La noche de Amaral se cierne sobre el Buesa Arena

La banda de Zaragoza ha cerrado en el Buesa Arena su gira española./
La banda de Zaragoza ha cerrado en el Buesa Arena su gira española.

Los de Zaragoza dan cerrojazo a la gira española de ‘Nocturnal’ en un bolo en el que hilvanaron bajo un manto de estrellas en LED sus últimos temas con himnos pop como ‘El universo sobre mí’ ante 1.700 almas, según la organización

JORGE BARBÓ

Anoche, de tan menguante, la luna apenas se podía distinguir en el cielo de Vitoria. Apenas una rodajita en mitad del cielo negro como el carbón. Pero en el Buesa Arena se asomó llena. Este sábado Amaral recaló por estos lares para cerrar el tramo español de Nocturnal, el noctámbulo tour con el que los de Zaragoza han paseado durante estos meses su último trabajo. Prometía ser uno de los bolos del año en la capital. Y no defraudó a las 1.700 almas (según la organización, bastantes menos a ojo de buen cubero) que se encendieron con el pop de calidad de la banda.

EL SETLIST

Unas veces se gana y otras se pierde
Revolución
Kamikaze
Salir corriendo
No sé qué hacer con mi vida
Nocturnal
Lo que nos mantiene unidos
El universo sobre mí
500 vidas
Estrella de mar
Noche de cuchillos
Ratonera
Moriría por vos
Cómo hablar
La ciudad maldita
Marta, Sebas, Guille y los demás
Cuando suba la marea
Chatarra
Días de verano
Cazador
Hacia lo salvaje
En el tiempo equivocado
Llévame muy lejos
Sin ti no soy nada
Nadie nos recordará

Una hora antes de que comenzaran a entonar los primeros compases, el público comenzó a llegar con cuentagotas al pabellón. «Hemos crecido con sus canciones», apuntaban Guadalupe y Julia, entrada en mano, a la entrada. Otros llevaban horas a las puertas, para asegurarse la primera fila. Fue el caso de los almerienses Carmelo, Miriam, Macarena y Esther, que se metieron entre pecho y espalda kilómetros de asfalto para aburrir, sólo para no perderse el cierre de gira del grupo. «Teníamos que estar sí o sí, son increíbles», apuntaron poco antes de que brotara la bruma y ella, la menuda Eva, lo eclipsara todo. Fue su noche.

Arrancaron con Unas veces se gana y otras se pierde de su última rodaja, pero el público no se encendió de verdad hasta el segundo, un Revolución en que la Amaral estalló como un volcán, desatadísima ella, para encarar después, a puro nervio, un Kamikaze, que lo mismo le pone a un radioformulero que a un enteradillo musiquero. Con la misma entrega siguió con ese Salir corriendo que desempolvaron con tal pegada que, por momentos, parecía que la menuda antidiva noire de pelo azabache y espalda tatuadísima se estaba marcando una epiléptica clase de zumba. Con lógico sobrealiento, tras el eskerrik asko de rigor, No sé qué hacer con mi vida, el noctámbulo Nocturnal y Lo que nos mantiene unidos se sucedieron mientras en la pista las niñas monas se hacían selfies con morritos con el rouge de los labios bien subido y bien de hashtags escotados.

'El universo sobre mí'

«Esta noche sí que tenemos un universo sobre nuestras cabezas», soltó Eva, (casi) al desnudo, con transparencias pedrocheras y señalando la lograda escenografía de constelación LED que se hicieron traer hasta el Buesa, antes de entonar los primeros compases de un El universo sobre mí que hizo que Naroa y Joaquín se fundieran en un beso largo, húmedo y, sí, pelín empalagoso. «Es que nos conocimos con esta canción. La bailamos en nuestra boda en vez del típico vals», contó ella mientras él no sabía dónde meterse. Fue, precisamente, en temas como Estrella de mar, Como hablar ¡es increíble que hayan pasado 16 años!-, Marta, Sebas, Guille y los demás, en los que el público, hasta el más pasivo que se apoltronaba en esos graderíos que se quedaron grandes, se desató.

Y es que el tiempo viene a confirmar que los de Zaragoza han parido en todos estos años auténticos himnos pop que trascienden modas y hasta edades. Hasta evocar pura nostalgia. Que es sonar aquello de «Como Nicolas Cage en Leaving Las Vegas» al arranque de Moriría por vos y, qué demonios, a uno le comienzan a salir granos y le parece estar en una de esas sesiones de disco light de sábado por la tarde, con tragos furtivos de puaj- Martini con limón, cuando las niñas se ponían tontitas con las de Amaral.

Sin rastro de ese pop meloso que se le presupone al combo maño, y con guitarras ágiles, bajos hondos y una batería con pegada -desde luego, el Sexy Sadie es de los que mejor le saben dar en el solar patrio- Eva se sacó una rara y remota jotera eléctrica con No quedan días de verano y junto al hacha Juan Aguirre encararon unos bises con En el tiempo equivocado, el Llévame muy lejos que le da relumbrón a su último LP y un Sin ti no soy nada con el que habrían dejado muy arriba el último bolo de la gira.

Pero se dejaron llevar, con acierto, por la poesía y decidieron dar la última puntada con ese Nadie nos recordará que dio pie a que la frontwoman soltara un «Siempre nos acordaremos de esta noche» que sonaba tan sincero como los agradecimientos a cada uno de los currelas que siguen en gira al grupo. Del 'road manager', al ingeniero de sonido hasta el tío de las camisetas y los tipos que se montaron a pulso el escenario, la Amaral los fue nombrando en unos títulos de crédito, en uno de esos gestos que demuestran que lo de estrellonas no va con ellos. Por mucho fulgor que tengan. Y vaya si brillaron anoche.

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