El Correo

Cien vitorianos han buscado el apoyo del grupo de comedores compulsivos

Una reunión del grupo de apoyo a comedores compulsivos en El Pilar.
Una reunión del grupo de apoyo a comedores compulsivos en El Pilar. / Rafa Gutiérrez
  • Los afectados por este trastorno tratan de superarlo en las reuniones semanales que celebran en un local del centro cívico El Pilar

De la misma manera que hay personas que beben a escondidas para ocultar que padecen alcoholismo, hay otras que comen a hurtadillas para tapar un trastorno de la alimentación sobre el que cae la losa de la incomprensión. Los comedores compulsivos se dan atracones para intentar aplacar sus frustraciones, después se sienten mal y entran en una angustiosa espiral de la que es complicado salir. Pero se puede. En Vitoria existe desde hace ya once años un grupo de apoyo por el que han pasado más de un centenar de afectados.

Natalia es una de las impulsoras de este grupo de autoayuda que basa sus terapias en los doce famosos pasos de Alcohólicos Anónimos. «Aprendemos a conocernos, a reconocer nuestros defectos, a ponernos límites, a potenciar nuestros valores a que los demás no nos coman el terreno...», explica.

Quienes comen de manera incontrolada se topan con un muro de incomprensión tanto por parte de los médicos como de sus propias familias y amigos. «No entienden que detrás de todo esto hay un componente emocional. Cualquier cosa puede trastocarte, aunque sea pequeña, y te entra el impulso de comer. Te dices ‘no puede ser, porque no tengo hambre’, pero sigues y luego te sientes mal», relata.

Natalia sufre este trastorno de la alimentación –«lo que nos ha costado que se reconozca como enfermedad crónica», lamenta– desde que tenía ocho años. «Ya tenía épocas de gran soledad y comía más de la cuenta», relata. Pero esto puede aparecer a cualquier edad. «Conozco a quien le ha pasado esto cuando se ha jubilado. De repente se ha encontrado con que tenía que aprender a convivir de otra manera con la persona que tenía al lado y eso le generaba ansiedad», relata.

Los comedores compulsivos no siempre vomitan después (es decir, tienen fases bulímicas), así que es frecuente que presenten sobrepeso, pero no les pasa a todos. Tienen en común el fracaso con las dietas, las peregrinaciones por diferentes médicos y psicólogos y las recaídas.

Ahora, en el grupo de apoyo que se reúne cada miércoles de cuatro a seis de la tarde en un local del centro cívico de El Pilar participan una decena de personas. Pero ellos saben que hay más gente que está pasando por esto y por eso Natalia anima a quien se sienta identificado a buscar ayuda. «No hay nadie como la gente que está como tú para entender lo que es esto».

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