El Correo

«Somos un iceberg y Eva, la punta»

Juan Aguirre y Eva Amaral, un dúo que ha mantenido su personalidad pese al éxito logrado. Hoy presentan ‘Nocturnal’ en Vitoria.
Juan Aguirre y Eva Amaral, un dúo que ha mantenido su personalidad pese al éxito logrado. Hoy presentan ‘Nocturnal’ en Vitoria. / ELCORREO
  • Juan Aguirre Guitarrista de Amaral

  • La banda aragonesa cierra esta noche en el pabellón Buesa Arena la gira de su más reciente disco, ‘Nocturnal’

Puesto en la balanza con el papel de ‘frontwoman’ de Eva Amaral, Juan Aguirre es la parte más silenciosa del popular dúo. Pero no muda. Y no sólo porque se haya hecho notar cuando le han molestado los políticos. Desde los coros y las guitarras hasta las ideas y melodías se conjugan con la voz cantante y sus aportaciones para construir uno de los cancioneros más conocidos y honestos del ámbito pop en España. Esta velada, el pabellón Fernando Buesa Arena será la sede de ‘Nocturnal’ en el ocaso de su gira de presentación, a partir de las 21.30 horas.

–Arrancaron la gira en Bilbao y la cierran en Vitoria. ¿Tienen algo con el público vasco?

–Nos hemos sentido muy conectados con el público vasco, desde el principio. Recuerdo que uno de los primeros conciertos que hicimos fuera de Zaragoza, cuando todavía no habíamos grabado nada y éramos un grupo totalmente ‘underground’, fue en Bilbao de teloneros de un cantautor irlandés. Y lo de empezar allí y terminar en Vitoria es casualidad, aunque nos sentimos muy a gusto así.

–Nació en San Sebastián. ¿Tiene algo de donostiarra, DNI aparte?

–Hombre, tengo familia, pasado y muchos amigos. Y una especie de melancolía respecto al mar de aquellos que hemos nacido en la costa y luego hemos crecido en el interior.

–Hablando del pasado, hace muchos años que escuchó una guitarra eléctrica y se cayó del caballo como San Pablo. ¿Quién la tocaba?

–Yo creo que no ha aparecido un solo fuego en el camino. Los primeros recuerdos tienen que ver con la música más inmediata, más conocida y popular que podía sonar en mi casa. Es una mezcla de todo, ponga ahí a los clásicos si quiere, lo que podían poner mis primos, lo típico.

–¿Con qué efecto?

–Le hablo de un niño que se fascina por todos los sonidos que escucha y que para él son absolutamente nuevos. Cuando ya tocaba, siendo un adolescente, me cambió la vida musicalmente hablando escuchar las guitarras de doce cuerdas y a aquellos que hacían melodías con ellas.

–¿Cómo fue?

–Fue como pasar de entender la guitarra como un instrumento exclusivamente de potencia a descubrir que se podían hacer cosas que parecían más un arpa. Más que una explosión de energía y velocidad. Desde los Byrds –siempre me he declarado un gran fan de Roger McGuinn– hasta todas las bandas de los 90 y finales de los 80 que heredaron un poco ese concepto. Estos son recuerdos de adolescencia.

–Luego, uno va evolucionando...

–Uno va evolucionando y no sólo te llaman la atención las cosas que están hechas con guitarras. De hecho, últimamente escuchamos mucha música electrónica o de tradición de música negra, donde predomina el bajo. Está muy bien recordar aquelos flechazos con el instrumento pero somos muy de mirar al futuro y de la insatisfacción por recorrer caminos por los que no hemos pasado nunca. Esto es algo que tenemos en común Eva y yo. Somos una banda bastante inconformista y que mira al futuro.

La filosofía de Amaral

–Hablando de esto, han conocido el éxito y la radiofórmula, antes de ir por su cuenta. ¿Echa de menos algo de aquello?

–No, no. Es que nosotros no lo vemos como épocas separadas o etapas diferentes. Creo que la filosofía de la banda ha sido siempre la misma. Estamos agradecidísimos a todo el público porque la banda ha crecido básicamente por el boca a boca. Y a los medios que han hecho de Amaral un proyecto que ha superado todas nuestras expectativas.

–¿Cómo eran?

–Cuando empezamos a tocar podíamos pensar que el grupo iba a funcionar, porque la gente se entusiasmaba cuando tocábamos en los bares. Pero no éramos capaces de ver el alcance del proyecto. La filosofía de la banda ha sido la misma. Creo que tiene más que ver con el entorno que alguien publique que Amaral se autoeditan en 2011, cuando llevábamos haciéndolo desde 2007. Somos tan poco atentos a las cosas que tienen que ver con la mercadotecnia que ni lo habíamos explicado ni le habíamos puesto nombre a nuestro sello. Estamos agradecidísimos, es un sentimiento que compartimos los dos y no tenemos ni palabras ni redes sociales suficientes para dar las gracias a todos los que nos han permitido hacer lo que más amamos. Siempre de forma absolutamente libre y entendiendo la música como un medio de expresión. Nunca hemos querido repetir la misma historia dos veces.

–¿Cuánto han cambiado las canciones de ‘Nocturnal’ en estos meses de conciertos?

–Han evolucionado para bien, como podréis ver en el Buesa Arena. Pienso que están construidas sobre bases bastante sólidas y en directo tienen algo de hipnótico, toda la banda sentimos energía tocándolas. Estamos muy contentos tanto con el público como por la parte sonora.

–¿Hasta qué punto ha sido natural la convivencia de estos temas c0n el material previo?

–En este caso, desde los ensayos. Ya incluimos algunas canciones en un par de festivales antes de grabar. Para nosotros, cuando nos ponemos a tocar puede cobrar sentido una de cuando vivíamos en Zaragoza o de las últimas. Conviven perfectamente y la gente creo que lo percibe.

Dylan, «clásico y referente»

–¿Cómo es Amaral en directo en octubre de 2016?

–Tocamos como si fuera la primera vez que subimos al escenario. Es como algo hipnótico, como una especie de iceberg de energía donde la punta es Eva. No somos demasiado racionales cuando tocamos, hay un punto de descarga y lo más importante es lo que no se racionaliza. Creo que es lo que le da sentido a un concierto.

–¿Cuánto espacio se dan entre Eva y usted para lo improvisado en directo?

–Todo. No recuerdo haber tocado una canción exactamente de la misma manera. El esquema puede ser el mismo, con una melodía y un hilo conductor rítmico. Pero pueden variar timbres, texturas sonoras e incluso figuras armónicas. Los ‘riffs’ nunca se tocan igual. Creo que la repetición y la música no se llevan bien.

–Eso o sabe muy bien Dylan, para quien han abierto conciertos. ¿Se posiciona con el Nobel?

–No voy a entrar. Dylan es un clásico y un referente, tanto en textos como en manera de hacer música, con premio y sin él.

–¿Cuántas guitarras y de qué tipo se lleva de gira?

–Una de doce cuerdas, tres Gibson diferentes, una acústica de doce para hacer una Eva y yo solos. Ella lleva otra acústica, su Telecaster y una Rickenbacker.

–¿Qué supone que a uno le cambien las cuerdas y le pongan a punto los instrumentos en gira?

–Es un lujo. Conviene no olvidarlo. Aunque llevemos mucho tiempo viajando con técnicos –la mayoría, desde 2000– no es lo que sucede con el común de las bandas en este país. Y hay que estar agradecidos y no olvidar de dónde viene uno.

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