El Correo

«Me sentía mal al ver las llamas»

Uno de los contenedores supuestamente incendiados por el joven arrestado ayer
Uno de los contenedores supuestamente incendiados por el joven arrestado ayer / Rafa Gutiérrez
  • Un joven detenido por la Policía Local asume la quema de varios contenedores

Apenas duró una hora el dispositivo desplegado ayer por la Policía Local. Agentes pertenecientes a la Unidad de Investigación y a las patrullas de turno habían tomado Zaramaga de forma discreta. Apostados en lugares estratégicos detectaron a un posible sospechoso. Vecinos habían aportado una vaga descripción tras dos jornadas consecutivas de quema de contenedores en la calle Cuadrilla de Vitoria. El desconocido coincidía a la perfección con el perfil buscado.

Faltaban diez minutos para las ocho de la mañana. Observaron cómo el joven se acercó a un depósito de papel. Sacó un mechero. Lo encendió, quemó algo –parece que un papel– y lo introdujo dentro. Era el pirómano. Los guardias se identificaron y le arrestaron. Los propios policías se encargaron de evitar la propagación de las llamas con extintores. Más tarde, esta tarea fue concluida por los bomberos.

Trasladado a la comisaría de Aguirrelanda, enseguida quedó claro que no se trataba del clásico pirómano o de un delincuente al uso. El chico, de 27 años, sufre lo que los agentes interpretaron como una aparente deficiencia mental. Desde el primer contacto, admitió sin titubeo alguno su autoría. En el ataque de ayer, en el del martes y en otro más, según ha sabido este periódico.

«Sí, lo hice yo», reconoció en varias ocasiones. ¿La supuesta razón de su ilógico proceder?Fuentes consultadas deslizan que tan sólo acertó a decir que le «gusta ver el fuego». Eso sí, de inmediato mostró arrepentimiento. Tras prender los depósitos de reciclaje, aguardaba en la lejanía para observar cómo se consumían. Alegó en su defensa que «me sentía mal al ver las llamas».

Este cargo de conciencia y su particular perfil provocan cierto desconcierto. Porque hasta este año no hay constancia de ataques similares por su parte. Él tampoco acertó a describir ninguna causa concreta de su conducta, más allá de esa reciente querencia por las llamas.

Camino del trabajo

La elección de Zaramaga como escenario sí tiene respuesta. Los contenedores quemados se hallan de cerca de la parada donde coge el autobús para ir al trabajo. Vamos, que le pillaban de camino. En la tarde de ayer, la Guardia urbana le dejó en libertad con cargos. Ahora, el caso pasará al Palacio de Justicia, donde se determinará su grado de responsabilidad.

En principio, el Ayuntamiento presentará en breve una lista de los daños presuntamente causados por este joven con las facultades mentales aparentemente afectadas. «En la hipótesis de que no estuviera en su sano juicio y fuera declarado culpable, sus tutores legales afrontarían el pago siempre que se probara culpa o negligencia por su parte».

Sólo esta semana habría calcinado media docena de contenedores. También quedaron afectados un par de coches aparcados y un árbol.

El último precedente de estas características en Vitoria data de 2014. Entonces, el Juzgado de lo Penal 2 condenó a otro joven al abono de cerca de 15.000 euros por la quema de una decena de contenedores. Este encausado eludió el ingreso en la cárcel al pactar el pago de los daños causados. El Ayuntamiento le cargó también las salidas de los bomberos.

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