El Correo

Fruto de sol, de aire y de salinero

Juan Ignacio Lasagabaster fue nombrado caballero de la Comunidad de Herederos de las Salinas de Añana.
Juan Ignacio Lasagabaster fue nombrado caballero de la Comunidad de Herederos de las Salinas de Añana. / Foto Quintas
  • Salinas de Añana celebró la Fiesta del Entroje, un recuerdo a los días en que se recogía la cosecha y se guardaba en el almacén

El entroje consiste en cosechar, recoger los frutos y depositarlos en un almacén. En Salinas de Añana recuperaron hace seis años la fiesta ligada a una actividad que aún recuerdan muchos vecinos. «El sol, el viento y el salinero que la remueve, son los artífices de la sal», decían ayer. La llamada al trabajo se inició con un bando de la Comunidad de Caballeros Herederos de las Salinas de Añana, cuyo legado gestiona la sociedad Gelsaltza. El diputado general de Álava, Ramiro González, y la diputada foral de Cultura, Igone Martínez de Luna, también participaron en el acto, en el que una treintena de personas, vestidas de azul, se agrupó en la plaza acudiendo a la llamada. Antes de iniciar la jornada se les decía «dónde había que trabajar y para quien habían que sacar la sal», explicó Valentín Angulo, presidente de Gatzagak.

Un trago de albillo, un vino dulce elaborado con las uvas residuales y maduras de txakoli con unas galletas puso en marcha a las dos tandas. Una trabajó en las salinas más alejadas del almacén. La otra más cerca. En el Valle Salado eligieron a los medidores. «Hombre buenos que controlaban que la sal no estuviera muy apelmazada ni hueca».

Como se trataba de una jornada de recuerdo, las dos cuadrillas realizaron un solo viaje, cargadas de sacos de yute llenos de sal, «pero lo habitual era que se hicieran diez viajes diarios, cinco por la mañana desde la parte más alejada de las salinas y otros cinco por la tarde desde la zona más cercana», explicaron .

El esfuerzo no era baladí. Eran unos 50 kilos de peso, que las mujeres cargaban sobre la cabeza y los hombres sobre los hombros. Por eso la demostración de ayer no fue más que un paseo. Cuando había que trabajar a pleno rendimiento, «la sal escurría, rozaba la ropa y la piel y era muy molesto», recordaban los lugareños.

Homenaje a Lasagabaster

La cosecha de este año ha sido fructífera porque se han recogido 125 toneladas de sal mineral, 20 de flor de sal, que ha supuesto duplicar la producción del año pasado, lo mismo que la de chuzos. Toda la oferta se ha quedado pequeña para atender la enorme demanda del producto gracias a las 37.341 visitas que se han producido durante el verano, «un millar más que el año pasado», según Andoni Erquiaga, director de la Fundación Vale Salado. «Han aumentado más los turistas de origen francés debido quizá a la emisión de un programa en la televisión francesa y a la presencia del Valle Salado en una guía turística de Euskadi y Aquitania», añadió, satisfecho.

La jornada incluyó un emocionado homenaje de los salineros a Juan Ignacio Lasagabaster Gómez, arquitecto que ha promovido la restauración de las estructuras de las salinas. Fue nombrado caballero de la Comunidad de Herederos, «porque sin ti, no hubiéramos podido ver este momento». Los salineros le entregaron la capa de caballero, la makila de mando, la txapela de honor y el sello validador que reconoce los fueros de la localidad.

Hubo además exhibición de danzas y típicas y cantos tradicionales de Salinas. «La vida del salinero es muy triste de contar: todo el día trabajando y no ganamos un real», rezaba una jota. Después, cobro de jornal y concurso de tomates.