El Correo

«No le conocemos, pero cuidamos su lápida»

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Los Rey Porras adecentan la tumba de Francisco, un desconocido. / Rafa Gutiérrez

  • Jesús y Milena se encargan desde hace años de llevar flores a una tumba«desatendida» en el cementerio de Santa Isabel en Vitoria

Un año más, los adornos florales y las muestras de cariño tomaron los camposantos alaveses durante el Día de Todos los Santos en un primero de noviembre especialmente caluroso. El significado que esta fecha guarda para algunas personas es tan especial, que ni la distancia ni el tiempo consiguen poner fin a la tradición de compartir el tiempo junto a aquellos que ya no están. Incluso con algunos que ni siquiera conocieron.

Es el caso de Jesús Rey y Milena Porras, que visitan la tumba de ‘Patxito’ en el cementerio de Santa Isabel desde hace un lustro. No se trata de un pariente, ni siquiera lejano, y tampoco tuvieron la oportunidad de conocer a este hombre llamado Francisco fallecido en 1879, pero eso no les impide compartir momentos en familia junto a su panteón. «Tras hacer una promesa, busqué una lápida que estuviera desatendida y me comprometí a cuidarla como si fuera nuestra», explicaba Milena mientra barría las hojas y la suciedad que deslucían el mármol.

Esta pareja ha encontrado así la manera de recordar a sus difuntos, que descansan en Colombia, y dar a conocer a su hija de 8 años una costumbre que ayer atrajo a miles de vitorianos a los cementerios de El Salvador y Santa Isabel durante toda la jornada. «Es imposible contar cuánta gente pasa por aquí en estas fechas tan señaladas», afirma Emilio, uno de los nueve miembros del Servicio deLimpieza y Mantenimiento del camposanto ubicado en las afueras. Estos trabajadores coinciden en que la verdadera muestra de la afluencia a los cementerios son sus papeleras. «La gente trae consigo tal cantidad de adornos que tenemos que vaciarlas constantemente», aseguraban.

En el exterior del recinto, patrullas de la Ertzaintza y la Policía Local vigilaban que las visitas de los seres queridos de los 7.000 difuntos enterrados en el cementerio transcurriesen sin incidentes. El mayor tráfico se produjo entre las 12.00 y las 14.00 horas, momento en que empezaron a formarse colas para acceder al recinto en coche. No obstante, los autobuses con los que se reforzó la Línea 1, que conecta la calle Prado con el camposanto, agilizaron los desplazamientos con salidas cada quince minutos.

Nieves acude a El Salvador para recordar a su padre cada semana desde hace 40 años, lo que le ha permitido ser testigo de la evolución del lugar. Aunque considera que cada vez menos vitorianos se acuerdan de los suyos en el Día de Todos los Santos, se mostraba encantada con la gran cantidad de centros florales expuestos en la entrada del recinto. «El aparcamiento ha facilitado las cosas: hace unos años las colas que se formaban para visitar a los muertos llegaban hasta las pistas para prácticas de conducción situadas a las afueras», recuerda esta vitoriana amante de las rosas.

«Lo grabo en vídeo»

Los esfuerzos por adecentar el lugar de descanso de los seres queridos tienen su recompensa y hay quien se resiste a verla desaparecer. «Paso más tiempo en Fuengirola que en Vitoria, así que antes de volver al Sur grabo un vídeo del panteón para recordar lo bonito que estaba», confiesa María Sagrario. Tras decorarlo junto a su hermana Purificación durante tres semanas, ambas admiraron su belleza antes de regresar a Madrid y Málaga, sus lugares de residencia.

El sol y las temperaturas agradables que protagonizaron el puente de Todos los Santos animaron a personas de todo el país a desplazarse a Vitoria para rendir un homenaje a los suyos. «El tiempo es lo que marca la diferencia», sentenciaban los empleados del cementerio de Santa Isabel, quienes presenciaron cómo las visitas a los 3.300 panteones ubicados en sus límites se dispararon desde el pasado domingo.

María viajó a Zamora el lunes para atender las tumbas de los familiares de su marido y tener tiempo de visitar las de sus padres y su hermano. Jon López Armentia, de 21 años, compartió la mañana con sus primos de Barcelona, unos de los pocos jóvenes que se dejaron ver entre las antiguas lápidas de Santa Isabel. «Muchos de mis amigos sólo celebran Halloween, pero creo que es posible compaginar ambas festividades», defendía el estudiante universitario.

A escasos metros de su panteón, cerca de veinte miembros de la familia de Amelia Martínez celebraban que su buena salud les permitía reencontrarse un año más. «El regalo que nos hacen los muertos es la alegría de reunirnos año tras año», sonreía junto a su hermana Cristina y el resto de sus parientes, llegados desde Elgoibar.

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