El Correo

La noche se apaga en San Prudencio

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Una pareja disfruta de unas consumiciones frente al Teatro Principal. / J. Andrade

  • Tras el cierre del pub HF, el ocio nocturno escasea en la céntrica calle, con el karaoke Down Street como opción más atractiva

Son las doce de la noche, es sábado y la calle San Prudencio se asemeja más a un desierto oscuro que a cualquier otra cosa que podría ser una de las principales arterias del centro de la capital alavesa. A pesar de que la temperatura es agradable y que del cielo no cae ni una gota, las terrazas de la calle están prácticamente vacías y la gente que circula por allí lo hace sin detenerse para llegar a otro destino concreto. EL CORREO recorre una de las zonas que en mejores tiempos fue uno de los epicentros de la marcha nocturna vitoriana para dar con las claves de su declive.

Después de que el pub HF bajara la persiana el jueves de la semana pasada, el tramo entre San Antonio y Dato poco tiene que ofrecer a los trasnochadores. Aun así, algo queda. La taberna Alkartetxe, especializada en gastronomía vasca y pintxos tradicionales, da a sus clientes la opción de tomarse una copa dentro del local o en su terraza; sin embargo, pocos minutos después de la medianoche un camarero retira el cartel de la puerta y comienza a recoger sillas y mesas.

En el otro tramo de la calle, desde Dato hasta Fueros, todavía queda un puñado de gente cenando bajo la luz de la luna en las mesas del restaurante Donga. Son en su mayoría grupos de adolescentes que aportan el toque de ‘vidilla’ al lugar pero que pronto se levantarán de allí.

En la terraza del contiguo Camerino, Paula y Javi toman una caña en la única mesa ocupada. «Hace unos años, cinco o seis, recuerdo salir por aquí y que había muchísimo ambiente. Ahora, la gente no sale por San Prudencio casi ni en fiestas», dice ella. «Precisamente estábamos comentando el poco movimiento que se ve y lo sucia que está la calle», añade Javi mientras señala las bolsas y envoltorios que manchan el suelo a la entrada de los cines. «Tenemos licencia hasta las seis pero si no tenemos ningún evento especial, normalmente los fines de semana cerramos hacia las dos y media o tres. Sobre todo, se quedan a tomar una copa los que han estado cenando aquí», explica desde detrás de la barra Alain.

En la acera de enfrente, Camila espera a que algún cliente entre al bar Taberna, completamente despejado. «Esta zona es mucho más de poteo, y por la noche se vacía. Estamos preparados para todo pero no hay movimiento nocturno. Durante el día podemos servir más de 300 botellas de vino, pero no llegamos a las 100 copas», ilustra la camarera. Tras los cierres de locales como el Dakar, el Molly Malone o el Juke Box, poco queda del ambiente festivo que albergó hace años la calle. En el espacio que ocupó el Oker, el chef Josean Merino, propietario del PerretxiCo, tiene previsto abrir una taberna marinera.

Del Casco Viejo a la discoteca

Pero a pesar de lo que cualquier paseante podría pensar un sábado a la noche, no todo está perdido en San Prudencio. La fiesta se esconde al final de unas escaleras, las del mítico Down Street, que desde fuera parece calmado pero que dentro esconde su mejor arma para atraer a los amantes de la juerga y también a quienes sueñan con hacer giras por los escenarios de medio mundo. La clientela disfruta de lo lindo con el karaoke, y temas tan dispares como ‘Vicio’ de Reincidentes o ‘Amante Bandido’ de Miguel Bosé se mezclan con los últimos éxitos o música latina que anima a mover las caderas. «Nos mantenemos gracias a esto», asegura Javier Lastra, propietario del local, en referencia al karaoke.

«La tarde ha bajado pero nosotros trabajamos muy bien a la salida de los restaurantes. Sobrevivimos por ofrecer al público algo diferente, pero sí que es cierto que la calle está muy muerta los sábados, y los viernes no sale nadie», reflexiona. «La gente no baja desde el Casco Viejo o Mateo Moraza hasta aquí. Como tienen licencia de pub, cuando cierran aquellos bares ya es hora de irse a la discoteca o casa», prosigue.

A pesar de lo complicado de la situación, este empresario seguirá innovando para ofrecer una alternativa a los típicos bares de copas y para finales de año está preparando un innovador formato de karaoke en el que los participantes se tendrán que disfrazar y serán grabados por una cámara, así el que más votos obtenga ganará una cena. Es evidente que todavía queda un oasis de diversión en el desierto festivo del centro de Vitoria.

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