El Correo

La Fiscalía pide tres años para un entrenador de Vitoria por abusar de una deportista menor de edad

La chica reveló los supuestos abusos en mayo de 2013.
La chica reveló los supuestos abusos en mayo de 2013. / I. Aizpuru
  • La joven mantiene su versión y el abogado del acusado pide su absolución en el juicio, que ayer quedó visto para sentencia

La joven que supuestamente sufría tocamientos por parte de su entrenador se reafirmó en que este le tocaba el culo y los pechos en ejercicios donde no era necesario el contacto físico en la vista oral celebrada este viernes en el Juzgado de lo Penal 1. La semana pasada la Fiscalía de Álava pidió 3 años de cárcel para su entrenador de gimnasia artística, quien se sentó en el banquillo de los acusados por un delito continuado de abusos sexuales.

El hombre se encargaba de preparar a su alumna en un club de Vitoria cuando ella tenía entre 14 y 15 años, durante 2012 y 2013. La joven relató por videoconferencia que en su día comenzó a notar que su entrenador mostraba hacia ella un ‘comportamiento especial’.

Según su testimonio, este le habría ofrecido ayuda en ejercicios en los que no la necesitaba para «aprovechar» y tocar partes de su cuerpo de forma «intencionada». Además, añadió que este comportamiento se fue incrementando «poco a poco». Asegura que el acusado la acompañó a casa tras las sesiones de entrenamiento en más de una ocasión y, en uno de estos trayectos, introdujo su mano en su pantalón para tocarle «el culo y otras partes».

Por estas razones, la Fiscalía considera que existe un delito continuado de abuso sexual con el agravante de abuso de superioridad. Por su parte, la defensa pide su absolución.

El entrenador desmintió el relato de la que fuera su alumna y explicó que en la práctica de ese deporte el contacto físico es «obligatorio». Alega que es necesario para mostrar el desarrollo de los ejercicios, ayudar en su ejecución y evitar caídas, y niega que existiese algún tipo de intencionalidad sexual por su parte. En cuanto a la afirmación de que acompañaba a la menor a casa después de las sesiones, el acusado explicó que lo hacía porque él era el encargado de cerrar el gimnasio. A su vez, rechazó la veracidad de los comentarios que según el escrito de la Fiscalía hizo a la menor.

No vieron nada «extraño»

«El destino nos ha unido» o «¡qué pena que no tengas 18 años!» habrían sido algunas de las frases dedicadas por el entrenador a la menor. La acusación añade que incluso le dijo que ambos podrían compartir una habitación si la chica iba al Campeonato de España. También sostiene que aprovechaba para darle besos en la mejilla pese a «que no era del agrado de la menor».

La joven sufrió un malestar emocional «significativo, con sentimientos de culpa e impotencia», según la Fiscalía, que pide para el entrenador tres años de prisión y la prohibición de aproximarse y comunicarse con ella durante cuatro. El juicio quedó visto para sentencia después de que declarasen la madre de la joven y la psicóloga que la atendió después tras revelar haber sufrido estos presuntos abusos.

La madre recordó ante el tribunal el momento en que su hija le contó que su entrenador era «un guarro» y expresó que se sentía «avergonzada» por cómo le tocaba ya que el resto sus preparadores no lo hacían así. Sucedió en mayo de 2013, pero aclaró que no interpusieron una denuncia entonces porque en aquel momento siguieron la orientación de la psicóloga, quien les aconsejó que debían hacerlo cuando lo decidiera la joven.

Esta profesional mantuvo que el relato hecho por la chica después de que la derivaran a su consulta y a lo largo del tratamiento le ofrece «credibilidad», es «consistente y «coherente» y que sus sentimientos se corresponden con los de una víctima de abusos.

Por su parte, el director técnico del centro deportivo explicó que nunca vio nada «extraño» en la actitud del acusado y defendió que el contacto físico con las gimnastas es habitual. Añadió que, cuando se cometían estos presuntos abusos, el gimnasio se encontraba lleno de gente. Una compañera de la joven también testificó para afirmar que ella nunca había tenido ningún percance con el acusado y que es «normal» que los entrenadores les «pongan la mano donde puedan».

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