El Correo

«Clinton es una criminal de guerra y Trump, un fenómeno paranormal»

Fermin Muguruza observa a Albert Pla caracterizado de soldado en el musical ‘Guerra’.
Fermin Muguruza observa a Albert Pla caracterizado de soldado en el musical ‘Guerra’. / ELCORREO
  • Fermin Muguruza protagoniza junto a Albert Pla y Raül ‘Refree’ Fernández el reivindicativo musical ‘Guerra’ que llegará el día 15 al Teatro Principal

Satanizado por algunos y alabado por otros, Fermin Muguruza no deja a nadie indiferente. Ni con sus opiniones e ideas ni con su versátil actividad. Mientras en el centro municipal bilbaíno de Santutxu se exhiben los documentales dirigidos por él –sobre los países de las ‘primaveras árabes’ o el Katrina–, está en marcha el filme de animación basado en el cómic ‘Black is Beltza’ –escrito con Harkaitz Cano– y la gira del musical ‘Guerra’ (Teatro Principal, 15 de diciembre, 20.30 horas). Él es a la voz cantante de Kortatu, Negu Gorriak o Dut.

–¿Cómo se embarca usted en este proyecto?

– Tengo relación con Albert Pla desde hace muchos años y nunca hubiera pensado que me iba a ofrecer una cosa de este tipo. Además, no tenía ningún tipo de experiencia en dramaturgia propiamente dicha. Con Dut trabajamos con un grupo teatral, pero ellos hacían todo el desarrollo escénico. A Albert le interesan este tipo de saltos al vacío, de ‘tête à tête’, de ‘coup de force’, estar con una persona con la que se entiende, como conmigo, y trabajar desde la base.

–¿Es la música?

–Por supuesto, es teatro musical, hay que cantar muchas canciones y él quería tenerme a mí de ‘sparring’ de alguna manera. Yo estaba preparando el documental sobre Nueva Orleans, me encajaban las fechas y las músicas eran de Raül Fernández ‘Refree’, con quien había colaborado, y me pareció que podía ser una de las cosas más rompedoras que hubiera hecho. A mí las cosas nuevas me atraen mucho, y más si son sobre un tema como el que me explicó, la guerra.

–¿Se dejó empujar por Pla hacia algo nuevo?

–Hasta vino a Irun a ensayar. También, el director Pepe Miravete tiene mucha experiencia teatral y se aplicó conmigo. Y la forma de relacionarte con el público en el teatro es muy distinta a la de los rockeros como yo. Llevamos ya año y medio con la obra, cerramos la gira y estoy encantado de haber dicho que sí.

–¿Resulta apetecible usar el género musical –a veces, tan hueco– para contar cosas?

–Sí, aunque Albert Pla no me va a llamar nunca para hacer un musical tipo ‘El Rey León’, ja, ja... Él maneja muchos registros y el que me resultaba más lejano era la comedia burda e incluso la autoparodia. Me envió el guión y quería que yo escribiera mis partes, es muy generoso trabajando y un monstruo del escenario. Teatraliza todas sus actuaciones y con sus gestos me provoca, me incita, me enseña. Yo tenía que presentarme como espacio geográfico de una ciudad. Después, a los habitantes que tenía dentro, el conflicto que tienen y sus propias contradicciones. Nos enviábamos el material y nos juntábamos en su casa, ensayábamos por la mañana... Y luego, el elemento audiovisual. Me preparó una trampa, en la que yo caí, ja, ja, ja.

–¿Cómo fue?

–Le dije que me dejara un fin de semana para pensar si participaba. Esa misma noche me envió una cápsula audiovisual en la que yo aparecía como una especie de avatar y me movía en el escenario, con las bases musicales de Raül ‘Refree’. Y alrededor se veía todo el entramado visual que estaba preparando el estudio Nueveojos. Ahí caí en la trampa.

–¿De qué forma usan los audiovisuales?

–Es importante innovar con estos elementos en el teatro, hacer muchos guiños a la cinematografía de género bélico. O el ‘mapping’, cuando parece que se derriba una pared a través de efectos audiovisuales. Creamos incluso una tercera pared que provoca el efecto tridimensional en algunos momentos. La gente se queda muy sorprendida. Este conglomerado, este cóctel molotov que me presenta Albert me parece interesantísimo y yo llego a darle la mecha.

–Aparecen muy diversas cuestiones en las canciones, desde la homofobia al desahucio, pasando por el consumismo o un mundo ‘feliz’. ¿La metáfora va más allá del conflicto bélico?

–Lo que hacemos es una crítica a la organización jerárquica de una sociedad, incluso a nivel familiar. Por supuesto, ponemos el foco en ese resultado final de la guerra como la conocemos, en el sentido de bombardeos que provocan el fenómeno de los refugiados. Y las sociedades donde esa torre panóptica lo controla todo. Tenemos mucha influencia de filósofos como Focault o de películas como ‘Senderos de gloria’ de Stanley Kubrick.

Con Skarra Mucci

–Imagino que se plantearía ‘¿y cómo se hace de ciudad?’.

–Bueno, ensayamos en Bescanó, un pueblecito de Girona, ensayábamos e hicimos algunas representaciones para la gente. Aprendes a meterte en el personaje y también coges tablas. He hecho más de mil conciertos rockeando, pero te cambia completamente la relación: esa cuarta pared que no existe en la música y al principio, ese silencio al empezar la función. Y es que estás acostumbrado a salir con un ruido ensordecedor. También tienes que adecuarte a las medidas del escenario de cada teatro.

– También hablan de muros. ¿Con Trump en el poder adquiere más sentido?

–Lo de Trump es una locura absoluta, pero Hillary Clinton era la persona que se vanagloriaba de la creación de los llamados ‘rebeldes afganos’, de donde vino Al Quaeda y, de alguna manera, el Estado Islámico. De ahí viene todo este desastre, con casi un millón de refugiados. Es una criminal de guerra y ahora viene Trump, que es un fenómeno paranormal que viene a hablar de ese muro y a hacer esas declaraciones sobre los homosexuales o el aborto. Es muy de ‘reality show’, del mundo del que viene. No sé a quién deberíamos temer más. Como cantaba en el 93, ‘quiero votar a mi próximo verdugo’.

–Hablando de refugiados, ¿cómo fue su colaboración con Skarra Mucci, ‘Atlantiko Beltza’?

–Cuando hay una serie de temas que duelen y están candentes no sólo están presentes en el teatro. Cuando hablé con Skarra Mucci, iba a sacar un álbum y yo he sacado también el tema en un disco de sesiones que he preparado en Arts Santa Mónica, en Barcelona. Comentamos la idea del Atlántico negro, conexión de puertos, intercambios y solidaridad frente a esclavitud. También la idea de mediterranía, de que no se pueden cerrar las fronteras.

– Qué me dice de la reacción de Ciudadanos en Santander contra el festival de tributo a La Polla, Eskorbuto y Kortatu?

–Me ha parecido ya increíble. Ha habido momentos de persecución y linchamiento mediático que me río de lo del ‘acoso’ a Rita Barberá. En la época de Aznar yo era más peligroso que el mismísimo Bin Laden. Pero pasan los años y es difícil que yo pueda actuar en sitios donde gobierna el PP, como este verano con la obra de teatro. Lo que ha pasado con estos grupos de tributo me parece viajar en el tiempo.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate