villarreal) fue conquistada con grandes pérdidas y mucho esfuerzo por las tropas republicanas.

Desde diciembre hasta junio de 1937, todo este frente fue fortificado para defender la posición ganada con tanta dificultad. Desde Unzá a Uzkiano, los golpistas habían colocado un arco defensivo de trincheras, refugios, nidos de ametralladoras, pozos de tirador y búnkeres. La llamada V Brigada formada por los batallones Bakunin (CNT), Araba (PNV) y Alejandro Carro (PCE) se encargó de preparar las fortificaciones, algunas de las cuales todavía perduran. En una parte mínima han sido recuperadas en 2016 y se pueden visitar. Aquí tuvo lugar la última gran batalla en territorio alavés de la Guerra Civil que contaremos en otro momento.

Lo que vamos a relatar hoy es una de esas historias imposibles que no parecen verdad. Pero sí, ocurrió.

Lo recogió el diario CNT Norte del 9 de febrero de 1937, órgano oficial del movimiento anarquista. Del texto se hizo eco el libro de Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz 'Cecilia G.de Guilarte, reporter de la CNT' , editado entre las monografías de la Guerra Civil de la Asociación Sancho de Beurko. La periodista visitó este frente en febrero de 1937 y publicó un amplio reportaje sobre los hombres del Bakunin.

La crónica

La crónica se recoge tal cual en estos términos: «Anteayer, domingo, los milicianos del Batallón Bakunin, de la CNT, sostuvieron un parlamento con los soldados rebeldes. Un grupo de soldados del bando faccioso, acompañados de un capitán del ejército, bajaron hasta el centro del campo que separa nuestras posiciones de las suyas y mantuvieron una conversación que duró más de media hora, hasta que la presencia de un sargento falangista cortó el diálogo, obligando a los rebeldes a subir de nuevo a sus posiciones, sin atender para nada a la autoridad del capitán rebelde.

En el curso de la conversación, nuestros milicianos tuvieron ocasión de comprobar el engaño en que se tiene a los soldados respecto a la situación del campo leal.

Los soldados reconocieron, al advertírselo nuestros compañeros que Madrid no había sido tomada por los fascistas, y que la situación de Bilbao no es tan desesperada, ni siquiera delicada, como se la presentan sus jefes, pues no se carece de nada de importante necesidad, y la lucha a tiros por las calles es absolutamente falsa.

Reconocieron, asimismo, que nos asiste la razón al combatir por una causa legal, y al preguntarles si estaban por la fuerza con los fascistas no contestaron, prueba evidente de que así es. El capitán del Ejército no intervino para nada en las conversaciones.

También manifestaron los soldados rebeldes que los militares extranjeros, especialmente los alemanes, ejercen una presión extraordinaria sobre las tropas 'nacionales', siendo de hecho los jefes absolutos, ya que para nada se cuenta con los mandos españoles.

Hubo un intercambio de prensa y los soldados de las líneas enemigas dieron a los nuestros Arriba España y Diario de Navarra, llevándose a cambio ejemplares de Tierra y Libertad, El Liberal, CNT del Norte, Euzkadi Roja, Ruta y algunos otros.

De las noticias que dan esos periódicos facciosos destacan algunas curiosidades, como unas declaraciones del general Queipo de Llano que dice, reconociendo que los aviadores que han caído estos últimos días en los alrededores de Madrid y en Málaga son italianos, que han sido asesinados por los rojos, y que si tal cosa ocurre otra vez, arrasará sin remisión los pueblos donde estos hechos ocurran.

Otra de sus importantísimas y veraces afirmaciones es que en Bilbao, con motivo de la nueva emisión de billetes llevada a cabo por el Gobierno vasco, había habido serios disturbios, que habían acabado a tiros entre las tropas leales que se negaban a aceptar los nuevos billetes, y que el Gobierno de Euzkadi, ante esto, llamó a los oficiales de las fuerzas populares, conminándoles a que hiciesen aceptar estos billetes a los milicianos, y como la oficialidad se negó a cumplir esta orden fueron fusilados todos.

Estas son las verdades fascistas. Y los pobres soldados, todavía engañados y contenidos en parte por la duda, aunque en realidad se van dando cuenta de la verdad y poco caso deben hacer a su propia prensa».

Otras treguas

Hasta aquí la crónica del periodista anarquista que puede aplicarse estupendamente lo que critica a los del otro bando. Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad y en este caso se cumple a rajatabla.

Un hecho extraordinario como es una tregua entre dos ejércitos que se están matando se convierte simplemente en un recuento propagandista de las mentiras con las que viven «los otros».

Las treguas han existido en las guerras. La más conocida es la de la Navidad de 1914 cuando tropas alemanas y británicas cantaron juntos el villancico Noche de Paz y se intercambiaron tabaco, whisky y otros regalos. Incluso se permitió recoger a los muertos y se rezó el salmo 23 'El señor es mi pastor, nada me puede faltar'.

También se ha hecho popular la escena de la película 'La Vaquilla' de García Berlanga en la que los suboficiales de ambos ejércitos se intercambian papel de fumar por tabaco, dada la escasez de ambos productos en cada uno de los bandos. Y luego, cada uno a su trinchera. Esa escena se repitió en muchos frentes y, como muestra la crónica del periódico anarquista también tuvo lugar en el frente alavés, en concreto en esa zona que hemos descrito y en la que ahora pastan tranquilamente las vacas. Se hace difícil no pensar que además de periódicos ese día requetés y anarquistas no se intercambiaron algún cigarrillo o alguna botella de vino, aunque lo que más tenían a mano era el famoso aguardiente 'asaltaparapetos'.

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