El Correo

Propietarios de perros piden al Ayuntamiento más «acción» contra los envenenamientos

La plaza de la Virgen Blanca acogió la protesta.
La plaza de la Virgen Blanca acogió la protesta. / Iosu Onandia
  • La plaza de la Virgen Blanca acogió ayer un acto de protesta de los dueños de mascotas

Con una foto de Rocky sobre el pecho y un pañuelo para secarse las lágrimas, Mari Carmen acudía ayer a la Virgen Blanca dispuesta a pelear para que no haya más envenenamientos. El de su Yorkshire de 21 meses fue el último registrado en Vitoria el pasado 26 de septiembre, días después de la agónica muerte de Flecha. Dos casos ante los que 120 dueños de perros, acompañados por sus mascotas, dijeron ayer basta en una concentración en la plaza.

Porque estas muertes han puesto en alerta a un colectivo harto de ver cómo cada año aparece veneno en los parques de Vitoria o mueren mascotas. «La noche anterior estuvo normal, jugando con otros perros. Pero a la mañana, a las siete, fue al baño y tuvo diarreas con mucha sangre. Entonces lo envolví con una manta, y estuvo conmigo. Pero al soltarlo no pudo aguantarse. Echó por todos lados, en el baño, la cocina... Era sangre pura», recordaba esta vecina del barrio de El Pilar, donde también han aparecido bolsitas sospechosas.

Lo llevó al veterinario, que no pudo hacer nada por él. «A los dos días me dijo que lo habían envenenado», evocó. «Su muerte me ha dejado muy mal, lo estoy pasando fatal. Tengo tres nietos y le decía que era mi biznieto. La alegría que me daba, lo bueno que era... A mí me quitó la depresión y ahora la vuelvo a tener por culpa de una mala persona», explicó.

Su caso se suma a la larga lista de envenenamientos sufridos en Vitoria desde 2010. Una situación que ha llevado a los propietarios a organizarse. «Estamos indignados, no vemos que el Ayuntamiento dé ningún paso y la semana pasada se volvió a encontrar veneno, en este caso fideos, en la zona donde murió Flecha –los jardines de Obispo Ballester– y por el parque de Arriaga», denunció Alex Moreno, promotor de la concentración. «No sabemos cómo reaccionar ante un envenenamientos, necesitamos pautas» –reclamó– «porque vemos que el problema no se soluciona».

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