El Correo

Una treintena de buitres atacan y matan a un ternero en una granja de Guinea

Un ataque de buitres a una vaca en Araia.
Un ataque de buitres a una vaca en Araia. / Rafa Gutiérrez
  • El suceso ocurre una semana después de la incursión de lobos que acabó con seis ovejas en el cercano valle de Kuartango

La pesadilla de los ganaderos alaveses tiene dos nombres propios: el lobo y el buitre. Su presencia es esporádica en el territorio y las denuncias van por temporadas, pero en este mes de noviembre ya se han producido dos situaciones graves. Tras el ataque de la pasada semana a seis ovejas por parte de lobos en el valle anexo de Kuartango, el martes se produjo otro protagonizado por buitres en la localidad de Guinea (Valdegovia), a unos 32 kilómetros al oeste de Vitoria, en el valle de Lacozmonte.

Según los testimonios de los propios ganaderos a Radio Vitoria, una treintena de aves carroñeras se abalanzó el pasado martes por la mañana sobre un ternero «que estaba vivo» y lo mataron. El ganadero, en un principio, se acercó a la manada con el fin de ahuyentarla, pero se dio cuenta de que uno de sus animales yacía sobre la hierba.

Tras el impacto inicial, el propietario de la granja utilizó el tractor para dispersar a las aves carroñeras. Posteriormente, llamaron a un veterinario que certificó que el ternero «se encontraba vivo» antes del ataque.

Hace tiempo que los buitres adoptan comportamientos que parecen incompatibles con su función en la naturaleza, pero que han sido probados en numerosas ocasiones. De hecho, recientemente, un juez ha dictado una resolución a favor de un ganadero al que las rapaces le mataron una vaca. La indemnización, sin embargo, es muy inferior, 200 euros, al precio del mercado.

Un castor en el Ega

De otro lado, un ejemplar de castor (Castor fiber) fue detectado el pasado mes de octubre en la piscifactoría Nusi de Santa Cruz de Campezo, dentro de las instalaciones. Tras ponerlo en conocimiento del Departamento de Medio Ambiente de la Diputación foral de Álava, el ejemplar fue liberado al río Ega, según ha informado el último número de la revista Mendialdea, que cubre información de la Montaña Alavesa. Aunque hubo castores en estas tierras hasta el siglo XVIII, su presencia actual tiene su origen en una introducción ilegal de activistas ecológicos que tuvo lugar en el año 2003 en el río Ebro. Desde entonces hasta hoy la especie se ha ido extendidendo por diferentes ríos de La Rioja, Navarra, Aragón, y Castilla y León dentro de una gran polémica porque la Unión Europea los protege.

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