El Correo

Asalta dos comercios en Judimendi y Aranbizkarra y sólo se lleva 12 euros

Una de las tiendas asaltadas.
Una de las tiendas asaltadas. / Igor Aizpuru
  • La Ertzaintza busca a un delincuente habitual que causó graves daños materiales y se jugó el tipo al acceder por los pequeños huecos de las lunas que rompió

«Aún no termino de comprender cómo se ha colado por un hueco tan pequeño y no se ha cortado». Una minorista observaba atónita ayer el minúsculo boquete abierto en el escaparate de su tienda, en el corazón de Aranbizkarra. Apenas había espacio para que se colara un niño o alguien muy flexible. Y esto sin contar los trozos astillados del borde, auténticas cuchillas de cristal. Pese a ello, un ladrón un poco chapuzas entró en el local de madrugada. Venía de dar en Judimendi otro golpe similar. En método y pésimo resultado.

En esa primera tienda quebró la luna de la puerta principal con algún objeto contundente. Al parecer, pudo valerse de la tapa de una alcantarilla cercana y que ayer brillaba por su ausencia.

Accedió, sin un rasguño, por un agujero de apenas cuarenta centímetros de ancho por cincuenta de largo. Revolvió la caja registradora. «Nunca dejamos nada, salvo algo de calderilla. Calculo que se habrá llevado doce euros como máximo», relataba la responsable de este pequeño negocio de alimentación. El desconocido no tocó ningún producto almacenado.

Otro tema son los daños materiales. «Te sientes impotente. Estás todo el día trabajando para que te den estos sustos», compartía apesadumbrada esta comerciante. «Me ha avisado la Ertzaintza hacia las 3.30 horas. Vaya susto». Para su alivio, los destrozos correrán a cargo de su seguro.

Apenas media hora después, este mismo ladrón supuestamente actuó a un kilómetro de distancia. Eligió otra tienda de alimentación. Hizo un agujero en la fachada más apartada de la calle principal. Por ahí se coló.

«He pasado miedo»

Se supone que fue directo a la caja registradora. Pero saltó la alarma y tuvo que salir a la carrera. En su atropellada salida dejó varias huellas dactilares. En el mostrador y en un cristal. «Está muy claro a por lo que venía porque no ha tocado nada del género», aseveraba una de las dependientas, rodeada de productos de primera calidad.

«Vivo muy cerca y he pasado bastante miedo, hasta que no he visto que estaba el coche patrulla no me he atrevido a bajar», agregaba su compañera. El botín obtenido en este asalto ascendió a la sorprendente cifra de «cero euros». «No se ha llevado nada de dinero porque simplemente no dejamos nunca nada». Los daños materiales, sin embargo, también son cuantiosos.

La Ertzaintza busca a este sujeto desde entonces. Al sonar la alarma, varias patrullas peinaron el barrio en su busca. El caco aprovechó la oscuridad para desaparecer. No contaba con que las huellas halladas le ponen nombre y cara. Fuentes policiales consultadas por EL CORREO deslizan que será «cuestión de tiempo dar con él».

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