El Correo

Reciclamos mucho pero... ¿lo hacemos bien?

Una mujer tira una bolsa llena de envases a un depósito amarillo sin asa levantando la tapa.
Una mujer tira una bolsa llena de envases a un depósito amarillo sin asa levantando la tapa. / J. Mingueza
  • Vitoria retira las asas de los depósitos amarillos para dificultar que los usuarios introduzcan residuos que no son plásticos ni envases

«A la tapa del contenedor amarillo de mi calle le falta el asa. Por favor, cámbienlo». Reclamaciones vecinales de este tipo se acumulan en el Ayuntamiento desde hace meses. Numerosos residentes acostumbrados a levantar la cubierta gracias al asidero se han visto obligados a utilizar las reducidas bocas de los depósitos. Así que tienen tres opciones: utilizar bolsas más pequeñas, sacar los artículos y tirarlos uno a uno o, si no quieren pasar por el aro, levantar la lámina de plástico por la fuerza y lanzarlo todo de golpe. La tercera opción, la favorita de muchos, no está al alcance de personas mayores o con problemas de movilidad. Y tampoco es la más cívica.

Lo que muchos ciudadanos desconocen es que, por extraño que parezca, ha sido el propio Consistorio quien ha ordenado retirar las asas, que empezaron a desatornillarse de forma progresiva en junio del año pasado. ¿La razón? Que los depósitos amarillos no se usan adecuadamente en todos los casos, ya sea por equivocación, escasa conciencia ambiental o simple comodidad. Estos contenedores están dedicados a envases, pero en su interior «han aparecido hasta cazuelas», ha admitido esta semana el concejal de Medio Ambiente, Iñaki Prusilla, quien confirmó a preguntas de Podemos la preocupación del Gabinete Urtaran por esta cuestión.

El edil ha ensalzado que Vitoria tiene los índices de reciclaje «más altos del Estado» desde hace años, aunque agrega que el porcentaje de lo que los técnicos llaman desechos ‘impropios’ también es «mayor al deseado». Así que se han quitado los asideros y, según los datos de los técnicos municipales, los residuos inapropiados han caído «un 7%».

La decisión de eliminar las asas está directamente relacionada con otra cuestión que supera las competencias municipales. Existe un convenio firmado en 1998 entre el Gobierno vasco y Ecoembes –la organización nacional que gestiona los residuos de los depósitos amarillos (envases) y azules (papel y cartón)– al que el Ayuntamiento se adhiere. Como consecuencia de este acuerdo, Ecoembes se encarga de la compra de los contenedores, de su colocación, recogida y tratamiento. Pero al renovar este documento en julio de 2014 se especificó que estos contenedores deberían ser «de tapa cerrada» y con bocas de tamaño limitado que redujeran el porcentaje de ‘impropios’.

A ello se suma una cuestión clave para las arcas municipales. Ecoembes analiza lo recogido de forma periódica y paga una cantidad al Ayuntamiento en función de la cantidad y la calidad de los residuos, dos factores que se calculan tras aplicar una complicada fórmula matemática.

Campaña informativa

Quizá para no confundir el espíritu ‘green’ con la acuciante necesidad de ingresos del Departamento de Hacienda, el concejal de Medio Ambiente centra su discurso en la necesidad de concienciar a la ciudadanía –ha llegado a sugerir la puesta en marcha de una campaña informativa– para evitar que «la población deje de reciclar si se ponen demasiados condicionantes». La mejor manera de utilizar el contenedor amarillo, dice, «sería tirando envase por envase, y eso parece complicado».

Los contenedores amarillos están destinados a botellas de plástico o botes de detergente, latas, tetrabriks, bolsas de plástico o envases de yogures. Por el contrario, en ellos no pueden tirarse juguetes, envoltorios sucios de alimentos, botes con restos de disolventes, pinturas, pegamentos o barnices, vidrio ni madera.