El Correo

La pizza de la Montaña Alavesa

fotogalería

La pizza de la Montaña Alavesa, creación basada en producto local. / Jesús Andrade

  • Miles de personas se dieron cita en la popular Feria de San Martín de Campezo, en la que los productores locales proponen comerse el paisaje

El color ocre, rojizo y amarillo de los árboles hace que el otoño en la Montaña Alavesa sea la estación más espectacular. Entre rocas calizas, barrancos, pueblos y ríos, la estampa de los 20 kilómetros de carretera que van desde el puerto de Azazeta hasta Santa Cruz el 13 de noviembre se hacen siempre inolvidables. Si no vas te lo pierdes, así que miles de vitorianos y alaveses de otras localidades rurales, que conocen ese momento, cogieron el coche y se fueron a Santa Cruz de Campezo a celebrar la XXVII Feria de San Martín. Es verdad que lo rural, especialmente el mundo ganadero que está encogido y de retirada, es un leve recuerdo de la gran feria de antaño, cuando dominaba el olor de la cuadra y los tratos de palabra, pero a los urbanitas les debe hacer mucho bien respirar aire de pueblo, comprar unas buenas viandas, comerse un talo y volverse a casa para decir «vengo del campo».

¿Qué tenía de especial ayer Santa Cruz? Muchas cosas, pero la oferta más singular es que ese paisaje tan impresionante que abraza al viajero o al peregrino de ferias agrícolas se puede comer. Sí, como lo leen. La fórmula es sencilla y la han confeccionado los productores de Laborariak, la asociación que promueve los productos exclusivos de la Montaña Alavesa. No te puedes llevar el paisaje pero te lo puedes llevar a la boca. Anna Monserrat, una catalana afincada en Azazeta (Mendialdeko Ogia), elaboró con masa madre de pan 100 pizzas de seis raciones cada una con un combinado de aceite trufado (La Trufa de Álava), morcilla (Morcillas Suso-Maestu), patata (Mendiola-Gauna) y queso (Quesería San Vicente). El resultado era un producto de fusión y moderno para enganchar a grandes, medianos y pequeños. Cada pintxo a 1,50 euros. Y para los clásicos irredentos que se agarran a lo de siempre, albóndigas de carne de potro elaboradas por el restaurante Izki de Maestu con pan de Ibarrondo.

«La desconocida»

A la creadora le «suena bien». Anna se acaba de incorporar al colectivo de promoción y sabe que estas cosas son lentas. Josu San Vicente, que produce un delicioso queso Idiazabal «del Sur de Euskadi», cree que la Montaña es una gran desconocida, incluso para los propios alaveses. «Cuesta mucho esa identificación de producto que viene de tal lugar. En nuestra provincia más que en otros sitios», agrega.

Mientras los productores locales tratan con ingenio de hacerse un hueco en el paladar saturado de los visitantes, la feria se despliega con todo su esplendor. Hay ofertas y actividades para todos los gustos. La exposición de artesanía en el frontón nuevo, con un especial dedicado a bolillos y costura, es de esas cosas que muestran que hay manos que no pueden estar quietas, que siempre hay algo que crear con ellas. El concurso gastronómico mantiene una clientela fija desde hace años. Los cientos de puestos que venden todo tipo de mercancías y llenan las larguísimas calles de la Villa y el Arrabal, explican a las claras que la globalización de todo tipo de manufacturas y artículos llega hasta el último rincón. «Es la última gran feria antes de la Navidad de ámbito rural. Y la gente se presta a venir y a disfrutar», señala Javier, un vitoriano que no se pierde una.

Lechones a la gresca

Mientras el olor a morcilla de Artziniega a la brasa inunda media calle, la «representación» del ganado de la Montaña es uno de los lugares favoritos de padres e hijos. Y lo que más llama la atención es la gran cerda con sus lechones compitiendo por ver quién mama leche. Resulta conmovedor cuando dos manos infantiles se meten entre los barrotes y tratan de ayudar a los cerditos que se han quedado debajo de sus hermanos y no son capaces de llegar a las mamas.

Otro de los puestos más visitados fue el que habían instalado los vecinos de Alguaire (Lleida), el pueblo catalán de donde procedía San Fausto, el santo que llegó muerto encima de una caballería y se quedó en Bujanda. Elvira Larrègula cree que el hermanamiento con el pueblo de la Montaña les permite aprender y dar a aconocer su famoso higo de la variedad ‘Coll de dama’, una exquisitez que ayer se pudo degustar en Santa Cruz de Campezo.

habitantes están empadronados en la Cuadrilla de la Montaña Alavesa. En 1900 eran 8.000

Edición de la Feria. Se reactivó en 1990 tras desaparecer en los años cincuenta.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate