El Correo

«No se puede dar clase como hace veinte años, hay que renovarse»

Nacho Eguizábal es director general de Egibide desde hace dos meses
Nacho Eguizábal es director general de Egibide desde hace dos meses / Blanca Castillo
  • Nacho Eguizábal, Director general de Egibide, se estrena en el cargo con el reto de implantar la metodología de aprendizaje por proyectos en todas las etapas del centro, desde ESO y Bachillerato a FP

Nacho Eguizábal (Pamplona, 1966) acaba de estrenarse en el cargo de director general de Egibide, un centro con cinco campus -Jesús Obrero, Arriaga, Nieves Cano, Molinuevo y Mendizorroza-, 450 educadores y más de 4.000 alumnos de ESO, Bachillerato y FP. Y lo hace con el reto de renovar la metodología educativa en todas sus etapas. «No se puede dar clase como hace veinte años», afirma este ingeniero técnico industrial que ha dirigido Alboan, la ONG de Cooperación de los Jesuítas, durante una década.

-¿Qué tiene sobre la mesa?

-Estamos metidos de lleno en un proceso de reflexión estratégica con proyectos para los próximos cuatro años. Y ahora mismo el reto central es la renovación del modelo educativo en la ESO, Bachillerato y FP. Vamos a pasar de un proceso más enfocado en la enseñanza a uno enfocado en el aprendizaje. Eso implica que tiene que haber más trabajo autónomo del alumno, de descubrimiento, que al estudiante no se le van a plantear contenidos a aprender sino retos a alcanzar. Este curso hemos empezado a aplicar este método en primero de Secundaria y varios ciclos de FP, pero se irá extendiendo progresivamente.

-¿Las clases magistrales tienen que pasar a la historia?

-Lo cierto es que ya no se puede dar clase como hace veinte años. Hay diferentes formas de dar clase y las tenemos que combinar, porque en materias básicas de la ESO, como Matemáticas o las lenguas, hay que fijar conceptos. Pero las clases tradicionales no tienen por qué ser magistrales, pueden ser trabajos por equipos.

-En Álava ya se habla de Montessori, de inteligencias múltiples o de tablets que sustituyen a los libros… ¿Al final cada centro busca su seña de identidad?

-Sí. Nosotros afrontamos una renovación pedagógica, pero a la vez sin renunciar a lo que da especificidad a nuestro proyecto educativo, que es la orientación y la tutoría.

-¿La renovación metodológica también pasa por las tablets?

-Para acompañar este nuevo proyecto es importante que el alumno tenga su propio portátil. Para ello, acabamos de entrar en el programa Sare Hezkuntza que permitirá a las familias a acceder a becas del Gobierno vasco. Seguramente, en enero de 2017, en primero de la ESO estarán trabajando con un proyecto que se llama 1x1 (un dispositivo por alumno). Quizá no al 100%, porque estas cosas hay que hacerlas progresivamente.

-Su antecesor se marchó lanzando un SOS a las instituciones ante la alta demanda de titulados de FP que se aventura.

-Y yo me sumo. Todos los centros de Hetel (la Asociación de Centros de Formación Profesional de Euskadi de Iniciativa Social), y creo que también les ha pasado en la red pública, han tenido que decir que no a mucha gente que estaba llamando a sus puertas para matricularse. Nosotros este curso tenemos todos los grupos llenos, y eso que tenemos una oferta muy diversa, pero hemos dejado en muchos ciclos tanta gente fuera como la que ha entrado. Además, la recuperación económica se empieza a notar en las aulas. Y hay especialidades en las que no tenemos alumnos suficientes para atender la demanda de las empresas. Por todo ello, nos gustaría duplicar grupos, pero eso significa un esfuerzo del Gobierno vasco porque eso requiere más recursos. Y sobre esto hay que hablar.

Mesa contra la guetización

-Álava afronta el desafío de poner fin a la concentración de alumnado inmigrante en algunos colegios de la red pública. ¿El trabajo en la mesa interinstitucional que aborda este tema y en la que usted participa ha dado ya frutos?

-Llevamos cinco sesiones, nos quedan otras cuatro para presentar nuestras propuestas. Esa mesa es una oportunidad para que actores que vivimos vidas cuasiparalelas en el mundo educativo nos encontremos, expongamos las dificultades que vive cada uno en los centros donde se concentran, no inmigrantes, sino personas de bajo índice socioeconómico y social (ISEC). Lo que estamos hablando es que hay que trabajar a corto y a medio plazo.

-¿Qué hay que hacer a corto plazo?

-Que no se traten las situaciones que son desiguales como si fueran iguales. Es decir, que si un centro tiene un nivel de diversidad mayor, necesita más recursos, y apoyo de profesionales, asociaciones, de la Universidad… No sólo hablamos de euros, sino también de profesionales.

-¿Y a medio plazo?

-Hay que ver cómo se puede trabajar socialmente para que la gente no se concentre en determinados centros. Yo soy partidario de aplicar medidas para que haya centros educativos a los que las familias quieran llevar a sus hijos, independientemente de su ISEC, porque hay un proyecto en diversidad exitoso.

-¿Qué aporta Egibide a esa mesa de trabajo?

-Egibide es un ejemplo de cómo educar en la diversidad. En la ESO el 25% del alumnado es extranjero, aunque luego el porcentaje baja en Bachillerato. Y se puede trabajar y hacer rutas educativas exitosas que acaban en la Universidad o en un grado superior de FP o utilizan las diversificaciones del sistema. Esto no quiere decir que no surjan problemas en una comunidad tan diversa, pero son problemas que se gestionan y con los que un profesorado sensible y preparado como el nuestro es capaz de trabajar. Hay que pensar en una educación en la que la diversidad está y debemos ser capaces de gestionarla en positivo.

-¿El nuevo grado de Ingeniería en Automoción que se ofertará el próximo curso en el campus de Álava es una buena noticia para Egibide?

-Muy buena. Porque eso ofrece una salida adicional a las personas que cursan en nuestro centro el grado superior de Automoción. Incluso estamos hablando con la UPV porque tenemos un taller que utilizamos en nuestro grado superior que podríamos compartir con ellos. Hay muchas sinergias a explorar.

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