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¿Por qué las cigüeñas se quedan cada vez más tiempo en Álava?

Un nutrido grupo de cigüeñas, en Gardélegui.
Un nutrido grupo de cigüeñas, en Gardélegui. / Mikel Arrazola
  • La prohibición de dañar sus nidos bajo pena de cárcel, las suaves temperaturas del invierno y la presencia de comida modifican sus hábitos migratorios: el refrán de «por San Blas...» ha dejado de tener sentido, porque están aquí ya casi todo el año

El refrán «Por San Blas (ayer), la cigüeña verás» está empezando a dejar de tener sentido en Álava. Para comprobarlo basta con acudir a Salburua para admirarlas en directo o, sin ir tan lejos, mirar por la ventana cualquier día del año, también en invierno, para confirmar, jornada tras jornada, que las cigüeñas se han empadronado en Vitoria. El trayecto habitual de un gran grupo de ellas, entre Gardélegui, donde comen, y los humedales de Salburua o Ullíbarri, donde pernoctan, es fácilmente reconocible por la trayectoria de sus vuelos, con algunas paradas incluidas en los tejados de los barrios sureños de la capital alavesa. También están muy presentes en el casco medieval, donde anidan varias parejas en la torre de San Vicente, y en otras iglesias de la Llanada Alavesa.

Si hasta hace pocos años esta ave migratoria volvía por estas fechas a estas latitudes para criar y pasar la primavera y parte del verano, ahora la cigüeña blanca, en vez de volar a África para pasar el invierno, se queda en el territorio durante todo el año, donde las temperaturas se mantienen cálidas, según informa SEO/BirdLife.

Así lo confirman las 50 cigüeñas marcadas en el Programa Migra de SEO/BirdLife que este invierno no se han marchado hasta el Sahel africano a pasar la temporada fría. Esta organización ha indicado que hay un número creciente de ejemplares que prefiere permanecer en España todo el año y no solo porque hace menos frío sino sobre todo porque, según los técnicos de SEO/BirdLife, tienen abundancia de alimento durante todo el año.

Una tercera explicación, y no menos importante, es que según la legislación vigente, está prohibida, bajo pena de cárcel, la destrucción de los nidos de esta especie protegida, con el objetivo de asegurar que las aves puedan reproducirse en condiciones óptimas, lo que facilita su cría, explica esta ONG.

SEO/Birdlife comenzó en 2012 a anillar cigüeñas blancas con GPS en La Rioja y Álava, para conocer sus movimientos migratorios y sus vuelos de cercanía en busca de alimentos. Gracias a ese marcaje, es posible seguir los vuelos de estas aves casi en directo a través de Internet (wwww.migracionesdeaves.org).

Varias cigüeñas anidan en la torre de San Vicente de Vitoria.

Varias cigüeñas anidan en la torre de San Vicente de Vitoria. / Igor Aizpuru

¿El fin de las migraciones a África?

Esta ONG ha recordado que hace medio siglo la cigüeña blanca invernaba principalmente en África y su llegada desde las remotas tierras africanas, hacia San Blas (3 de febrero) marcaba el inicio de la primavera para muchas personas. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha detectado un importante cambio en su conducta migratoria, de modo que cada vez más cigüeñas europeas pasan el invierno en la Península Ibérica.

Los expertos señalan que entre las razones está la nueva fuente de alimentación que las cigüeñas han encontrado en arrozales y basureros. Ello les permite permanecer en España en invierno sin tener que viajar al continente africano y afrontar el peligroso vuelo transahariano, donde muchas perecen, como le sucedió a la alavesa Mikaela.

Según esta organización, muchos ejemplares adultos se quedan en España a pasar el invierno, algunas en su propio territorio, cerca del nido durante todo el año, mientras que otras hacen migraciones cortas, a unos 50 o 100 kilómetros de su nido donde pasan los meses fríos. El resto realiza una migración un poco más larga, de varios cientos de kilómetros, atravesando la península ibérica, pero sin abandonarla. Es el caso de la cigüeña Felicia, marcada en 2013 en la isla de Orenin, en el embalse de Ullíbarri, y que en los tres últimos inviernos, lo más al Sur que ha viajado ha sido a la Comunidad de Madrid.

Por ello, SEO/Birdlife concluye que la mayoría de los adultos se quedan en España, mientras que «buena parte» de los jóvenes continúa volando a África, lo que quiere decir que «han aprendido a adaptarse a las condiciones que les ofrece el medio y, entre ellas, a los nuevos ambientes y fuentes de alimentación que les proporciona el hombre».

Cigüeñas de vertedero

Esta organización ha marcado en total medio centenar de cigüeñas, cinco de ellas en Álava. También en Cáceres, Ciudad Real, Huelva, Huesca, La Rioja, León, Lugo, Madrid y Sevilla. Varias de ellas como Mikaela o Yerga se definieron como migradoras de larga distancia, aunque ambas perecieron en las desérticas tierras africanas.

Según relata la ONG, la cigüeña Blas se marcó el 17 de mayo de 2012 en Pinilla del Valle (Madrid). Inverna habitualmente en el sur de Madrid a unos 70 kilómetros de su nido. Durante el invierno se alimenta en el vertedero de Valdemingómez y duerme en las graveras de El Porcal (Rivas-Vaciamadrid).

Mientras, Juan, fue marcada el 14 de marzo de 2013 en Malpartida de Cáceres e inverna en Doñana, a unos 265 kilómetros de su nido. Por su parte, Mari Cruz, fue marcada el 6 de mayo de 2013 en Ciudad Real y es migradora de corta distancia. Pasa los meses más fríos en los arrozales de Doñana, a unos 250 kilómetros de su nido.

Una distancia mayor recorre Alba, que se marcó el 30 de mayo de 2013 cerca de León y migra hasta el vertedero de Rabat, en Marruecos, a unos 1.000 kilómetros de su nido, aunque el año anterior, en 2013, se quedó a pasar el invierno en el sur de la Península, en los vertederos de Medina Sidonia y Benalup-Casas Viejas, en Cádiz.

También Felicia, marcada el 4 de junio de 2013 en la isla de Orenin, cerca de Vitoria (Álava), es migradora de corta distancia. Inverna habitualmente en el sur de Madrid, a unos 300 kilómetros de su nido y se alimenta en el vertedero de Valdemingómez y duerme en las graveras de El Porcal (Rivas-Vaciamadrid).

Por su parte, Violeta fue marcada el 19 de junio de 2013 en Binaced (Huesca) y migra a muy corta distancia, ya que habitualmente hiberna en Lérida, en el vertedero de Montoliu a tan solo 50 kilómetros de su nido. Durante el invierno vuelve a su nido en Huesca cada cierto tiempo.

Otra de las cigüeñas con nombre propio, Picopelucho, fue marcada el 20 de junio de 2015, cuando todavía era un pollo, en Puebla del Río (Sevilla). Este ejemplar abandonó su lugar de nacimiento e inverna en el África subsahariana, en concreto, en el Sahel de Mali, a 2.500 kilómetros de su nido.

Denuncias por destrucción de nidos

Por otro lado, SEO/Birdlife ha identificado y llegado a denunciar múltiples casos de destrucción o retirada indebida de nidos, incluso con huevos o pollos en su interior, hechos que pueden vulnerar la normativa ambiental y poner en riesgo a las aves pues, según la legislación vigente, los nidos de esta especie deben permanecer intactos para asegurar que puedan reproducirse en condiciones óptimas.

La organización recuerda que en torno a estas fechas arranca la época reproductora de la cigüeña, que se inicia con el cortejo de las parejas y la construcción del nido, y que acabará a mediados del verano, cuando la última cría haya abandonado su lugar de nacimiento. «La época reproductora es un periodo fundamental para la conservación de especies protegidas, como la cigüeña, y así queda reflejado en la normativa», explica el técnico de SEO/BirdLife Nicolás López, en alusión a la Directiva de Aves.

«La retirada de nidos sólo se puede autorizar de forma justificada, después de haber cumplido una serie de criterios estrictos y únicamente si no existe una alternativa satisfactoria. En todo caso, las autorizaciones, que conceden los órganos competentes de las comunidades autónomas o sus delegaciones territoriales, deben respetar el periodo de cría de las cigüeñas», apostilla. Aunque SEO/BirdLife lamenta que las retiradas inadecuadas persistan, valora los casos de entidades municipales y autonómicas que implementan procesos para preservar la nidificación de las cigüeñas.