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Sesenta años de Vitoria "calidade"

Gallegos afincados en Vitoria celebran el 60 aniversario del centro gallego
Gallegos afincados en Vitoria celebran el 60 aniversario del centro gallego / El Correo
  • El centro gallego, el primer hogar regional que abrió sus puertas en la ciudad, celebra hoy su 60 aniversario con el lehendakari Urkullu y el presidente gallego Núñez Feijóo

A lo largo de los años, la histórica emigración gallega ha caminado de la mano de otro fenómeno. Aquellos miles de hombres y mujeres que tuvieron que abandonar su tierra, ya fuera por razones económicas, laborales o políticas, fueron los artífices del nacimiento de asociaciones, "irmandades", centros regionales y casas de Galicia que les servían no sólo como punto de encuentro, sino como un lugar donde se sentían protegidos frente a las dificultades que les pudieran surgir en su nuevo hogar y, cómo no, donde también conservar sus raíces.

En 1955, la cada vez más numerosa colonia "galega" en Álava decidió dar un paso al frente y fundó el Centro Gallego de Vitoria, la primera casa regional que abrió sus puertas en Vitoria. La entidad celebrará este jueves, 14 de abril, uno de los actos centrales de su sesenta aniversario; y lo hará en compañía del lehendakari Iñigo Urkullu y Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia. Ambos visitarán su flamante sede, ubicada en la calle Gernikako Arbola junto a la andaluza y la asturiana, para inaugurar un cruceiro situado en los jardines «en honor a los emigrantes gallegos de Vitoria-Gasteiz».

Con el propósito de hablar del pasado, el presente y el futuro de este "Centro Galego", EL CORREO se reunió con cuatro de sus socios y con Manuel López Doamo, su cabeza visible desde 2012. Éstas son sus impresiones.

Avelino Vilas Cao

«Al principio, pagaba 15 pesetas al mes de cuota»

Mucho ha llovido desde que Avelino Vilas Cao, de 77 años, llegó a Vitoria. Su desembarco se produjo en marzo de 1958. Aquí tenía a su hermano, que estaba haciendo el servicio militar. «Me convenció para que viniera y, al final, resulta que él regresó y yo me quedé a vivir», recuerda. Este oriundo de Touro, localidad cercana a Santiago de Compostela, y casado con una alavesa recuerda aquellos primeros tiempos.

«La necesidad de ayudar a los gallegos que recalaban en la ciudad hizo que la gente empezara a reunirse. Primero fue en el bar Americano, en la calle Olaguíbel», evoca. Allí, se ofrecía trabajo a los recién llegados y se les orientaba también para buscar una casa, al tiempo que se iba tejiendo una red social que les facilitaba la adaptación a su nueva vida.

Aquel lugar se quedó pequeño y el grupo trasladó sus reuniones al bar Villarreal, en La Paz. En septiembre de 1955, se constituyó la Asociación Centro Gallego en Álava, que se trasladó al número 89 de la Cuchillería. Avelino conoció aquella primera sede y la segunda, situada en Manuel Díaz de Arcaya desde 1961. «Mi carné de socio es de 1958. Entonces, pagaba 15 pesetas al mes de cuota. Recuerdo que cobraba 8 pesetas a la hora trabajando en la construcción, donde coincidí con muchos paisanos», rememora.

Manuel Rodríguez Suárez

"Muchos han logrado aquí olvidarse de la morriña"

Otro de los veteranos es Manuel Rodríguez Suárez, de 70 años y natural de Allariz (Ourense). Desde allí emigró al País Vasco allá por 1962. Eibar, donde recaló su padre para trabajar en la obra, fue su primera parada y también el sitio al que regresó tras hacer la "mili" en El Aaiún, en el Sahara Occidental. Ya en 1974, se mudó a Vitoria. Aunque él no ha sido de frecuentar hasta hace unos pocos años el centro gallego, reconoce la «importante labor» que ha desarrollado. «Muchos han logrado aquí olvidarse de la morriña. Es un punto de referencia para todos».

Vicente Touzón

«La gente tenía necesidad de juntarse y hablar»

Esa nostalgia que causa el estar lejos de casa estaba muy presente en aquella casa regional. «Funcionaba como un centro social. Influía mucho la necesidad de la gente de juntarse y charlar de sus cosas en su propia lengua y así olvidarse un poco de la tristeza que sentían al echar en falta su tierra, a su familia o amigos», destaca Vicente Touzón, de 69 años y natural de Courel (Lugo).

Llegó a la capital vasca «de rebote», ya que en 1962 sus padres marcharon a Francia. «Antes de recalar en Vitoria, estudié en Monforte y en Bilbao, donde hice Ingeniería Técnica», detalla. Tiempo después, se casó con una alavesa, trabajó en Foronda y, tras dejar el aeródromo, se recicló para dedicarse a la enseñanza. Ha escrito un par de libros y también coordina los contenidos de Raiola, revista que editan y de la que se imprimen mil ejemplares.

Julio Rodríguez

«Nos sentimos en casa, es un lugar acogedor»

Desde Boimorto, la localidad natal de la cantante coruñesa Luz Casal, partió Julio Rodríguez cuando tenía 17 años. Ahora, con 65 primaveras, recuerda sus primeras incursiones laborales. «Yo era carpintero, sabía hacer muebles, pero a través de un amigo mío, que era encofrador, empecé a trabajar en la construcción», relata en un marcado acento gallego. Él ya lleva veinticuatro años en la junta directiva, tiempo en el que ha visto la evolución del centro y un hito: «la edificación de la actual sede que, desde 1999, nos ha permitido dar un gran salto; dar a conocer mejor nuestra gastronomía y ampliar las actividades culturales. Aquí nos sentimos en casa. Es un lugar acogedor», enfatiza.

Manuel López Doamo

«Nuestras puertas están abiertas a todo el mundo»

Hijo de gallegos, Manuel López Doamo es el único de los cinco natural de Vitoria. Es el octavo presidente en la historia del Centro Gallego, «el mayor de España y, probablemente, de Europa, construido sobre un solar de mil metros cuadrados», se enorgullece, antes de «agradecer» el «gran apoyo que siempre nos han dado todas las instituciones», apostilla. En la actualidad, hay unos seis mil gallegos empadronados en la ciudad. Ellos cuentan con cerca de 500 asociados, agrupados en 200 familias. «Y tenemos socios escoceses que tocan la gaita –añade–. Nuestras puertas están abiertas a todo el mundo. Les invitamos a que vengan, conozcan este centro sociocultural y disfruten de nuestra gastronomía con productos "Galicia calidade". La comida permite estrechar lazos y es un buen punto de partida para ver todo lo que tenemos en común vascos y gallegos», sostiene.