El Correo

El resurgir de abastos

La renovada plaza de Abastos ha alcanzado el millón de visitantes en apenas diez meses.
La renovada plaza de Abastos ha alcanzado el millón de visitantes en apenas diez meses. / Rafa Gutierrez
  • El mercado alcanza el millón de visitantes en apenas diez meses. El equipo de arquitectos que ha dirigido su reforma explica las claves de este ambicioso proyecto

La plaza de Abastos llamó a las puertas del siglo XXI en una situación muy delicada. El mercado, que se inauguró el 13 de enero de 1975 en su actual emplazamiento de la calle Jesús Guridi, caía en barrena. Había pasado de tener ocupados todos sus puestos, a mediados de los años ochenta, a ver cómo un tercio de los comerciantes cerró en los noventa, tiempo en el que fracasó su primer plan privatizador. Al final, el grupo de minoristas que apostó por su supervivencia se hizo con la gestión del edificio municipal en 1997. Fue cuando decidieron testar fórmulas para que el recinto siguiera abierto.

No fue una tarea sencilla. La plaza presentaba fuertes síntomas de debilidad y declive. El inmueble tenía en desuso más del 60% de sus 104 puestos y allá por 2008 sólo funcionaban 35 tiendas. A los ‘supervivientes’ no les tocó otra que unirse en la adversidad para intentar salir de ese estado comatoso. Así fue como firmaron un acuerdo para que se conectara el inmueble con el parking de El Corte Inglés y se instalaran en la planta baja nuevos negocios y un supermercado. Consiguieron también que se acometieran tímidas mejoras en el inmueble hasta que en abril de 2012 el consejo de administración de la plaza de Abastos rubricó un acuerdo con Baika.

Este grupo empresarial vitoriano, dedicado a la promoción y gestión integral de proyectos comerciales, ha liderado con una inversión cercana a los diez millones de euros la operación para que el mercado recobrara su antiguo esplendor. "El proyecto ofrecía una excelente conjunción. Dos visiones comerciales distintas, la de un operador mayorista como El Corte Inglés y la aportada por los minoristas, se unían y se complementaban para recuperar un entorno y un espacio urbano muy singular. Al final, se apostó por reinterpretar, con una lectura contemporánea, un recinto comercial que languidecía", razona Avelino Fernández de Quincoces, que trabajó como asesor del grupo Baika en esta operación.

Aquel acuerdo entre minoristas y promotores privados supuso un antes y un después para Abastos. Así, tras obtener la licencia urbanística, en julio de 2013 arrancó su ambiciosa remodelación. Una decidida apuesta por reinventarse que, cual ave fénix, le ha permitido resurgir de sus propias cenizas. Y lo ha logrado, además, en medio de una de las peores crisis económicas de la historia.

El emblemático mercado vitoriano luce ahora un rostro más lozano, un diseño moderno y elegante, cuenta con nuevos inquilinos y tiene ante sí la complicada misión de transformarse en el motor comercial que revitalice el desangelado centro de Vitoria. Ante este ilusionante desafío, ya ha obtenido unos primeros resultados que animan a todos los implicados a encarar el futuro con optimismo. En apenas diez meses -hasta el 27 de septiembre-, se ha contabilizado la afluencia de 1.032.208 personas. A alcanzar esta cifra mágica ha contribuido la apertura de los ocho gastrobares y de la terraza panorámica del ático con sus diez ‘ecopuestos’. En esa segunda planta es donde EL CORREO se ha reunido esta semana con los cuatro miembros del equipo de arquitectos que han capitaneado el proyecto de reforma.

El grupo lo forman Javier Bárcena, Raquel Mielgo y Luis Zufiaur -procedentes del mismo estudio-, que han contado en esta ocasión con la colaboración de José Antonio Barroso. El cuarteto no oculta su "orgullo" por el resultado final, ni tampoco esconde la "satisfacción" que les provoca la buena acogida que el remozado recinto ha tenido entre los minoristas y el conjunto de los vitorianos. "Siempre es complicado que valoren tu trabajo en casa, pero teníamos la confianza absoluta de que gustaría. Además, la labor de los comerciantes está siendo perfecta", subrayó Luis Zufiaur.

A su juicio, el "éxito" de esta propuesta pone de manifiesto que "ahora que se apuesta tanto por consumir lo local, también hay que apoyar más" a los arquitectos alaveses. "Tanto las instituciones como la iniciativa privada deberían confiar más en la gente de aquí porque hay muy buenos profesionales", deslizan.

Los mercados de San Miguel, en Madrid, y La Boquería, en Barcelona, han sido buenos espejos donde se ha mirado Abastos para afrontar su renovación. Una reforma que estos profesionales califican como uno de los proyectos "más bonitos" de su vida. "Pocas veces se presenta la ocasión de intervenir en un lugar céntrico, con tanta carga simbólica y tan especial para una ciudad como es su mercado, donde se concentra la actividad diaria y cotidiana", apunta Javier Bárcena.

La envolvente caja de cristal

El hecho de que el recinto aspire a ser el "revulsivo" definitivo que revitalice el centro, tras el traslado de las oficinas de la Seguridad Social a Lakuabizkarra y las del Ayuntamiento a San Martín, es otro de los factores que les atrapó. Y eso que el punto de salida era un reto. "Partíamos de un edificio obsoleto, semivacío, con la estructura apuntalada... era un lugar decadente. La única forma de hacerlo viable era agrupar a todos los tenderos a ras de calle, en la zona noble, y liberar toda la primera planta para que la sección de deportes de El Corte Inglés actuara como principal ‘gancho’ comercial del complejo; mientras que el sótano lo ocupó el supermercado BM, que también ha ganado espacio", destaca José Antonio Barroso.

La vieja plaza, obra del arquitecto municipal Ángel Esteve, era un claro ejemplo de arquitectura brutalista, con su estructura llevada al extremo. El tener que mantener ese esqueleto original de hormigón fue uno de los condicionantes del proyecto. "Envolvimos el edificio existente en una caja de cristal -con pasillos de circulación- que destaca por su luminosidad y transparencia. Se desplazó el núcleo de comunicación -la rampa mecánica que une las plantas- hacia un lateral. Y se proyectó una cubierta vegetal transitable, a la que se puede acceder desde el exterior, por las escaleras o mediante el ascensor panorámico. Y, además, el mercado tiene ahora un porche. Es una propuesta muy radical respecto a lo que había, que permite al edificio dialogar con la ciudad. La nueva plaza envejecerá bien", resume Bárcena.

Materiales nobles

Acometer semejante transformación provocó más de un quebradero de cabeza a arquitectos, obreros y comerciantes. "La obra arrancó hace más de dos años. En ese tiempo, ha habido que sortear imprevistos pero el mercado apenas cerró treinta días para el traslado y adecuación de los puestos. La coordinación ha sido fundamental", dicen.

Eso sí, los autores del proyecto arquitectónico se han tenido que emplear a fondo para persuadir a los minoristas de la conveniencia de ciertas medidas. "Hubo discusiones porque algunos querían conservar la identidad de su puesto. Tuvimos que convencerles de que era necesario ofrecer una imagen homogénea para que el mercado ganara en presencia. Al final, no ha quedado un puesto malo. Todos han ganado en amplitud, luminosidad, mantienen su impronta y el edificio es más sostenible", se congratulan.

"Además, lo que diferencia a la buena arquitectura son las sutilezas y pinceladas", sostiene Bárcena. "Ahí merecen un capítulo especial los materiales nobles por los que hemos apostado -interviene Raquel Mielgo-. Como el vidrio, el acero, la madera de pino no trabajada, que recuerda a los antiguos embalajes de las mercancías, y el pavimento de cerámica", desgrana. Ese solado fue otro motivo de controversia, ya que algunos comerciantes pidieron que "el suelo tuviera brillo", pero "se les insistió que queríamos huir del concepto de supermercado: lo que hay aquí son puestos ‘delicatessen’", apostilla Barroso.

Todo ese esfuerzo e inversión han propiciado el renacimiento de Abastos, que tiene ocupados todos sus puestos. Ahora, incluso hay lista de espera para hacerse con un hueco libre. Eso sí, todas las partes implicadas en esta aventura sienten que falta la guinda del pastel. "El resultado es brillante, pero es un éxito incompleto, ya que queda pendiente la reforma de la plaza de Santa Bárbara", insiste Fernández de Quincoces. Los arquitectos ven clara la solución para recuperar este castigado espacio público enclavado en el centro de la ciudad. "Sólo hay que sanearla, limpiarla, eliminar las barreras arquitectónicas y colocar un buen pavimento para que sea una plaza pisable".