El Correo

Vitoria celebra su tradicional romería de Olárizu

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El calor no fue problema para disfrutar de la multitudinaria romería / Rafa Gutiérrez

  • Miles de ciudadanos acudieron a la tradicional romería, con mayor afluencia por la tarde, para disfrutar de la fiesta bajo un sol de justicia

Gorras, helados, gafas oscuras e incluso paraguas para protegerse de los rayos solares se convirtieron ayer en unos protagonistas más de la tradicional romería de Olárizu. Costó un buen rato que la gente, refugiada en las escasas sombras de la campa, se animara a salir a bailar al son de las canciones populares interpretadas por el grupo Haitzama, encargado de amenizar la tarde festiva. Algunos de los más jóvenes fueron los primeros ‘valientes’ que se atrevieron a mover el esqueleto cuando el mercurio superaba los 30 grados.

Mientras, los pequeños de la casa se divertían en la zona infantil, una especie de paraíso de los castillos hinchables en los que se podía elegir entre saltar con los personajes de Mario Bross y Bob Esponja, encajar unos cuantos goles o introducirse en el cuerpo de Gargantúa. Al lado, un espacio de minigolf y los juegos de astucia pusieron en ebullición la mente de más de uno. Eduardo, que acudió a la romería con su hijo pequeño Tomás, incluso tuvo que echar una carrera campo a través con el niño cargado a hombros para escapar de los siempre temidos cabezudos. «Solemos venir todos los años a pasar la tarde. Nos hemos tomado un helado, hemos ido a los hinchables y en un ratito volveremos para casa», apuntaba ya bajo la sombra de un árbol.

2.000 raciones de alubias

En plena campaña electoral también se pasearon por las campas el lehendakari, Iñigo Urkullu, el diputado general, Ramiro González y el alcalde, Gorka Urtaran. Unos metros más adelante, en la entrada, estaba aparcado el ‘food truck’ de gildas de Alfonso Alonso. Sin embargo, los que más expectación levantaron fueron Aker y el Zorro Babazorro, que no pararon de hacerse fotos con los aficionados. Las autofotos o ‘selfis’ llegaron incluso hasta lo más alto de la cucaña, en la que muchos adolescentes quisieron dejar constancia del heroico momento.

También como heroica podría calificarse la subida por un camino sin apenas sombras a la cruz, ubicada en la cumbre del cerro, a 709 metros de altura. Los que ascendieron hasta la cima pudieron disfrutar de una prueba del Campeonato de Álava de aizkolaris por parejas y de una exhibición de levantamiento de piedra. Felipe fue uno de los que llegaron hasta lo más alto y lo hizo a lomos de su bicicleta, eso sí, a primera hora de la mañana. «No suelo subir hasta arriba. Hoy -por ayer- lo he hecho porque era un día especial, pero un poco más de entrenamiento no me hubiera venido mal», bromeaba mientras observaba la interminable cola para hacerse con un plato de alubias.

Los que esperaron su turno con paciencia pudieron probar a partir de las doce y media del mediodía las deseadas pintas alavesas, acompañadas de un trozo de pan, un vasito de vino y café. «Este año hemos cocinado cien kilos con cincuenta de sacramentos y unos treinta de verduras, que se las añadimos trituradas. Repartiremos cerca de 2.000 raciones, án divididas en nueve cazuelas», detallaba Berna Santidrián, miembro de la sociedad de Abetxuko Gure Zadorra y vicepresidente de Boilur, la encargada de organizar la gran alubiada. «La gente repite dos y tres veces, algunos incluso vienen con ‘tuppers’ para rellenar. El año pasado contamos a una persona que pasó siete veces», añadía entre risas y cucharón en mano.

Rosquillas y suceso

No faltaron tampoco las rosquillas anisadas típicas de Olárizu, que compartían espacio a la entrada de la campa con pasteles vascos, bizcochos, verduras, conservas, barquillos, almendras garrapiñadas o gominolas. «La gente viene directamente a por ellas, de año en año. Es lo que mejor se vende. Yo antes venía desde Amorebieta con mis abuelos, luego con mis padres y ahora con mi hermano. A ver qué tal van las ventas con este calor...», compartía David, uno de los vendedores.

Precisamente las altas temperaturas dieron algún susto en las campas. Un hombre de unos 70 años tuvo que ser atendido por la Cruz Roja y trasladado a un centro hospitalario. Algunos testigos apuntaban que por un problema de corazón.