El Correo

Un detenido en Vitoria en la desarticulación de una despiadada banda de trata de blancas de Ibiza

Estado del piso de 30 metros en el que vivían presas 17 de las liberadas
Estado del piso de 30 metros en el que vivían presas 17 de las liberadas / Policía Nacional
  • La Policía Nacional ha liberado a 21 mujeres nigerianas, una de 16 años, que vivían hacinadas y obligadas a prostituirse en una operación que se ha saldado con 23 arrestos en 9 provincias españolas

La crueldad humana no tiene límite. La Policía Nacional ha desarticulado una banda liderada por mujeres que obligaba a jóvenes nigerianas a prostituirse en las calle de Ibiza. Una de las cabecillas -también nigerianas- llegó a esconderse en un campo de refugiados de Múnich cuando escapó al intuir que la estaban vigilando.

La operación, que se ha saldado con 23 detenidos -uno de ellos en Vitoria-, ha servido para liberar a 21 mujeres víctimas de la trata, que vivían hacinadas en un pequeño piso de 30 metros cuadrados. Una de las jóvenes obligada a prostituirse por la deuda contraída en su viaje a España a través de Marruecos, y por el miedo a los ritos de vudú que realizaban las prosentetas, tenía solo 16 años.

Según relata el cuerpo policial en una nota de prensa, la organización estaba perfectamente estructurada, siendo sus principales pilares dos mujeres absolutamente especializadas en la trata y explotación sexual de ciudadanas nigerianas, actividad a la que llevaban dedicándose desde hacía mucho tiempo, adoptando numerosas medidas de seguridad a fin de evitar ser detectadas por la Policía. Ambas mujeres compartían tanto infraestructura como logística, alojando a las víctimas que explotaban cada una de ellas en los mismos pisos y utilizando a las mismas personas tanto para controlarlas, como para trasladarlas a las diferentes localidades donde eran obligadas a ejercer la prostitución. Con el fin de maximizar los beneficios obtenidos, los traslados de las víctimas por todo el territorio nacional eran frecuentes, especialmente a las provincias de Madrid y Castellón durante el invierno y, en verano, a zonas turísticas, principalmente a Ibiza.

Vudú como contrato

El "modus operandi" de la organización consistía en la captación de mujeres muy jóvenes y procedentes de los suburbios más pobres de las principales ciudades nigerianas, mediante falsas ofertas de trabajo bien remunerado en Europa, ofertas que, dadas las condiciones en las que estaban viviendo, no podían rechazar. Una vez aceptaban las ofertas, las víctimas eran sometidas a rituales de vudú, mediante los que adquirían una especie de contrato de fidelidad con la red, siendo amenazadas con toda clase de males, incluso la muerte, tanto ellas como sus familiares en caso de incumplimiento. Dichos rituales eran practicados obligatoriamente en presencia de un familiar directo de las víctimas. Otra forma de conseguir víctimas era comprándolas a otras organizaciones en Libia o, incluso, durante el trayecto desde Nigeria.

Las víctimas eran obligadas a trabajar en la calle todos los días de la semana, con independencia de las inclemencias climatológicas o de su estado de salud, en jornadas maratonianas de hasta 14 horas y no podían regresar al piso hasta que no hubieran ganado el dinero que la organización las exigía, cantidades que llegaban hasta los 1.000 euros por noche. Si regresaban sin haber recaudado suficiente dinero, eran castigadas por los controladores, que las obligaban a ponerse de rodillas durante horas, golpeándolas con palos de fregonas y de escobas de barrer.

A pesar de las cantidades de dinero que proporcionaban a la organización, las víctimas vivían en las más precarias condiciones de habitabilidad y salubridad, habiendo encontrado los agentes en el momento del registro hasta diecisiete mujeres compartiendo un piso de apenas 30 metros cuadrados. Trece de ellas eran víctimas, que dormían hacinadas en camas de 90 cm, que compartían entre tres y cuatro chicas cada una.

Supreme Eiye Confraternity

En cuanto a los demás integrantes de la organización, cabe destacar que cinco de los detenidos en España eran miembros de la Supreme Eiye Confraternity, organización surgida a finales de los 60 en la Universidad nigeriana de Ibadan, fuertemente asentada en toda Europa y formada exclusivamente por varones nigerianos. Cuenta con una estructura totalmente jerárquica y piramidal, se organiza en capítulos y se rige por una estricta disciplina interna, sometiendo a quienes quieren formar parte de la misma a estrictas ceremonias de iniciación. Tanto en España como en el resto de Europa son varias las operaciones policiales que se han llevado a cabo contra miembros de dicha organización que se dedica principalmente a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, favorecimiento de la inmigración clandestina, secuestros, estafas...

Los enormes beneficios obtenidos de la explotación de las víctimas eran trasladados desde Ibiza por medio de otras mujeres, miembros también de la organización, que viajaban frecuentemente a Madrid, donde entregaban el efectivo a otros miembros que, a su vez, se encargaban de enviarlo a Nigeria evadiendo las medidas de control establecidas, donde quedaba en manos de las responsables. Con el fin de justificar ingresos, la organización disponía de un bar en la localidad madrileña de Fuenlabrada que, además de para dar apariencia de legalidad al dinero obtenido de la explotación de las víctimas, se utilizaba como lugar de reunión de los miembros de la Supreme Eiye Confraternity y para la explotación sexual de alguna mujer dependiente de los mismos