El Correo

Padres denuncian a un colegio de Vitoria por no evitar el acoso escolar a su hijo

Vista del acceso al colegio vitoriano denunciado por los padres de un alumno.
Vista del acceso al colegio vitoriano denunciado por los padres de un alumno. / Rafa Gutiérrez
  • Los progenitores del menor, diagnosticado de estrés post-traumático, recurren a la Justicia al entender que el centro vitoriano «no ha tomado las medidas necesarias» para resolver la situación

Los padres de un alumno del colegio Nazareth-Salesianas han emprendido acciones legales contra ese centro concertado al considerar que «no se están tomando las medidas necesarias» para atajar el posible acoso escolar que sufre su hijo desde hace meses. Según ha podido saber EL CORREO, los demandantes sostienen que la escuela ha hecho «dejadez de sus funciones», al no interponer los mecanismos adecuados para impedir el ‘bullying’ que padece el menor. El niño, estudiante de Primaria, fue diagnosticado de estrés postraumático y sigue bajo tratamiento psicológico.

Según se desprende de la denuncia, interpuesta ante el juzgado de guardia de Vitoria, el caso de este menor está suponiendo un drama para la familia, que ha decidido acudir a los tribunales tras «no hallar soluciones» para atajar el problema en la vía extrajudicial. Los progenitores habían optado hasta ahora por actuar con «prudencia», manteniéndose «al margen para dejar trabajar a los profesionales», al depositar su «confianza» y el «bienestar» de su vástago en el colegio, en los especialistas que le han tratado, así como en la Unidad de Inspección de la delegación territorial de Educación en Álava. Agregan, sin embargo, que en vista de la «delicada» situación y «todo el sufrimiento» que lleva acumulado se ven en la «obligación de hacérselo saber a las autoridades» para que pongan «los medios adecuados y necesarios» para resolver el caso. También ha influido el que los padres perciban que se les está «desacreditando» ante la comunidad educativa al objeto de «salvaguardar» la imagen del colegio.

La dirección del centro se limitó ayer a señalar que no tiene constancia de que se haya interpuesto denuncia alguna contra la escuela, ya que no han recibido «ninguna notificación». Y aseguró que «no le consta» que haya un caso de ‘bullying’ en sus aulas. Agregó, además, que ese tipo de asuntos se «canalizan a través de la delegación territorial».

A este respecto, un portavoz de Educación confirmó que la pasada semana los padres solicitaron por escrito la intervención del departamento; por lo que «se dio cuenta a la Inspección y se activó el protocolo contra el acoso escolar». Ayer, la familia fue recibida en las dependencias de la delegación. Y, hace unos días, los padres se reunieron con una inspectora, a la que entregaron las pruebas peritadas por los médicos.

Los progenitores percibieron que algo no iba bien el curso pasado cuando su hijo empezó a sufrir las primeras burlas y a recibir algún golpe. Con el arranque del nuevo año académico, la situación se fue «agravando». El pequeño empezó a poner excusas para no asistir a clase y, cada vez que iba al colegio, lo hacía «llorando y nervioso», como consta en la denuncia. Un día, los padres descubrieron «moratones» y «arañazos» en su cuerpo, pero desconocían su origen, ya que el niño no quería hablar de ello.

Burlas, insultos y golpes

No fue hasta octubre de 2015 cuando el menor fue capaz de verbalizar lo que le ocurría. Se confesó ante su médico de cabecera, que advirtió que su paciente -al que conoce desde su nacimiento- presentaba «un comportamiento raro, poco habitual». Fue así cómo el niño comenzó a explicar el acoso que sufría prácticamente a diario en el colegio: que varios compañeros le insultaban, se burlaban de él y algunos le golpeaban y mordían. El pequeño y su familia pasaron consulta en la Unidad de Psiquiatría Infantil (UPI), donde se les informó de que era necesario poner los hechos en conocimiento del centro para que se establecieran los protocolos fijados para estos casos.

Mientras tanto, los síntomas que presentaba el pequeño, que seguía dando pretextos para no ir al colegio hasta decir en más de una ocasión que se quería «morir», se hicieron más evidentes. Como queda recogido en la denuncia, aparecieron tics faciales, se mordía las uñas hasta hacerse heridas y mordisqueaba los lapiceros. Los especialistas que le trataron le diagnosticaron un estrés postraumático que incluso le «bloqueó» una rodilla, impidiendo que corriera con normalidad.

Toda la situación se puso en conocimiento de la Inspección de Educación. Y la familia remitió una carta a la dirección del colegio donde relataba la situación y solicitaba «vigilancia y atención a los comportamientos denunciados por su hijo para que no sucedan de nuevo». Desde entonces, la escuela ha abierto dos protocolos de acoso. El primero, en noviembre. Y el segundo en febrero, después de que al niño un día «casi le arrancan la oreja de un mordisco». El centro dio por cerrado ambos procesos. Al parecer, alegó que no había «encontrado nada que pueda llevar a pensar que nuestro hijo sufra acoso», aunque el niño seguía volviendo «con golpes y rasguños».