El Correo

El árbol santo de Estarrona

El árbol de Estarrona, símbolo del pasado alavés.
El árbol de Estarrona, símbolo del pasado alavés. / MORA
  • Con una de sus tronzas se realizó una mesa redonda de tres metros de diámetro que se llevó a la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1930

El 17 de septiembre de 1921, El periódico La Libertad de Vitoria publicó un artículo titulado ‘Nuestro árbol santo’ que nos muestra que hace casi cien años también existían voces que defendían el valor patrimonial y natural de los árboles viejos y añosos. El periodista que firmaba como «Un aldeano» expresa una sensibilidad que sorprende.

«Tenía Álava como una de sus joyas más preciadas de la riqueza forestal, el árbol de Estarrona, testigo de la batalla de Vitoria, cantado por los poetas, ensalzado por los prosistas, admirado por los forasteros, reproducido por las innumerables revistas ilustradas de España y del Extranjero. Pues ya no existe.

No he visto yo sus ruinas pero un caballero entusiasta de nuestro pueblo y de nuestras cosas me ha dado esta tarde la desdichada noticia.

Llevó ayer a varios forasteros para que admiraran el árbol sin par, el gigante de nuestros campos y lo vio, casi con lágrimas en los ojos, incendiado y derribado.

El famosísimo árbol de Estarrona resistía a su ancianidad; a las inclemencias del tiempo; a las maldades de los hombres-bestias que lo quemaban inmisericordes. Cuanto mayor era el ya enorme hueco que en su recio tronco producían los fuegos, más savia, más lozanía, más vigor adquiría el coloso; su copa se ensanchaba y seguía arrogante, gallardo, magnífico viendo transcurrir siglos y siglos.

Si es cierto lo que se me ha denunciado – y ni por un momento lo dudo–, debían de intervenir las autoridades, asesoradas por los hombres de ciencia, y ver si existen responsabilidades, a quién pueden cargarse y sentar bien la mano a quien sea».

Noticia con poema

La noticia iba encabezada por el siguiente poema

Los árboles son la vida;

la lluvia caudal del cielo;

la leña que nos calienta;

la sombra que apetecemos.

Tierra sin árboles, tierra

de miseria y desconsuelo».

Hasta aquí este hermoso artículo sobre el venerado respeto de los vitorianos de la época a un árbol.

Un roble venerado

Aquel árbol, un roble pedunculado, al parecer, fue muy especial, como lo fueron el de Elorriaga y el ron de Ascorri, en Abornikano, en cuyo hueco llegaron a vivir seis personas. Todos han desaparecido.

Sobre el roble de Estarrona han investigado Jonathan Rubines y Marta Villota, de la empresa Ekograma. Y han perfilado todo lo que se puede saber de aquel coloso.

«A principios del siglo XX, los vitorianos tenían a 6 kilómetros de la ciudad un privilegio único, uno de los robles más grandes conocidos. El roble de Estarrona o árbol gordo de Estarrona era un gigante de 10 metros de perímetro y 9 metros de altura hasta la ramificación de sus ramas principales. Era el más grande de los que había en el bosque de Estarrona y Otaza, y aunque el bosque sobrevivió hasta los años 70, el árbol gordo sucumbió a la sierra en 1927.

Sabemos que una de sus tronzas (un corte transversal) se llevó al pueblo de Estarrona y se colocó junto a la iglesia. Posiblemente, se acabaría pudriendo con el paso del tiempo. Con otra tronza se realizó una mesa redonda de tres metros de diámetro que se llevó a la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1930. Allí, en el hall de uno de los pabellones de las Tierras Vascongadas, se colocaron trípticos sobre los valores turísticos alaveses, y sobre sus 450 anillos de crecimiento se mostraron los momentos más reseñables de la historia reciente de Álava.

Aprovechando la longitud del árbol se talló una mesa maciza de roble para el palacio de la Diputación, donde podían sentarse hasta 24 personas. Hoy en día aún se busca la tronza que se llevó a Sevilla y la mesa del palacio, con la esperanza de encontrar parte del patrimonio del roble de Estarrona. Quién sabe qué historias seguirá contando ochenta y nueve años después de su muerte.

El periódico Pensamiento Alavés del 26 de enero de 1935 nos aporta más datos acerca del futuro de este magnífico ejemplar y de su relación con la Escuela de Artes y Oficios: «Tirado nuestro árbol gordo de Estarrona, la Diputación lo regaló a la Escuela de Artes y Oficios, y ésta ha tenido que satisfacer 431 pesetas por cuarenta y un jornales invertidos para cortarlo y poderlo meter en el local». Cuesta imaginar la titánica labor de transportar y cortar semejante mole de madera con los camiones forestales y las sierras de la época; un espectáculo digno de ver. El periódico completa la historia diciendo que «El tronco está en el taller de ebanistería de la ‘Universidad del obrero’ haciendo ¡el pobre! estorbo, pues podrido por completo, no sirve absolutamente de nada».

Sabemos por tanto, que el árbol se derribó, y que estuvo en la Escuela, pero ¿se realizó alguna mesa o alguna pieza en el taller de ebanistería? ¿Se conserva hoy algún trozo del roble de Estarrona? Quizás las memorias de la Escuela de Artes y Oficios nos den alguna pista y algún día podamos rescatar algún objeto que convierta de nuevo el árbol de Estarrona en un símbolo vivo. Algo que nos recuerde lo que un viejo árbol puede representar para la ciudadanía.

La fecha del derribo

¿En 1921 o en 1927? La pregunta es: ¿cuándo se derribó el árbol realmente? Es difícil saberlo. Pero la Revista Bascongada tiene una respuesta. En una fecha indeterminada nos llega a hablar de dos árboles. Este es el artículo:

«Aparte de la célebre encina de Arciniega, y de muchas otras de Urcabustaiz y Zuya, en las puertas mismas de Vitoria, á cinco kilómetros, se encuentran los montes de Otaza y Estarrona, en donde abundan árboles de 4, 5 y 6 metros de circunferencia, que alcanzan una altura de 18 y 20 metros», señala la crónica.

En el monte de Estarrona hay dos, uno particularmente, que se señalan como notables. Son restos de aquellos bosques, druídicos, dibujados por Doré, con brazos retorcidos que se extienden á larguísima distancia, formando ángulos raros y caprichosos. El menor no aparenta lo grande que es, por lo armoniosamente formado. Sube el tronco cilíndrico é igual, sin sinuosidades ni agallas, hasta la altura de unos ocho metros, y allí se divide en brazos, cada uno de los que es un árbol corpulento.

«Ochocientos o mil años»

Desde la carretera, allí, á la derecha, se ven asomar sus copas, que alcanzan más de 20 metros de altura, por encima del macizo bosque, en el que abundan las palomas.

Mide el uno ocho metros, y para abrazar el otro que tiene una circunferencia de nueve metros se necesitan siete personas. Puede calcularse su edad de ochocientos á mil años».

Todavía quedan algunos robles de esa mancha cercana al pueblo de Guereña. No tienen que ver con lo que aquí se cuenta. Aquel bosque de Estarrona fue devastado en los años 70 por culpa la concentración parcelaria. Pero esta mirada al pasado nos permite reconciliarnos con algunos antepasados que sí daban valor a los árboles sagrados.

(Más información en http://www.ekograma.com/2015/07/09/la-mesa-del-roble-de-estarrona/).

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