El Correo

Un suicida con pedigrí que tardó 13 años en encontrar sepultura en Vitoria

Imagen actual del cementerio de Santa Isabel de Vitoria, en el que no inhumaron a Gumersindo Aguirre.
Imagen actual del cementerio de Santa Isabel de Vitoria, en el que no inhumaron a Gumersindo Aguirre. / Igor Aizpuru
  • A Gumersindo Aguirre lo enterraron en 1867 en un pozo, alejado del cementerio de San Isabel por acabar con su vida

Estos días saltaba la noticia de que el cementerio de Santa Isabel de Vitoria había obtenido el tercer premio en la categoría de 'Mejor historia documentada' en el concurso 'Cementerios de España 2016'. Este certamen, organizado por la revista Adiós Cultural, había valorado y estudiado un total de 68 propuestas correspondientes a 36 camposantos de España.

En el caso de Vitoria, Santa Isabel fue seleccionado como finalista en dos categorías: las de 'Mejor monumento' y 'Mejor historia documentada'. Finalmente, logró el tercer premio en esta última categoría, por lo que recibirá una placa de reconocimiento.

La historia presentada al concurso no tiene desperdicio. Y es una de tantas de las que guarda este extraordinario camposanto.

El documento presentado por el Ayuntamiento cuenta lo siguiente.

«El 17 de febrero de 1880, sin ceremonias ni rezos y con la presencia de los representantes del municipio y la Guardia Civil, al fín encontró descanso en el camposanto de Santa Isabel el cuerpo de Gumersindo Aguirre en la zona reservada a los no católicos. El 24 de enero de 1867 se había suicidado en su casa-palacio y después de cuatro días de intensas negociaciones entre el Ayuntamiento, el gobernador civil y autoridades con el Obispado no se consiguió el permiso para su entierro en el camposanto.

Ante lo notorio del suicidio, y quizás para dar ejemplo por la categoría aristocrática del difunto, no permitieron su inhumación en el cementerio de Santa Isabel. Prohibieron asimismo la realización de ceremonia, recordatorio o cualquier tipo de honras fúnebres y misas por el difunto. Suicidarse era el peor pecado que podía cometer el ser humano. Ante la imposibilidad de realizar el entierro en sagrado y dado que en estas fechas aún no existía una zona para los que murieran fuera de la religión católica se optó por buscar un lugar ‘profano, decente y seguro’. El lugar elegido fue un depósito de aguas para uso de los bomberos en la calle Cercas Bajas. Un sótano de unos cuatro metros de lado en cuyo centro había un pozo. En uno de los laterales se procedió a la inhumación a la una de la mañana con la asistencia de un par de testigos, el médico titular y los operarios encargados de la tarea. Pronto la idoneidad de esta elección fue puesta en duda, en concreto cuando tuvo lugar un incendio en la zona y los bomberos no pudieron usar el depósito.

Por todo ello, una vez reservada una zona en el camposanto para los fuera de la religión católica sus restos se trasladaron con el mayor decoro pero sin ninguna ceremonia. No tuvo tanta suerte Eleanor Hudson, que fue enterrada en 1865 en el jardín de la fábrica de Gas por su condición de protestante y quizás allí siga bajo las edificaciones más recientes».

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