El Correo

El campo alavés se reinventa

Mikel Insagurbe en medio de dos vacas Angus en Ozaeta.
Mikel Insagurbe en medio de dos vacas Angus en Ozaeta. / Igor Aizpuru
  • Vacas sin cuernos, fresas con aroma, superverduras o legumbres de antes, también al agro llega la innovación

A pesar de representar poco más del 1% del Producto Interior Bruto (PIB) alavés, el sector primario sigue teniendo un peso formidable en la gestión del territorio. Sólo los agricultores cultivan en torno a 65.000 hectáreas, más del 21% de la superficie total del territorio. La pérdida de peso en los últimos años es evidente, pero los trabajadores del campo no se rinden. Los hay con verdadera pasión por la tierra y con ganas de comerse el mundo. Los ejemplos que hemos seleccionado son representativos de gente irreductible a la que no le importa pasar en algún momento por el fracaso, que es algo que va inherente al atrevimiento. Han luchado contra viento y marea para sacar adelante sus proyectos. Detrás hay mucho trabajo y sufrimiento que no transcienden y acaban reivindicándose con una frase: «Todos necesitan tres veces al día a un agricultor».

Mikel Insagurbe Ganadero

«La vaca Angus es manejable y de carne sabrosa»

Mikel Insagurbe (Ozaeta, 36 años) pasa tranquilo entre su veintena de vacas de raza Aberdeen Angus, negras y sin cuernos, en un roturo entre robles, en las cercanías de Ozaeta, al pie de la sierra de Elgea. De familia ganadera, este ingeniero agrícola se gana la vida como técnico de una de las cooperativas de servicios de la UAGA. Es de esas personas que lleva su sueño en la mirada: montar una granja de vacuno, una idea que le ha obsesionado siempre, pero con un concepto claro: «El futuro pertenece a los pocos que todavía están dispuestos a ensuciarse las manos», un lema de luchador que tiene colgado en su facebook.

Se acaba de ensuciar las manos. Hace año y medio se trajo unas cuantas vacas madres de raza Angus desde Irlanda, tras pasar un tiempo en Escocia –de donde son originales–. «En ganadería tradicional en Álava todo está inventado. Con las razas de fuera y con las autóctonas como las terreñas no queda sitio para nadie. Hay que tener más de 100 y una fuerte inversión para poder vivir de esa actividad. Yo quería algo diferente, algo que aportara valor añadido. Y este ganado lo tiene todo. Es fácil de manejar en las fincas porque son muy pacíficas, un asunto que me preocupa porque he tenido más de un disgusto con los cuernos de las vacas. Y al ser la extirpe más antigua del mundo con libro genealógico, se puede demostrar que es auténtico Angus, una carne tan buena, que cotiza un 25% más que la normal», relata Insagurbe.

Para él es como estar ante «un cerdo ibérico de bellota», con la ventaja de que come el pasto sin dejar una brizna de hierba y al ser de menos envergadura no necesita tanto pienso, ni tanta mano de obra para su manejo. «La clave es la sencillez del proyecto. Eso sí utilizo todas las herramientas tecnológicas nuevas para controlarlas, evaluar su estado, seguir sus embarazos. Su carne tiene un gran éxito, es sabrosa, y ya está en algunos supermercados».

Txema Mz. de Antoñana Horticultor

«La superverdura kale es un alimento muy completo»

¿Han oído hablar de la col rizada kale? Se trata de la hortaliza que arrasa en Estados Unidos y Europa entre los paladares más exigentes. Hasta Michelle Obama la ha plantado en su huerto de la Casa Blanca. Es lo que hoy se llama un superalimento o superverdura por sus propiedades y nutrientes. Una bomba saludable en una sola planta: antioxidantes, vitaminas, calcio, potasio y pocas calorías.

En el mercado de los jueves y los sábados de la plaza de Santa Bárbara de Vitoria, Txema Martínez de Antoñana, 52 años, la vende junto a otro montón de verduras y hortalizas que cultiva en su huerta ecológica de Orbiso como la novísima, bimi, un brócoli mejorado por los japoneses. Agricultor de toda la vida, siempre ha buscado nuevos caminos y cultivos diferentes. «Sigo la huella de mi padre. Un día tuve una experiencia dura con una mezcla que hice con fertilizantes y me dije que aquello no podía ser y lo que es malo para mí, también lo es para la gente. Ahora he empezado con la agricultura regenerativa, suelos limpios de abonos industriales».

El hortelano lamenta la distancia que se ha agrandado entre el campo y la ciudad. «La gente desconoce lo que come. Pero aseguro que el que come nuestras verduras sale muy contento. Para mí, la mayor satisfacción es cuando me dicen lo rico que está lo que han comprado».

Santiago Osa Horticultor

«Mis fresas huelen y saben a fresa»

«Hubo un tiempo en el que los tomates sabían a tomate, las uvas tenían pepitas y las manzanas no eran todas iguales. Hubo un tiempo en el que las fresas sabían a fresas». No está nada mal cómo se anuncia Fresaraba en su página web, invitando a realizar un viaje en el tiempo, un regreso a los sabores que se recuerdan.

Santiago Osa, un psicopedagogo de profesión que trabaja en la Diputación, instaló hace 8 años en un valle de Ribera Baja, en medio de rastrojos que estos días sirven de pasto a las ovejas de la zona, un complejo de invernaderos para cultivar fresas. «La idea me vino en Wimbledon. Allí se las comen en verano, fresas locales que tienen olor y sabor. ¿Cómo lo podían hacer con tan mal tiempo?, me pregunté. Cuando obtuve respuesta me dije que aquí podía salir adelante», cuenta.

No ha sido fácil. Los primeros años se fueron tratando de sujetar los plásticos del invernadero que volaban a la mínima ocasión. Ha instalado un circuito de riego reciclable, depuradora de arena, placas solares para mover toda la maquinaria y un método de cultivo, el sistema hidropónico que permite regular la nutrición de la planta y hace sencilla la recogida del fruto. En cuatro horas las fresas recogidas por la mañana están en las tiendas vitorianas y un poco más tarde en los restaurantes con estrellas Michelin de San Sebastián. «Hay que arriesgar y sueño con contratar más personal que los 2 fijos y 3 temporales de ahora», dice.

Compra abejorros para polinizar las flores y ha preparado un invernadero a prueba de huracanes. Todo para que las fresas sepan a fresa.

José Luis Fresno Gerente de Garlan

«En 10 años hemos pasado de 15 a 250 toneladas de legumbre, como la alubia»

La cooperativa Garlan es la más importante del territorio. Ha crecido desde su nacimiento hace 30 años hasta reunir a unos 700 agricultores. La creación de nuevas actividades que complementen la economía de los grandes cultivos extensivos, cereales, patata y remolacha, es una obsesión desde el comienzo. Se apuesta y a veces se pierde. La quinoa, un producto de moda, no ha acabado de cuajar en tierras alavesas. «Lo hemos tenido que dejar. El producto es muy exigente y hay poca gente emprendedora que se la quiera jugar. Un cultivo nuevo es riesgo. Sin embargo, con las legumbres, igual que con la colza, se ha producido un doble éxito. Muchos de nuestros socios se han lanzado porque es un producto viable. Además, se ha conseguido que otros agricultores que no son socios las planten también», destaca José Luis Fresno, gerente de la cooperativa.

Un cultivo tradicional a punto de desaparecer en Álava se ha abierto hueco en el mercado, con el impulso de Garlan. «La pinta alavesa es la estrella, pero tenemos otras muy buenas como la alubia arrocina, la negra, la haba txiki, y los garbanzos. Desde el punto de vista agronómico e incluso ecológico son formidables porque mejora el rendimiento de la tierra, fijan el nitrógeno, permite la rotación de cultivos y entramos en los parámetros que nos exige la UE», agrega Fresno.

Las 250 toneladas al año de alubia y legumbre o las 1.000 hectáreas de colza están lejos aun de producciones en Álava como la de cereal de este año que se ha ido a los 178 millones de kilos. «Aún es poca cosa, pero el producto es de tal calidad que además de conseguir la denominación Eusko Label, en el caso de la pinta, hemos conseguido que el consumidor compruebe que es un alimento estupendo y producido en Álava. Nosotros además hacemos talleres y tratamos de que la gente le saque todo su rendimiento».

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