El Correo

Ferran Latorre: «No vendo humo, vendo optimismo»

Latorre, retratado ayer en el Palacio Europa de Vitoria.
Latorre, retratado ayer en el Palacio Europa de Vitoria. / Rafa Gutiérrez
  • El alpinista y 'motivador' ofrece en Vitoria una conferencia motivadora para emprendedores antes de encarar el reto de conseguir su 14 ‘ochomil’

Tan solo 20 metros le separan de su gélida meta. Jadeante, avanza sobre el hielo con esfuerzo, como si le hubieran albardado las piernas en puro hormigón armado. Con los labios a punto de nieve, al borde de la congelación, el alpinista consigue alcanzar la cima del K2 en medio de una ventisca endiablada. Acostumbrado a las rocas escarpadas y al goretex, Ferran Latorre (Barcelona, 1970) parece igual de cómodo entre corbatas. A sólo un paso –millones, en realidad– de convertirse en «el primer catalán que alcanza 14 ochomiles», el alpinista ofreció ayer en el Palacio Europa de Vitoria una conferencia en la entrega de los premios Emprendedor XXI de La Caixa en la que trató de motivar a los empresarios a encarar sus propias montañas, cargados con maletines llenos de balances, cuentas y resultados. Y sin sherpas.

–¿Qué le empuja a hacer el petate y a arriesgar su vida para subirse al techo del mundo?

–Para explicar el por qué del alpinismo siempre hablo de tres impulsos. Está la conquista de la belleza, la curiosidad y el reto puramente deportivo, en sentido abstracto. Cuando veo una montaña, me llama a conquistarla. Y, después, está la realización personal, esa satisfacción de lograr algo que te parece imposible.

–Cada vez más deportistas de élite se dedican a ofrecer conferencias motivadoras a ejecutivos ¿Qué pretenden?

– Yo no intento convencer a la gente ni descubrirle cosas, mi misión es inspirar.

–¿Y lo consigue?

–Quiero creer que sí. Me costaría dar este tipo de charlas si sólo fuera un deportista. El alpinismo tiene esa incertidumbre, que conlleva consecuencias graves, y ese plus le da más sentido a estas charlas. Me gusta pensar que inspiro esa voluntad de tirar adelante.

En la cumbre

–Hay quien dice que sólo venden humo.

–No, en todo caso creo que vendo optimismo. Es que vivir es duro, emprender es muy duro. En cualquier proyecto hay momentos en los que abandonarías.

–¿Cuál es la mayor cuesta que tiene que afrontar?

–En mi caso, el propio proyecto de vivir de la montaña, que no es que sea difícil, es que, directamente, es un milagro.

–¿Qué se siente al alcanzar una cima, al sentirse en la cumbre?

–Es un momento sentimentalmente muy intenso, es la eclosión de un esfuerzo muy grande. Desarrollas una adicción a ese momento.

–Pero dicen que lo importante es el camino.

–Sí, pero eso es muy literario. El instante de hacer cumbre es precioso, gozas del éxito y te deja muy tranquilo contigo mismo.

–Ahora pretende hacer cima en el Everest, ¿qué supone para usted semejante proeza?

–Creo que en ese momento encontraré cierta justificación a mi vida, sobre las decisiones y los caminos que he elegido hasta ahora.

–¿Es cierto que los problemas parecen más pequeños si se toman con perspectiva?

–Es verdad que estar tanto tiempo en un campo base, la distancia, vivir en países no tan desarrollados como el nuestro... te ayuda a relativizar todos los problemas que tenemos aquí. Enfrentarte a la muerte hace que valores mucho más el simple hecho de vivir.

–Entonces, los dramas cotidianos le tienen que parecer nimiedades.

–Cada uno, en su contexto, tiene derecho a sufrir sus penas. Aunque, a veces, nos olvidamos del valor que tiene el mero hecho de vivir, de estar vivos. El alpinismo, en este sentido, te pone en tu sitio, te ayuda a comprender el enorme regalo que es la vida.

–Habla de calcular riesgos para evitar la caída ¿Lo mismo se puede aplicar a pie llano?

–Cuanto más preparados estemos, mejor vamos a poder evitar los fracasos. A la vez, uno tiene que ser consciente de que las cosas pueden ir mal por circunstancias ajenas, que uno no controla. En la vida, como en el alpinismo, hay una parte importante del factor azar.

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