El Correo

«El político, si es serio, tiene que ser poeta»

Gordillo defiende que «el amor es revolucionario».
Gordillo defiende que «el amor es revolucionario». / Rafa Gutiérrez
  • Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda y líder sindical, presenta en Vitoria ‘Las cárceles y otros poemas’, una obra de alto contenido social en la que se reivindica como antisistema

Gasta una barba rala y una de esas miradas que cuesta sostener más de dos segundos seguidos, pero que él parece tener entrenada para hacer frente a cualquiera. Hasta, casi, llegar a intimidar. Juan Manuel Sánchez Gordillo, el líder sindicalista azote de los señoritos con gomina, el alcalde de esa utopía andaluza encalada en blanco nuclear y empapada en puro rojo, el terror de los ‘mercadonas’ y ‘los carrefures’ se plantó ayer en Vitoria –sin palestino– para presentar ‘Las cárceles y otros poemas’ (Atrapasueños), un personalísimo poemario que no entiende de métrica. Pura anarquía. Como él.

–¿Es usted más peligroso con un verso o con un carrito de la compra?

–Ja, ja, ja. No lo sé. ¡Con las dos cosas lo soy! Creo que este orden establecido hay que subvertirlo. Llamarse antisistema no tendría que ser tomado como un insulto, ni tener miedo a utilizarlo para que te voten más o menos. Hay que ser claro y directo. Entonces, nos parecía una locura que, con la necesidad que hay, se tiraran productos a la basura. Por eso sacamos unos carritos del supermercado, para dárselos a los que no tenían nada.

–¿Se siente más político, sindicalista, activista o poeta?

–Todo eso. El político, si es serio, tiene que ser poeta. El sindicalista, si es serio, tiene que ser poeta. La poesía es darle pan al que no tiene, casa al que la necesita y dignidad y libertad a quien la reclama.

–Cuenta que empezó a escribir a los 14 años. ¿Cómo respiraban aquellos primeros poemas?

–Estaban sacados de la experiencia que estaba teniendo en los barrios pobres de Sevilla, de los jornaleros sin tierra, en los barrios marginales. Eran un grito desesperado frente al silencio de los que no tienen oído

–¿Ya de tan joven tenía tal conciencia social?

–Siempre me he movido por razones sociales. He sido sindicalista antes que político y, cuando he sido político, he sido más sindicalista que político. Y, antes que todo eso, estaba la poesía, que es una forma de compromiso con todo eso que estaba viviendo, frente a esas realidades tan duras. Ver cómo un padre con diez hijos lo echan de su empresa...

–Escribe: «Tuve que lamer los pies al señorito a los nueve años, que me dio como premio un mendrugo de pan y su asco».

–Es terrible, ¿eh? Pero es así. Los abusos de los años atrás... y sigue siendo así todavía, sólo que ahora con más miel y apariencia. El poco pan y el salmorejo que nos daban por un trabajo de sol a sol sabía a mucha amargura.

–¿Está resentido?

–No tengo ningún sentimiento de odio a nadie. Yo creo en el amor como capacidad para pensar en la libertad y en la dignidad del otro. El amor es revolucionario, el odio sólo consume al que odia. Pero sí que hay que tomar partido con todas las consecuencias. Aunque, a veces, te aplasten.

–«No tienen alma, pero tampoco sentimientos», dice sobre la policía. Mucho amor no se percibe.

–Pero con eso sólo quería constatar una realidad. Nunca he visto a la Guardia Civil corriendo detrás de un terrateniente, ni de un banquero, ni del FMI.

–En el poemario aparecen varias referencias a la religión. ¿Se confiesa creyente?

–Creo en Cristo como un adelantado a su tiempo, un utópico. Su mensaje profundo no se ha llegado a practicar, ni siquiera por los propios cristianos. Si lo fueran de verdad, no hubiera aparecido ni Marx, ni el socialismo, ni el comunismo. Bastaba con que se entendiera que el otro es tu hermano y que no puedes permitir que pase hambre o no tengo casa.

–Su santísima trinidad es Cristo, Gandhi y el Ché. ¿Cuáles son sus influencias como poeta?

–Me gusta Miguel Hernández, Blas de Otero, Lorca, Nicolás Guillén...

–¿Cómo lleva la técnica?

–No la cuido. Escribo lo que me sale y no rectifico. Nunca quito ni cambio un renglón para que parezca más bonito. Trato de que el sentimiento no tenga límites.

–¿Qué rima con Podemos?

–(Esboza una sonrisa con picardía). Parece que con Ganemos y con... –tiene que pensar– ‘seamos el sustituto de los que se llamaron progresistas pero nunca lo fueron’.

–¿Los mismos que ahora están para pocas poesías?

–Yo creo que se lo merecen. El Partido Socialista Obrero Español nunca fue socialista ni obrero, si acaso español. No creo que el PSOE sea menos de derechas que el PP. Obedecen a los mismos principios.

«Soltar sentimientos»

–Cada verso de su libro parece impregnado en pura política. ¿Tanto le cuesta abstraerse?

–Es que la política es la vida. Aunque uno no sea de un partido, hace política desde que se levanta hasta que se cuesta. O estás a favor de uno, o de otro.

–¿Y no se puede permanecer en el medio, en el centro?

–¡Eso es imposible! Todo el mundo tiene una inclinación. Cuando echan a alguien de su casa, no puedes ser indiferente. Si lo eres, eres cómplice. La neutralidad no existe en la vida porque, en el fondo, es complicidad.

–¿Qué pretende con este poemario?

–Yo escribo para soltar sentimientos, no busco nada más.

–¿Tampoco adoctrinar, ni influir en el lector?

–No. Cada uno lo lee y opta. Hacía falta que los débiles tuvieran voz, que alguien contara la verdad, aunque sea dura y contradictoria.

–¿Cuántas contradicciones caben en las páginas de su obra?

–No lo sé, habrá un ‘puñao’...

–¿Y en su vida?

–Yo trato de vivir igual que hablo, igual de lo que predico. Aunque, a veces, sea difícil porque vivimos en una sociedad de consumo, que te llama a hacer cosas diferentes a las que tú quieres.

–Dice que el «porvenir se conquista». ¿Cómo pretende hacerlo? ¿Con versos? ¿Con votos? ¿A palo limpio?

–Con versos, con votos y desde la movilización. Creo que los palos los da el sistema. Y si tú optas por la violencia, más violencia tienen ellos.

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