El Correo

Un 'altar' para Antonio en General Álava

Un hombre observa la fotografía que ocupa el lugar donde Antonio se sentaba.
Un hombre observa la fotografía que ocupa el lugar donde Antonio se sentaba. / Igor Aizpuru
  • Vecinos y viandantes recuerdan con fotos, flores y cartas a este hombre que «no pedía nada» y «repartía cariño y 'buenos días'»

Quienes hayan recorrido General Álava durante los últimos días se habrán encontrado con un pequeño ‘altar’ en recuerdo de Antonio. Fotografías, cartas, flores e incluso velas han recordado a este hombre que desde hace años pasaba buena parte del día sentado en el peldaño del restaurante italiano –cerrado hace tiempo– del número 6 de esta céntrica calle. «En memoria de Antonio, quien falleció el 16-09-16 en su casa de muerte natural», reza uno de los escritos.

Su mujer, sus amigos y sus compañeros de piso le recuerdan como un hombre «humilde, trabajador, honesto, respetuoso y si le pedías algo te lo daba». Pero otros como Lorea, una vecina de General Álava, lamentan no haberle preguntado más por su vida o su familia. «Es una lástima. Era una gran persona. Un hombre que repartía cariño entre todo el mundo y te daba los ‘buenos días’ o deseaba que pasases una ‘jornada perfecta’. Mi perro se alegraba cuando le veía porque sabía que Antonio le iba a recibir con caricias e incluso con un trozo de pan», relata emocionada.

«Cientos de personas pasaban el día rozando casi sus pies, unos corriendo por llegar al trabajo, otros ensimismados con el móvil y el resto simplemente lo veía pero no le miraba. Los que tuvimos la suerte de conocerle recibimos a cambio el mejor regalo: su sonrisa», asegura Lorea, quien destaca que no se le podía considerar un mendigo porque «nunca pedía nada».

Las mañanas lluviosas

Con su gorro de lana negro, unos vaqueros claros, una bolsa azul y una «amplia sonrisa» acudía todos los días a la misma hora al peldaño del antiguo restaurante. «Habitualmente circulamos por las calles de nuestra ciudad mirándonos la punta de nuestros zapatos, aferrados a posesiones y sillones de los que nos cuesta demasiado desprendernos. Si levantamos la mirada encontraremos a cientos de ‘Antonios’ y quizá volveremos a tener un buen día», añade esta vitoriana.

Muchos se han parado frente a este improvisado ‘altar’ en la última semana. Algunos le recordarán, pero otros ni siquiera les sonará aunque sean habituales de esta zona. Eso sí, su recuerdo ha quedado grabado en la memoria de unos cuantos. «Antonio: gracias por alegrarnos nuestras mañanas lluviosas, aunque tuvieras los pies mojados», subraya Lorea.