El Correo

¿Tranvía o ‘bus exprés’?

Un tranvía coincide con un autobús de línea, un urbano y varios coches en la rotonda de America Latin
Un tranvía coincide con un autobús de línea, un urbano y varios coches en la rotonda de America Latin / Rafa Gutiérrez
  • La llegada del metro ligero a los nuevos barrios sigue siendo una incógnita mientras Vitoria descrubre el BRT

Vitoria descubrió en 2008 las bondades del tranvía, un medio de transporte que desde entonces ha seducido a los usuarios por su puntualidad, comodidad y accesibilidad. Ocho años después, la capital alavesa estudia el proyecto de implantación de un ‘bus exprés’ o BRT en la actual línea Periférica de Tuvisa, un sistema que al igual que el anterior es eléctrico, tiene prioridad semafórica y transita por carriles exclusivos, aunque cuenta con dos ventajas adicionales: es más flexible ante los imprevistos -es un autobús, de modo que no depende de raíles ni catenarias- y su implantación es más sencilla. En principio, los expertos en movilidad consideran que ambos medios de transporte no deben considerarse opuestos, sino complementarios.

Pero la realidad es que el carácter innovador del BRT ha disparado las dudas sobre el comportamiento de este sistema, lo que ha provocado un encendido debate municipal sobre la conveniencia de apostar por él a medio plazo. De hecho, ya hay un grupo en el Ayuntamiento, el PP, que se ha negado a apoyar el proyecto del ‘bus exprés’ «tal y como está» porque su portavoz, Leticia Comerón, considera que costará «más de 100 millones en 15 años, parecido a lo que costó el tranvía» y que «hipotecará» la llegada de este último a Salburua y Zabalgana. Podemos también ha tomado distancia respecto al plan por las incógnitas sobre la vida útil de los vehículos, mientras que EH Bildu mantiene su apoyo pero se pregunta «por qué el Gobierno vasco no ha hecho ni una sola mención a las cocheras» en sus estudios. No obstante, los urbanistas que han participado en el proceso de revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) han defendido el ‘bus exprés’ como alternativa «menos rígida y más fácil de implantar» que el tranvía. En esto coinciden con el Gobierno vasco y el Gabinete Urtaran.

Este periódico ha recurrido a expertos en movilidad para despejar algunas incógnitas sobre el BRT, salpicado una y otra vez por las dudas que genera su carácter innovador. Una de ellas es el coste de implantación, en el que lógicamente hay que tener en cuenta la distancia del trazado. En este sentido, el coste medio de un kilómetro de ‘bus exprés’ supone una media de 5 millones de euros, mientras que el del tranvía es el doble. Hay un dato revelador: la obra necesaria para implantar el ‘superbús’ rondará los 50 millones de euros (IVA incluido) para 10,2 kilómetros de trazado que, como tiene recorridos de ida y vuelta separados, puede obligar a actuar sobre 20,4 kilómetros lineales. El ramal que llevará el tranvía al campus saldrá a concurso por 17 millones (IVA incluido) y tendrá 1,3 kilómetros.

En cuanto a los vehículos, la diferencia también es notable. Los 769.000 euros por ‘bus exprés’ -incluidas las baterías, que cuestan 42.000 euros por unidad-, son superados por los 2,7 millones de cada convoy del metro ligero. Eso sí, la vida útil de los primeros oscila entre los 12 y los 15 años -algo que algunos técnicos cuestionan porque creen que será mayor-, mientras que cada tranvía funciona sin problemas «de 30 a 40 años».

Riesgo tecnológico

Otros factor sobre el que pivotan las dudas es el coste de explotación del BRT. Según la ingeniería Idom, el mantenimiento del ‘bus exprés’ obligará a abonar 631.410 euros al año, una cantidad que podría incrementarse ante posibles imprevistos, como cambios de batería. En el tranvía esta cantidad asciende a 6,5 millones, ya que incluye el mantenimiento de zonas verdes, del puesto de mando o de la oficina de atención al público, conceptos que no se evalúan en el caso del BRT.

Evidentemente, el riesgo tecnológico que sí existe en el proyecto del ‘superbús’ es otra de las claves. Por eso, el Gobierno vasco plantea la participación de la iniciativa privada, que haría la obra, compraría los vehículos y se encargaría de su mantenimiento a cambio de un canon anual de 7 millones durante 15 años.

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