El Correo

El fusilado que sobrevivió en Galarreta

Imagen del soldado que no disparó a Sánchez Mazas en la película ‘Soldados de Salamina’.
Imagen del soldado que no disparó a Sánchez Mazas en la película ‘Soldados de Salamina’. / E. C.
  • Pedro Salinas escapó en circunstancias poco claras del pelotón que le había ejecutado en 1936

La Guerra Civil es una fuente inagotable de guiones de novela y de película. ‘Soldados de Salamina’, fue el cuarto libro de narrativa del escritor español Javier Cercas, publicado en marzo de 2001 por Tusquets Editores. Una mezcla de historia y ficción sobre el frustrado fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, bilbaíno fundador de la Falange y creador de la letra del ‘Cara al Sol’ . La novela es precisamente un viaje a las ideas del soldado republicano que tras la fuga de Sánchez Mazas le encañonó sin dispararle y permitió su huida.

También en Álava hubo fusilamientos frustrados. Ocurrió a los pocos días del golpe militar del 18 de julio.

El 9 de agosto, según relata Javier Gómez Calvo en su imprescindible ‘Matar, Purgar, Sanar’ (Tecnos, 2014), un grupo de 26 requetés navarros armados con fusiles y pistolas se presentó en el pequeño pueblo de Galarreta (Llanada Oriental). «Aprovecharon la apariencia desértica del lugar por la celebración de la misa de domingo para detener al maestro Bernardino Domingo, miembro de Izquierda Republicana y delegado gubernativo hasta el golpe de estado y a Pedro Salinas, acaudalado indiano de simpatías republicanas, que después de las elecciones de febrero de 1936 había sido acusado de fascista por militantes izquierdistas en Zalduondo tras haber defendido en un banquete la figura de Alcalá-Zamora como elemento de equilibrio de la República. Después detuvieron a otros dos maestros, Miguel Gil y Mauricio Rodríguez, igualmente delegados gubernativos en Zalduondo y Gordoa. Los cuatro fueron conducidos posteriormente a la sierra de Urbasa para que un pelotón de fusilamiento acabara con sus vidas. El crimen se llevó a efecto, pero Pedro Salinas consiguió escapar del fatal desenlace en circunstancias poco claras.

Según una nota a pie de página en el libro, el propio Salinas Arregui en un texto inédito titulado ‘Memorias’, «tras tratar de sobornar a los requetés tomó como escudo humano al jefe de pelotón de fusilamiento, aprovechando la oscuridad para huir». Es decir, se puede deducir que Salinas agarró en un momento al jefe de los requetés y poniéndo su cuerpo entre él y los fusiles del pelotón echó a correr sin que nadie consiguiera matarlo. No es la misma historia que Sánchez Mazas que sobrevivió a la descarga y pudo huir por el bosque, a pesar de la búsqueda que hicieron las fuerzas republicanas.

La odisea de Pedro Salinas es de guión de película puesto que acabó en el exilio francés, tres semanas después. Tras huir de sus captores se refugió en el pueblo navarro de Bacaicoa, situado en la carretera de Vitoria a Pamplona, en casa de un primo suyo al que pidió que se pusiera en contacto con diferentes autoridades civiles de Vitoria que habían tenido trato político y económico con él durante su etapa como gestor de la Diputación alavesa entre 1932 y 1933. Aquí entramos en unas circunstancias que pueden parecer extrañas, pero que también ocurrieron en Álava y es que hubo personas adscritas al nuevo régimen que procuraron salvar vidas.

Gracias a los antiguos contactos, Salinas consiguió que el secretario de la nueva Diputación golpista, Pedro Rodríguez Llamas, enviara un vehículo con requetés vitorianos de su confianza hasta el pueblo navarro para conducirle a Vitoria, de forma secreta y dando un rodeo para evitar cruzarse con los requetés navarros que habían tratado de asesinarle. Ya en la capital alavesa, sigue contando Javier Gómez Calvo, fue llevado hasta el Gobierno Civil , donde, presentado a Fernández Ichaso, se le pidió silencio y discreción mientras permaneciera en la ciudad, considerada como «lugar seguro». Poco después unos falangistas vitorianos se enteraan de que se estaba protegiendo a Salinas y, a cambio de su seguridad, exigieron grandes cantidades de dinero (alrededor de 65.000 pesetas de la época) en forma de «donativos». Una vez abonada la cuantía del chantaje, Salinas logró marchar a Francia mientrs en su casa de Galarreta continuaban los registros y también el expolio de bienes por parte de los requetés navarros, al tanto de la ayuda prestada».

Homenaje a los compañeros fusilados de Pedro Salinas.

Homenaje a los compañeros fusilados de Pedro Salinas. / Blanca Castillo

Lo de Vitoria, lugar seguro, no era un mito, pero no siempre salía bien. Inocente Álvarez, un vecino izquierdista de Los Arcos (Navarra) huyó a Vitoria a finales de julio por considerarla una ciudad segura. También Santiago Lucus, capellán castrense del municipio navarro de Pitillas y hombre de ideas progresistas. El primero, sin embargo, fue econtrado por requetés navarros y asesinado. Y el segundo fue encarleado y puesto en libertad el 20 de agosto, pero poco después arrestado por paisanos requetés y asesinado en su provincia natal junto con el concejal republicano Victoriano García Enciso. Ninguno de ellos tuvo la suerte de Salinas, ni su fortuna ni sus contactos, pero que pensaran en Vitoria como lugar para emprender la huida y no trataran de cruzar la frontera o de marchar a Logroño o Zaragoza, informa bien de la baja intensidad de la represión –siempre comparativamente hablando– que se estaba practicando en la ciudad.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate