El Correo

Muere María Jesús Aguirre, primera vicealcaldesa de Vitoria

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María Jesús Aguirre.

  • La primera diputada foral del territorio fue una trabajadora incansable, ejemplo para una generación de mujeres y una avanzada en la defensa de lo social

«Era un mundo de hombres, fruto de la cultura de la sociedad de entonces, y a nosotras nos tocó abrir camino». María Jesús Aguirre hablaba así, tranquila, sonriente, siempre elegante, de sus comienzos en la política. Como si aquello hubiese sido pan comido. Formada en trabajo social fue una pionera en la defensa de los derechos de las mujeres en particular y de los humanos en general, pero también fue una avanzada en muchos otros campos. La actual red de protección social alavesa, el ingreso mínimo de inserción, el fin del chabolismo, la primera casa para enfermos de sida, el registro de parejas de hecho que legalizaba por vez primera en un ayuntamiento las uniones homosexuales... Este es parte del legado que deja a los alaveses y al que dedicó 38 años de su vida. Aguirre, madre del actual alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, ha fallecido esta noche en Vitoria.

Nacida en el seno de una familia nacionalista en todas sus ramas genealógicas -su padre, del que estaba muy orgullosa, fue gudari-, descubrió muy joven que su vida debía transcurrir lejos de los fogones del restaurante Ochandiano que sus progenitores regentaban en la calle Olaguíbel. Estudió en el colegio Sagrado Corazón, después en el instituto Ramiro de Maeztu y de ahí se fue a Bilbao a formarse en trabajo social. Su primer destino: el barrio vitoriano de Zaramaga. Allí no dudó en arremangarse para trabajar al lado del más necesitado. Es lo que le llevó a entrar en el Patronato de la Mujer, desde donde convenció a un joven y prometedor abogado para que ayudara gratis a aquellas chicas en riesgo de exclusión. Aquel letrado era José Ángel Cuerda y aquello el inicio de una estrecha colaboración que elevó a Vitoria a los altares del bienestar. Y eso que ella le sacó a él 3.000 votos de diferencia en las elecciones de noviembre de 1973, en las que ambos se presentaron por el tercio familiar.

Cuerda ganó las primeras elecciones municipales de la democracia en 1979 y allí estaba María Jesús Aguirre a su lado y junto a él siguió varios lustros como la primera y única vicealcaldesa de la ciudad. Eran tiempos en los que por cada diez concejales hombres, había sólo una mujer. Con María Jesús Aguirre accedieron al cargo en aquella primera Corporación dos concejalas más. Se encontraron con «machistas y machitos». «Yo ya oí algún comentario como ‘mejor que te estuvieras con tus hijos’, pero les pegabas un corte y listo. Luego te decían que menudo carácter...», recordaba ella hace justo dos años.

Y claro que tenía genio. Quienes trabajaban con ella decían que lo sacaba cuando era necesario, pero que el resto del tiempo era «cordial, imaginativa, dialogante, razonable, cercana, leal y muy, muy trabajadora». Así la veía al menos José Ángel Cuerda, una persona «de diez». «No colaboraba conmigo sino que trabajábamos juntos. Todo lo que se ha hecho en asuntos sociales ha sido por ella».

Junto a su eterno homólogo en la diputación, el socialista Jesús Loza, se encargaron de acabar con esa manera de entender los servicios sociales ligada a la beneficencia. Fueron quienes dignificaron la vida de todos aquellos enfermos mentales, madres solteras, huérfanos y ancianos que convivían en Las Nieves. O los que hicieron que Gao Lacho Drom pasara a la historia. O los que crearon los centros ocupacionales.

Al Congreso

Aguirre abrió camino también a las mujeres en otra institución alavesa. Juan María Ollora quiso reclutarla para que formara parte de su Gabinete en la Diputación. Así fue como se convirtió en la primera mujer diputada foral. Durante aquella legislatura, la comprendida entre 1983 y 1987, ocupó la entonces llamada cartera de Bienestar Social y Salud.

Se pasó a las filas de Eusko Alkartasuna durante una legislatura (1987-1991) junto a Cuerda y luego ambos volvieron al abrigo del PNV, partido que le alentó a regresar a la Diputación. Después de dos legislaturas como vicealcaldesa -una de ellas bajo las siglas de EA-, fue en 1997 cuando volvió a la institución foral para hacerse cargo de nuevo de los asuntos de Bienestar Social. Eso sí, lo hizo de vuelta a Álava, tras un breve pero intenso paso por el Congreso de los Diputados -hizo política en Madrid doce meses, entre septiembre de 1996 y 1997- y tras tres legislaturas en el Ayuntamiento de Vitoria. El tripartito PNV-EA-PSE se había ido al garete, los socialistas salieron del gobierno foral y Félix Ormazábal recurrió a María Jesús Aguirre. Y más adelante, cuando Cuerda decidió dejar la política, aceptó ser cabeza de lista del partido, pero el popular Alfonso Alonso le arrebató la posibilidad de volver a ser pionera y convertirse en la primera mujer alcaldesa de la capital de Euskadi.

Se resarció quizá un poco el 13 de junio del pasado año, cuando su hijo Gorka levantó la makila. El alcalde es el segundo de sus cuatro hijos y ya estaba en el útero de su madre en aquellas elecciones de 1973. Dicen que de pequeño una de sus primeras palabras a media lengua fue ayuntamiento. Hoy llora junto a sus hermanas Virginia, Leire y Miren la ausencia de una madre que «jamás descuidó a su familia» en palabras del propio Gorka y que sacrificó por sus hijos y por su sentido de lo social el tiempo que podía tener para ella. Se retiró de los cargos públicos en marzo de 2011, tras 38 años en activo, «con ganas de hacer otras cosas», como disfrutar de sus nietos, «porque esa responsabilidad que te dan los electores cuanto te la tomas como yo, con mucha pasión, te ocupa mucho tiempo», dijo. En diciembre del pasado año, perdió a su marido y gran apoyo Javier Urtaran.

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