El Correo

«Estamos viviendo un infierno»

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Los okupas de la casa de calle El Cristo, en Abetxuko, posan en el salón. «Somos siete, no quince como se ha dicho». / Igor Aizpuru

  • Los ‘pichis’ expresan su deseo de quedarse en Vitoria y vuelven a pedir un piso social

Ayer tocó jornada de puertas abiertas en el culebrón de los ‘pichis’ en Abetxuko. Esta familia llegada de Bizkaia mostró la casa que ocupa desde mediados de agosto en la calle El Cristo, y cuya legítima dueña trata de recuperar a través de los juzgados. Rodeado de micrófonos, el padre de familia, Pedro Mari Manzanares, insistió en que ellos son las víctimas en este conflicto. «Estamos viviendo un infierno, esto no se puede aguantar más», proclamó en referencia a las protestas vecinales diarias para forzar su salida del barrio.

Con la sombra del desalojo presente –podría producirse «la próxima semana», deslizan fuentes judiciales–, Manzanares manifestó que «claro que quiero quedarme en Vitoria, pero eso está en la mano del alcalde. Parece que somos terroristas o delincuentes, que me aporten qué hemos hecho aquí». En la actualidad hay dos denuncias contra esta familia. Una, de la dueña legal del inmueble y otra de una dependienta de una panadería del barrio por supuestas coacciones. Pero Manzanares lo ve con otra perspectiva. «Llevo cuatro meses aquí y todavía no he sido detenido, ni ninguno de los que estamos aquí. ¿De qué estamos hablando, señores?», se defendió. «Ya está bien de tantas acusaciones, que no he amenazado a nadie. Estamos cansados, agotados... Miedo, ¿sabes qué es eso?».

Como ya hizo la semana pasada, Manzanares insistió en que desean un piso social del Ayuntamiento. «Lo único que quiero es una vivienda como todo el mundo, pagar la luz, el agua, lo que haga falta. No quiero vivienda ocupada, ni quiero ni pretendo. Que se mojen un poco las instituciones, que ya está bien. Encima se nos echan encima, cómo no vamos a coger miedo. Esto parece la Guerra de Vietnam», enfatizó.

Agentes de la Ertzaintza y de la Policía Local puntualizan que «como saben que no les darán ningún piso, al menos a corto plazo, planean mudarse a un piso ocupado en la calle Santo Domingo, enfrente de sus parientes, los ‘bartolos’». La mujer de Pedro Mari, Natividad, es hija de Bartolomé y María Cortés, los patriarcas de este polémico clan vitoriano.

¿Y la casa de Abetxuko? Se halla en condiciones precarias, pero no parece una «infravivienda». Faltan baldosas, el suelo está levantado en algunas zonas, la pared necesitaría una mano de pintura. Un cable revela que se enganchan de manera ilegal a la luz. Hay una planta superior, pero no la muestran.

Tres más piden el padrón

Fede García, de SOS Racismo Araba, también presente, anunció que los tres miembros más jóvenes de esta familia okupa también han solicitado empadronarse. Cuando el Ayuntamiento les de el beneplácito aspiran a acceder al sistema de protección social del municipio. Pedro Mari ya recibe «unos 300 euros» por una minusvalía mientras Natividad cobra la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Luis Carmona, un vecino de Abetxuko que les apoya, dijo en referencia a la dueña legal, ahora en una residencia foral, que «nos solidarizamos con ella». Recordó que el Ayuntamiento dispone de «un centenar de pisos vacíos». Pero cuando le preguntaron si los alojaría en su casa, éste replicó que «los solidarios no acogemos a nadie en casa. Los solidarios buscamos soluciones solidarias para la gente, porque nadie mete a nadie en su casa. Eso sería caridad».

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