El Correo

«Tengo a diez desconocidos empadronados en casa y no me dejan borrarles»

El denunciante estuvo ayer en las oficinas municipales.
El denunciante estuvo ayer en las oficinas municipales. / Blanca Castillo
  • Un vitoriano denuncia que el Ayuntamiento le pide «tres meses como mínimo» para eliminar de su piso a unos inscritos inexistentes

Un vitoriano trató ayer de inscribir en el padrón municipal a los nuevos inquilinos de su casa cuando se topó con una desagradable sorpresa. En ventanilla le informaron de la inviabilidad de la operación. La razón no era otra que en ese inmueble ya hay hasta diez personas registradas. Y, salvo uno, un antiguo arrendatario, ninguna conocida por este hombre.

Esa identidad corresponde a un súbdito nigeriano quien dejó recientemente el domicilio «para entrar en prisión». Por lo que el dueño, un alavés de 37 años, se decidió a realquilar la vivienda. «Ese hombre estuvo dos años y sí me pidió permiso para inscribir en el padrón a otro más. Pero enterarme ahora de que son diez...», comparte con EL CORREO.

Además, el propietario ha chocado de pleno con el sistema garantista que impera en la mayoría de instituciones públicas. «Aunque suene increíble, me dicen que no pueden darles de baja». Así que él tampoco puede regularizar a sus inquilinos. La pescadilla que se muerde la cola. ¿Cuánto deberá aguardar? No lo sabe. «Me dicen que tienen que enviarles una carta sin certificar, esperar quince días y como no habrá respuesta, enviar otra certificada. Otros quince días más. De ahí se pasa a publicarlo en el Botha hasta en dos ocasiones. Otros quince días más de trámites... Vamos, mínimo tres meses», enumera visiblemente enfadado con el evidente sinsentido.

Protección de datos

«Sólo pido que les den de baja ‘ipso facto’. Es mi casa. ¿Tan difícil resulta?», se queja en voz alta. Aparte de que tampoco conoce las identidades de estos supuestos inquilinos a los que «nadie en el bloque» ha visto jamás. «Por la ley de protección de datos, en el padrón se niegan a informarme de sus nombres. Y mira, los vecinos sólo han visto a mi inquilino y al que me pidió que dejara empadronar. Del resto, ni rastro», asegura.

Fuentes policiales consultadas por EL CORREO son muy claras al respecto. «Estos empadronamientos ficticios responden a dos causas. Por un lado, personas que buscan antigüedad para poder acceder al sistema de ayudas sociales». En este caso, son necesarios tres años en el padrón.

«Luego están aquellos que ya han superado ese límite pero no viven aquí. Tienen una dirección para cobrar la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) y la Prestación complementaria de Vivienda (PCV)». En este supuesto, la normativa vigente marca un máximo de dos perceptores por domicilio.

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