El Correo

El inalcanzable récord mundial de maratón rural vasco cumple 40 años

José Ayerbe corre en una de las pruebas que le hicieron un mito de deporte rural vasco
José Ayerbe corre en una de las pruebas que le hicieron un mito de deporte rural vasco / E. C
  • El 23 de noviembre de 1976 José Ayerbe Azurmendi cortó 20 troncos y corrió 20 kilómetros en 2 horas, 9 minutos y 39 segundos, en la plaza de toros de Vitoria

El deporte rural está lleno de grandes hitos, de marcas asombrosas, de retos y desafíos sin fin pero poco reconocidos a pesar del esfuerzo extraordinario que suponen. A principios del siglo XX un legendario aizkolari llamado Keixeta había establecido una gran marca, 2 horas 40 minutos, en cortar 20 troncos de haya y correr 20 kilómetros. El nuevo deporte, mezcla de atletismo y la tradición del corte de árboles, se denominaba ‘maratón rural vasco’. No se homologó ni ninguna federación se hizo cargo de registrar el récord. En los años sesenta, ese tiempo fue superado por el famoso Chiquito de Arruiz . Hoy recuperamos el intento de José Ayerbe de superar el récord que él mismo había conseguido seis años antes. Ocurrió el 23 de noviembre de 1976.

La expectación era máxima. No solo en Álava. Ayerbe era seguido en Gipuzkoa y Bizkaia y la plaza de toros de Vitoria registró un aforo espectacular de más de 6.000 personas para ver la demostración de fuerza de esta inusual mezcla de korrikolari y aitzkolari que acabó con un récord mundial que no ha sido batido todavía cuarenta años después. Fue un verdadero acontecimiento local, que EL CORREO, con el relato de Javier Sedano reprodujo en grandes titulares. Días antes de la prueba y el día siguiente.

Bajar de 2:35'30''

La prueba consistía en cortar veinte troncos de ‘kana-erdi’ (54 pulgadas, 1,25 metros de circunferencia) y correr a continuación 20 kilómetros. José Ayerbe , 33 años, 78 kilos, guipuzcoano de Ataun en plena forma física, había establecido anteriormente una marca de 2 horas, 35 minutos y 30 segundos.

El ruedo de la vieja plaza se había preparado para este cometido con el trazado de un anillo de 100 metros para la carrera, señalizado con estacas y cuerdas. Jueces vizcaínos y alaveses comprobaron cada detalle. El público vitoriano estaba entregado y no cesó de aplaudirle y animarle en todo momento, a pesar del intenso frío reinante, tres grados bajo cero. Ayerbe estaba muy nervioso y antes del reto confesó que no había dormido y se mostraba dudoso ante el desafío. «No sé, no sé, he pasado la noche sin dormir pensando en la prueba», decía. Se trajo seis aizkoras, tres australianas y tres de Urnieta, pero solo utilizó dos de ellas. El cambio lo hizo en el tronco 13.

Tras la pitada inicial Ayerbe comenzó con mucha fuerza el corte de troncos. Estaba orientado por Arriya II como enseñador. Tardó 47 minutos y 50 segundos en su labor de corta. Eran 20 troncos de haya que habían sido traídos por una empresa de Campezo. Eran buenos, pero encontró dos nudos y tres estaban secos. Tras el esfuerzo y la gran marca, cada tronco fue ventilado en poco más de dos minutos cada uno, Ayerbe saltó al anillo de la plaza para correr los 20 kilómetros. En todo momento fue aplaudido.

«Con una soltura admirable, sin agarrotamiento alguno, Ayerbe fue haciendo kilómetros. Cuando llevaba una hora de labor conjunta estaba ya en el kilómetro tres. A las dos horas corría por el kilómetro 17,600 y terminó la prueba con las 2 horas, 9 minutos y 32 segundos. El público se puso en pie al finalizar», contaba la crónica de Javier Sedano.

El redactor aportaba luego un dato significativo , que mostraba cómo se mezclaba entonces deporte y gastronomía. A los veinte minutos de conseguir el récord estaba dando cuenta de una cazuela de bacalao que ‘Erreka’ el rey del bacalao de Algorta había preparado para festejar el éxito del desafío. Su capacidad de recuperación era extraordinaria y estaba claro que era un gran atleta y un formidable aizkolari.

La prueba anterior con su marca récord la había realizado seis años antes. La acometió para romper el récord de Chiquito de Arruiz. Y le costó 2 horas, 35 minutos y 30 segundos. Entonces era más korrikolari que aizkolari. Para rebajar esos 26 minutos se había tenido que preparar mucho en los bosques de Gipuzkoa. Y hasta él mismo estaba sorprendido de la hazaña. El desafío tuvo premio. La Caja de Ahorros Municipal de Vitoria le dio 150.000 pesetas de las de entonces que conmemoraba con la prueba sus 126 años de existencia. Fomentar el deporte rural autóctono era uno de los objetivos.

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